viernes, 2 de noviembre de 2007

La medicina en el cristianismo

La medicina, desde sus remotos orígenes, fue un oficio sagrado y una función sacerdotal. Pero sólo con el cristianismo logrará superar el sentido supersticioso-mágico que tuvo en los pueblos primitivos, alcanzando la plenitud de su significado religioso y espiritual.
Según nos refiere don Sergio Peña y Lillo, Jesús de Nazaret, en su vida pública, hizo dos cosas: enseñó su Evangelio y fue médico; mostró el camino de la redención del alma y venció la enfermedad del cuerpo y aun la muerte. Incluso, el propio Misterio Pascual -sentido último de la fe cristiana- puede estimarse como una suerte de medicina mística, ya que implica la restauración de esa herida sobrenatural del hombre que fue el Pecado Original. Pero Jesús -como señala acertadamente Bernard Tyrrell no mejoró enfermos sólo para mostrar su poder sobrenatural, ni siquiera por mera caridad o compasión. Lo hizo porque Él era la vida y, por lo mismo, su plenitud la que conlleva -necesariamente- la salud, la armonía anímico-organísmica y la felicidad.
Se ha dicho, desde esta perspectiva, que en los tres simbólicos regalos que los magos del Oriente le ofrecieron a Jesús recién nacido, ya estaba prefigurada su vocación de terapeuta: el oro para el rey; el incienso para el sacerdote y la mirra para el médico
El ilustrado Dr. Jorge Cárdenas Arévalo nos ilustra un pco mas respecto a la relación entre el cristianismo y la medicina:
"San Lucas era médico ...,posteriormente la fuerza espiritual de los santos y mártires se trasmite a través de las reliquias y posteriormente aparecieron los santos protectores, y los santos especialistas de patologías especiales. Desde entonces ya se consideraba deber cristiano atender a los enfermos con generosidad y amor al prójimo. El año 326 por el Edicto de Milán, cuando el Emperador Constantino declara el Cristianismo como religión oficial de Roma, se fundan Iglesias, monasterios, en donde la caridad para el doliente, la misión sanadora del cristianismo y la fe, es lo más importante. La asistencia por amor al enfermo, hace que los creyentes aumentaran rápidamente, así es como se funda el monasterio de Oriente por San Pacomio (292 – 348) donde se trataban enfermos, también se funda el hospital de Cesarea Capadocia por el obispo Basilio, conocida como la ciudad hospitalaria.

En Occidente, el Fundador de la Medicina Monástica fue San Benito de Nursia (480 – 547), funda el monasterio de Monte Cassino (529) donde se inicia la medicina monástica ; este monasterio tenía por regla obligatoria: "La Regula Benedicti" "Ora y trabaja en la asistencia de enfermos antes de todo y sobre todo", también San Benito de Nursia, fundó el monasterio de Subiaco, dedicado a San Cosme y San Damian, quienes en los años 300 , sufrieron la persecución de Dioclesiano, según la tradición cristiana, efectuaron el primer transplante de la historia de la medicina trasplantaron la pierna amputada de un hombre negro apenas muerto, a un hombre blanco con la pierna gangrenada, fueron los patronos protectores de médicos y boticarios.
En estos múltiples monasterios dedicados a la sanación, nace la necesidad de que los novicios y monjes tuvieran una preparación y conocimientos médicos, ya que desde Montecassino, atender un enfermo no solo era dar de comer o beber sino también aliviar sus dolores, medicarlos, curar sus enfermedades internas, las más difíciles de entender por falta de conocimientos médicos que no se podían improvisar, por lo que la enseñanza médica se instituye en los monasterios, para los novicios que querían seguir las obras de Cristo. Al inicio la asistencia médica se limitaba dentro del monasterio, posteriormente el monje – enfermero – médico,- sale a curar enfermos entre la población y en el campo. Entre los muchos méritos de aquellos monjes médicos cristianos, está el haber guardado, conservado, copiado y traducido antiguos códigos, textos y escritos de medicina, en sus celdas y en las bibliotecas, copiaban sobre pergamino con paciencia y pericia los textos de Galeno, Celso, Oribacio, Aureliano, Rufo de Efeso, los de Plinio, no sólo en un monasterio, sino en todos los monasterios, los religiosos tradujeron al latín, todos los conocimientos greco – latinos, destacando Cassiodoro "El Herudito", que fundó su monasterio en Calabria, donde se desarrolló una escuela médica –monástica, en Vivariun, se funda "El Scriptorium", aquí se rescataron, tradujeron y copiaron las obras de Hipócrates como la "Naturaleza Médica", a Dioscorides, Galeno y muchos otros, Cassiodoro escribió una Enciclopedia de Historia Natural.
Isidoro de Sevilla (560 – 636), Obispo, médico, escribió "Etymologierum Libri XX" recopila todo el saber de su época, sobre las artes y ciencias, sobre el cuerpo humano, dietética, en el se da un lugar destacado a la medicina, que debía ser enseñada en las escuelas, este libro constituía el Trivium (gramática – retórica y dialéctica), y el Cuadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía) además de la física y la medicina, tuvieron gran difusión y sirvieron como textos de enseñanza casi mil años, formando la triada clásica : La Dieta : modo de vida sana; La Pharmacia : doctrina de los medicamentos y La Chirugia : intervención quirúrgica con instrumentos. Isidoro destaca mucho la Tuitio o Profilaxis y la Restauratio Terapia y reclama que el médico debe conocer y cumplir tres misiones fundamentales en sus actuaciones: la Anamnesis es decir realizar el Praeterita Agnocere- estudiar el pasado del enfermo- hacer el diagnostico o conocer el presente: Praesentia Scire, y hacer el pronóstico : Futura Praevidere.
Nos escribe sobre el simbolismo cristiano y la musica. En esta época por amor a Cristo, se crearon tanto monasterios como numerosas instituciones para el cuidado de los enfermos. Así tenemos: Ifirmarium, para monjes enfermos; Ptochia, para cuidar a los pobres; Gerontochia, para cuidar a los ancianos; Xenodochia, para los extranjeros; Brephotrophia, . para los expositos ,Orphanotrophia para los huérfanos, Nosocomia, para los enfermos y Exinodochium Leprosorum, para los leprosos.

