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martes, 8 de diciembre de 2009

Cristología Gnóstica: El Cristo Místico

Ya nos acercamos a ese aspecto más profundo de la historia del Cristo que le da su más positiva influencia sobre los humanos corazones. Ya nos acercamos a esa vida eterna que brota de manantial invisible, y cuya espléndida corriente de tal modo envuelve a su representante, que deslumbra a los mortales y los agolpa en torno suyo, antes dispuestos a repeler aún los mismos hechos históricos, que a rechazar una verdad que como esencia de la vida superior intuitivamente reconocen. Nos acercamos al sagrado recinto de los Misterios, donde levantaremos una punta del velo que oculta el santuario.
Hemos visto que retrocediendo a la antigüedad cuan lejos es posible, siempre encontramos reconocida en todas partes la existencia de una enseñanza oculta, de una doctrina secreta transmitida por los Maestros de Sabiduría en condiciones rigurosas y ceñidas a candidatos aprobados. Eran estos candidatos iniciados en "Los Misterios", nombre que en la antigüedad comprendía, según hemos visto, lo más espiritual de la religión, lo más profundo de la filosofía, lo más valioso de la ciencia. Por estos Misterios pasaron todos los grandes Instructores de los tiempos antiguos, entre los cuales eran los más grandes los Hierofantes. Los que se dieron a la luz del mundo para hablar del Universo invisible, atravesaron antes el portal de la Iniciación y aprendieron allí el secreto de los Santos Seres de sus propios labios; todos ellos vinieron acompañados de la misma historia de la cual son versiones los mitos solares, idénticos en sus rasgos esenciales, y distintos sólo en el color local.
Esta historia es en su origen la del descenso del Logos a la materia; y el Dios Sol es su símbolo propio, puesto que el Sol es su Cuerpo, por lo que con frecuencia se le señala como "Aquel que mora en el Sol". Bajo cierto aspecto, el Cristo de los Misterios es el Logos que desciende a la materia, siendo el gran Mito del Sol la enseñanza popular de esta verdad sublime. Como en los casos anteriores, el Divino Maestro que trajo la Antigua Sabiduría y la publicó de nuevo en el mundo, fue considerado como una manifestación especial del Logos, y así fueron sucesivamente aplicadas al Jesús de las Iglesias las narraciones pertenecientes a este gran Ser; de este modo vino a quedar identificado en el lenguaje cristiano, con la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Logos o la palabra de Dios (1) , y los acontecimientos salientes referidos en el mito del Dios Sol, vinieron a ser los acontecimientos salientes de la historia de Jesús, considerado como la Divinidad encarnada, el "Cristo mítico". Y así como en el macrocosmo, o sea el Cosmos, el Cristo de los Misterios representa al Logos, o Segunda Persona de la Trinidad, así también en el microcosmo, o sea el individuo humano, representa el segundo aspecto del Espíritu Divino en el hombre; por donde en éste se le llame "el Cristo" (2) . El segundo aspecto del Cristo de los Misterios es, pues, la vida del Iniciado, la vida en que se entra a la gran Iniciación primera; durante ella, el Cristo nace en el hombre, y más tarde se desarrolla en él. Para comprender esto mejor, se hace preciso examinar las condiciones que al candidato a la Iniciación se imponen, y estudiar además la naturaleza del Espíritu del hombre.
Sólo aquéllos podían considerarse candidatos a la Iniciación que fuesen ya buenos, según entienden la bondad los hombres, conforme a la medida estricta de la ley. Puros, santos, sin mancha, libres de pecado, su vida sin trasgresión, eran frases empleadas para señalarlos (3). Debían también ser inteligentes, tener bien desarrollado su entendimiento y ser bien educados (4). La evolución realizada en el mundo, una vida tras otra, por el desarrollo y amaestramiento de los poderes mentales, de las emociones y del sentido moral, por las enseñanzas adquiridas de las religiones esotéricas, por el cumplimiento de los deberes y por el esfuerzo hecho para ayudar y elevar a los demás, cosa ésta perteneciente a la vida ordinaria del hombre que está en curso de desenvolverse. Cuando todo esto se ha logrado, el hombre se ha hecho "un hombre bueno" –el Chrîstos de los griegos- y todo esto ha de alcanzar, antes que pueda ser el Christos, el Ungido. Después que ha llegado al colmo de la vida buena exotérica, está a punto de ser candidato a la esotérica, y entonces comienza a prepararse para la Iniciación, mediante el cumplimiento de determinadas condiciones.