El nombre Hospital aparece recién en el siglo VIII por el Papa Esteban II. Santa Elena, madre de Constantino, en el año 330, fundó un hospital en Constantinopla, pero también a lo largo del Imperio de Occidente y del Imperio de Oriente, se fundan muchos hospitales.
El Cristianismo, pasa a ser el nexo cultural –religioso y médico entre Oriente y Occidente, lamentablemente las divisiones y disputas teológicas irreversibles, tuvieron gran influencia en la historia de la medicina.
Nestorio, patriarca de Constantinopla, a partir del Consilio de Efeso en el 431, fue destituído como Patriarca y expulsado a Antioquía en la Mesopotamia; Nestorio, hombre inteligente, formado también como médico, en su exilio fundó la escuela Médica de Edessa en Asiria y Mesopotamia; después los nestorianos (monjes – teólogos y médicos seguidores de Nestorio), se marcharon a Persia, llevándose todos los textos escritos, donde fundaron la Escuela Médica de Gondishapur, que floreció durante varios siglos con sus hospitales y donde se tradujeron los escritos griegos y antiguos al latín y al árabe, los nestorianos fueron los que más influyeron en la medicina Arabe.
Vemos pues como en Oriente y Occidente, los cristianos fueron los guardianes de los conocimientos desde los Sumerios, griegos, egipcios y romanos, los cuidaron, copiaron y tradujeron, y luego, los difundieron, para llegar hasta la actualidad en que todavía se estudian.
Aurelio Casiodoro, secretario de Teodorico El Grande, sacerdote, médico, recomendó los estudios de Hipócrates, Galeno, Dioscorides y Celio Aureliano, en los múltiples monasterios cristianos que se multiplicaron por Europa y Asia, especialmente en Inglaterra, Francia, España, Italia, la Germanía, donde se aseguró el predominio de la Medicina Monástica.
Alejandro de Tralles escribe varios libros sobre Patología y tratamiento de cada uno de los órganos y regiones corporales en su "Therapeutika" describe las enfermedades "De la cabeza a los pies".
Los monjes médicos son expertos en plantas medicinales muchas de las cuales se cultivaron en el propio monasterio, el primer escrito de medicina monacal es la "Farmacopea de Lorsch" (795), también
en el "Hortulus" obra de Walahfid se describe los,placeres y utilidad de las plantas desde Dioscorides, Plinio el Viejo hasta sus propios estudios sobre el valor de los vegetales también se relatan los estudios y cuidados del monje benedictino Rabano Mauro con su obra naturista "De Universo" sobre las plantas medicinales.
Hasta aquí la docta elucidación del doctor Cárdenas Arévalo.
Nos queda aquí acotar que para el conocimiento de la medicina espiritual nos resultara muy útil comprender el funcionamiento del mismo a partir de la percepción real de la sustancia y el don designado por el mismo Dios. Tal como decía Paracelso: "Aquel que puede curar enfermedades, es médico. Ni los emperadores, ni los papas, ni los colegios, ni las escuelas superiores pueden crear médicos, pueden conferir privilegios y hacer que una persona que no es médico aparezca como si lo fuera, puede darle permiso para matar, mas no pueden darle poder de sanar, no pueden hacerlo médico verdadero si no ha sido ya ordenado por Dios”. (Paracelso)