Estas condiciones señalan los términos de los atributos que debe adquirir, y en tanto trabaja para darles vida, va andando por el Sendero Probatorio, que así suele llamarse el Sendero que conduce a la "Puerta Estrecha", más allá de la cual está el "Camino Angosto" o "'Sendero de Santidad": el "Camino de la Cruz". No es indispensable que lleve a la perfección el desarrollo de estos atributos, pero sí que haya hecho ciertos progresos en todos ellos, para que el Cristo pueda nacer en él. Tiene que preparar una morada pura para el Divino Niño que en él ha de desarrollarse.
De estos atributos, mentales y morales todos, es el primero el Discernimiento; significa esto que el aspirante debe poner por obra el apartar en su mente lo Eterno de lo Temporal, lo Real de lo Ilusorio, lo Verdadero de lo Falso, lo Celestial de lo Terreno. "Las cosas que se ven son temporales" -dice el Apóstol- "mas las cosas que no se ven son eternas" (5). Viven los hombres constantemente sometidos al espejismo de lo que se ve, el cual los ciega para lo que no se ve. El aspirante debe aprender a distinguirlos, de modo que lo que para el mundo no es real, sea real para él, y lo que es real para el mundo, le aparezca ilusorio; pues sólo así es posible "andar por fe, no por vista" (6). Y así también debe el hombre llegar a ser uno de aquellos a quienes señalaba el Apóstol como de edad cumplida, aquellos, "que, por la costumbre, tienen ya los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal" (7). Seguidamente este sentido de la falta de realidad ha de producir en él Disgusto por lo ilusorio y pasajero, meras cortezas de la vida, impropias para satisfacer el hambre, a no ser el hambre de los cerdos (8).
Esta etapa del desarrollo se halla enérgicamente presentada por Jesús con su lenguaje enfático, encaminado a impresionar vivamente el ánimo de su auditorio, en estas palabras: "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo" (9). Dura es, en verdad, esta sentencia, y, sin embargo, de semejante aborrecimiento, traído al discurso como antítesis de los afectos egoístas y exclusivos, tales como los entiende el mundo, ignorante de la Unidad Suprema que todo lo funde en un afecto único y sumo, habrá de surgir un día un amor más profundo y verdadero; etapa es ésta ineludible en el camino hacia la "Puerta Estrecha". Luego el aspirante debe adquirir el Dominio de sus pensamientos, lo que le llevará al Dominio de sus acciones, pues para el ojo interno es el pensamiento lo mismo que la acción: "Cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya adulteró con ella su corazón" (10). También ha de lograr el Sufrimiento, pues los que aspiran a andar "el Camino de la Cruz", tienen que afrontar penalidades amargas y duraderas, y deben apercibirse para sostenerse en ellas "como viendo al invisible" (11).
A esto añadirá la Tolerancia, si quiere ser hijo del Padre "que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos el Equilibrio descrito por el Apóstol (12). Finalmente, debe adquirir la Fe, para la cual nada hay imposible (13). Además, debe sólo buscar “las cosas de arriba” (14) y aspirar con ansia a la bienaventuranza de la visión de Dios y de su unión con El (15).
El hombre que ha logrado estas cualidades en su carácter, es tenido por apto para la Iniciación, y entonces los Guardianes de los Misterios le abren la Puerta Estrecha. Así, y sólo así, logrará ser el candidato dispuesto. Ahora bien; el Espíritu que en el hombre mora, es don de la Suprema Deidad, que en sí contiene los tres aspectos de la Vida Divina (Inteligencia, Amor, Voluntad), por ser imagen de Dios. A medida que evoluciona, desarrolla en primer lugar el aspecto Inteligencia, esto es, desarrolla el intelecto, lo cual se verifica, en la vida ordinaria del mundo.