Por su parte el maestro nos explica: Para ser médico verdadero se necesita tener sabiduría. La palabra “uisdom” (sabiduría) se deriva de vid (ver) y de don (juicio) Aquí se alude a lo que se ve con los sentidos del alma y del INTIMO; a los juicios sabios, fundamentados en esas percepciones ultra-sensoriales, y no simples intelectualismos dogmáticos, a vanidosas suficiencias profesionales, ya en declinación y decrepitud.
¿Cómo puede llegar a la sabiduría aquel que no ha desarrollado la clarividencia? ¿Cómo puede ser médico de los demás aquél que no es médico de sí mismo? ¿Cómo puede sanar a los demás aquél que no está sano en su corazón?

La Maestra H. P. Blavatsky dice también con respecto a tan noble oficio: “Cuando aparecieron en la tierra hombres dotados de inteligencia superior, dejaron a este poder supremo (el intimo) obrar irresistiblemente, y de él aprendieron sus primeras lecciones. Todo lo que tuvieron que hacer, fue imitarlo, pero para reproducir los mismos efectos por un esfuerzo de voluntad individual, se hallaron obligados a desarrollar en su constitución humana un poder creativo (el Kundalini), llamado Kriyasakty en la fraseología oculta”.
Para ser médico es preciso el fuego del Espíritu Santo. Este fuego resulta de la transmutación de nuestras secreciones sexuales , a través de la castidad científica.
¿Cómo puede servir de vehículo de expresión para el “INTIMO’ aquel cuya alma está manchada por el amor al lucro y por la sed insaciable de fornicación?
El “INTIMO” en nosotros, es nuestro Maestro Interior, Dios, nuestro “Real Ser”, nuestro “Espíritu”, nuestro Yo Superior, nuestro Padre que está en secreto. El “INTIMO” es una llama inefable de la Gran Hoguera; Un fragmento del absoluto en nuestro corazón.
El “INTIMO” dentro de nosotros es aquel Ruach Elohim que según Moisés, labraba las aguas en el principio del mundo. El “INTIMO” es la “MONADA” de Carpócrates, el “DAIMON” de Sócrates, la Seidad de los tibetanos, el silencioso Gandarva o Músico Celeste de los Hindúes.
El “INTIMO” es nuestro Padre en nosotros, el Alma es el Hijo, y el Espíritu Santo es la fuerza sexual, llamada por los sabios védicos Kundalini, simbolizada en la culebra. Cuando el hombre ha desarrollado en su constitución humana ese poder del fuego, entonces es ya médico auténtico, ungido por Dios. De esta manera el “INTIMO” Divino se expresa a través del Ungido, y realiza asombrosas curaciones.
Un hombre puede haber estudiado teóricamente el organismo humano y sus enfermedades, pero esto no quiere decir que tenga el poder de sanar, porque nadie puede recibir este poder de los hombres, sino de Dios.

Por toda esta comprensión divina de la inminente relación de la salud del alma y del cuerpo físico, los sabios médicos de la antiguedad no vacilaron en dilucidar sus consonancias:

Para San Beda el Venerable (ca.675 -735).La creación es la historia de la luz que se expande en la naturaleza, que culmina en el sol, como “cabeza” del cosmos. El hombre por su parte es el sol del microcosmos, al constituir la suprema joya de todos los seres vivientes. La persona sana brilla en el “Lumen Corporis” y la enfermedad solo es el resplandor empañado. Es el precursor de la escolástica de la edad media. (Cristo es la luz que ilumina al hombre, el Sol mismo dentro del humano, y el pecado (ego) la causa de la enfermedad y la muerte. Por esto Cristo es el médico de los médicos).
Para Bamberg (ca. 800) La enfermedad puede ser beneficiosa para el hombre, cuando abre sus endurecidos sentidos, y la salud peligrosa que invariable le incita a cometer nuevas y continuas rebeldías. Recomienda cuidar el cuerpo, mientras la última decisión sobre la salud y la enfermedad corresponde a Dios.
La Escuela de Chartres es un centro importante entre los siglos X y XII. Fulberto de Chartres escribe a su discípulo Hildegario: “ Mantén limpia tu imaginación porque la limpieza del pensamiento permite ahuyentar aquellos trastornos de ánimo producidos por indisposición corporal” El ego (el yo pecador) es en sí mismo la causa de la enfermedad y de la muerte.

Sin embargo, mientras alcanzamos el don divino de la auténtica curación, debemos servirnos de la sabiduría y la caridad para obrar el bien en la salud del prójimo y de nosotros mismos, porque bien dice la palabra.

35 Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;
36 Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.
37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?
38 ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?
39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?
40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.
(Mateo XXV, 35-40).