Realizado esto en alto grado, y unido al desarrollo moral, se eleva el hombre a la condición de candidato. El segundo aspecto del Espíritu es Amor, y su evolución es la evolución del Cristo. Este desarrollo se obtiene en los Misterios verdaderos; la vida del discípulo constituye el Drama del Misterio, y las Grandes Iniciaciones señalan sus diversos actos. Para mostrar los Misterios en el plano físico, se acostumbraba representarlos de un modo dramático, ajustándose las ceremonias, bajo muchos respectos, "al modelo" siempre seguido "en la Montaña", como sombras de las grandiosas Realidades del mundo espiritual: única cosa perceptible en tiempos degenerados.
Es, pues, doble el concepto del Cristo Místico: el Logos, la Segunda Persona de la Trinidad en su descenso a la materia, y el Amor, o el segundo aspecto del Espíritu Divino desarrollándose en el hombre. El uno representa procesos cósmicos que han tenido lugar en el pasado: es la raíz del Mito Solar. El otro representa un proceso que se realiza en el individuo, la etapa final de su evolución humana: es el origen de muchos de los pormenores del Mito. Ambos contribuyeron a las narraciones evangélicas, y juntos constituyen la Imagen del "Cristo Místico".
Consideremos primero al Cristo Cósmico, la Divinidad envuelta en materia, la encarnación del Logos, el Dios hecho carne. Cuando la materia que había de formar nuestro sistema solar fue separada del océano infinito de materia que llena el espacio, la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, vertió su vida en ella para animarla y, en su consecuencia, hacerla apta para ser modelada. Esta función, o sea el agregarle y el darle forma, corresponde a la vida del Logos, la Segunda Persona de la Trinidad, la cual se sacrificó, imponiéndose las limitaciones de la materia, y constituyéndose en el "Hombre Celeste", en cuyo Cuerpo todas las formas existen, como partes integrantes suyas. Esta era la historia cósmica mostrada en los misterios a modo de drama -se entiende en los verdaderos Misterios, donde se representa conforme ocurrió en el espacio, pues en los Misterios del plano físico se representa por medios mágicos o de otra especie, y a veces con la intervención de actores.
Los procesos escritos están expuestos con gran claridad en la Biblia. Cuando el "Espíritu de Dios era llevado sobre las aguas", las tinieblas reinaban "sobre la haz del abismo" (16); el gran abismo de materia no exhibía forma alguna, estaba vacío; era el principio. La Forma la dio el Logos, el Verbo, del cual está escrito: "Todas las cosas por El fueron hechas; y sin El nada de lo que se ha hecho, fue hecho" (17). C. W. Leadbeater lo ha expresado muy bien: "El resultado de esta gran emanación primera (el "movimiento" del Espíritu) es el despertamiento de esa admirable y gloriosa vitalidad que compenetra toda la materia y electriza sus átomos en los diversos planos, los cuales, por más inertes que aparezcan a nuestra turbia mirada física, desarrollan, en su virtud, toda suerte de atracciones y repulsiones, antes latentes, y entran en combinaciones de todo género" (18).
Sólo cuando esta obra del Espíritu se hubo terminado, pudo el Logos, el cósmico Cristo Místico, revestirse de materia, entrando en el que es, a la verdad, el vientre de la Virgen, la matriz de la Materia, virgen todavía, -improductiva. Esta materia había sido vivificada por el Espíritu Santo, el cual, cobijando a la Virgen, vertió en ella Su vida, disponiéndola así para recibir la vida del Segundo Logos, que "tomó esta materia para vehículo de sus energías. Esta es la encarnación del Cristo, su hacerse carne- "Tú no desdeñaste el vientre de la Virgen."
En las versiones latina e inglesa del texto original griego del Credo de Nicea, han sido cambiadas las preposiciones de la frase que describe este aspecto del descenso, con lo cual se "ha cambiado también su sentido. El original dice: "y fue encarnado del Espíritu Santo y de la Virgen María"; mas la traducción dice: "y fue encarnado por el Espíritu Santo de la Virgen María" (19). El Cristo "tomó forma, no de la materia "Virgen" solamente, sino de la materia ya impregnada y palpitante con la vida del Tercer Logos (20), de modo que entrambas, vida y materia, Le envuelven como una vestidura" (21).
Este es el descenso del Logos a la materia, descrito como el nacimiento del Cristo de una Virgen; en el Mito Solar se convierten en el nacimiento del Dios Sol, cuando aparece el signo de Virgo. Comienzan luego los esbozos de la obra del Logos en la materia, simbolizados con propiedad en la infancia de que habla el mito. Sus majestuosos poderes se someten a todas las debilidades de la infancia, manifestándose muy poco a través de las tiernas formas que anima. La materia aprisiona y aun parece amenazar de muerte a su Rey niño, cuya gloria está velada por las limitaciones que se ha impuesto. Mas El la moldea lentamente en prosecución de altos fines, y la eleva a la virilidad, y se extiende entonces sobre ella en cruz, para verter desde allí todos los poderes de Su entregada vida. Este es el Logos de quien dijo Platón que estaba en forma de cruz sobre el universo; este es el Hombre Celeste, fijo en el espacio, los brazos extendidos en actitud de echar bendiciones; este es el Cristo crucificado, cuya muerte sobre la Cruz de la materia, la llena toda con Su vida. Muerto al parecer realmente y sepultado; mas se levanta de nuevo, revestido de la materia misma en que pareció sucumbir, y eleva al cielo Su ya resplandeciente cuerpo, y allí recibe la fluyente vida del Padre, y se constituye en vehículo de la vida inmortal del hombre, cuya alma el Logos envuelve a Su propia vida, haciéndole cesión de ella para que pueda existir a través de las edades, y desarrollarse y crecer hasta lograr Su misma estatura. En verdad, de El estamos revestidos, primero de un modo material, y después espiritualmente. El se sacrificó para llevar muchos hijos a la gloria, y con nosotros está siempre, hasta la consumación de los siglos.
Así, pues, la crucifixión de Cristo es parte del gran sacrificio cósmico; y la representación alegórica de él en los Misterios físicos, y el sacro símbolo del hombre crucificado en el espacio fueron materializados en una muerte real por crucifixión, y en un crucifijo con una forma humana moribunda; después esta historia, convertida ya en la historia de un hombre, fue aplicada al Divino Maestro Jesús, viniendo a ser la historia de Su muerte física; así como el nacimiento de una Virgen, la infancia rodeada de peligros, la resurrección y la ascensión vinieron también a ser incidentes de Su vida humana. Los Misterios desaparecieron, pero sus grandiosas y gráficas representaciones de la obra cósmica del Logos circundaron y realzaron la muy amada figura del Maestro de Judea; y así, el Cristo cósmico de los Misterios, con el perfil del Jesús histórico, llegó a constituir la Figura Central de la Iglesia Cristiana.
Pero no fue esto todo; faltaba el último toque para hacer arrebatadora la figura del Cristo, y éste lo dio a su historia otro Cristo de los Misterios, íntimo y caro al corazón del hombre: el Cristo del Espíritu humano, el Cristo que está en todos nosotros, que nace, vive, y es crucificado, y resucita de entre los muertos, y sube a los cielos en cada "Hijo del Hombre" sufrido y triunfante.
La biografía contenida en los Evangelios es la relación de la vida de todos los iniciados en los verdaderos Misterios, en los Misterios celestes, consignada en sus rasgos más prominentes. Por eso habla San Pablo, como hemos visto (22), del nacimiento del Cristo en el discípulo, y de Su evolución y completo crecimiento en él. Cada hombre es un Cristo en potencia, y el desarrollo de la vida del Cristo en un hombre sigue los rasgos de la historia evangélica en sus más notables incidentes, los cuales son universales, y no particulares, según hemos observado.
Cinco grandes Iniciaciones (o primer recorrido de las Montañas) hay en la vida de un Cristo, cada una de las cuales señala una etapa en el desarrollo de la Vida de Amor. En la actualidad se imponen, como en los tiempos antiguos; y la última determina el triunfo final del hombre que ha trascendido la naturaleza humana, que ha logrado la divina, que se ha convertido en Salvador del mundo.
Vamos a dar un bosquejo de la historia de esta vida, repetida una y otra vez en las existencias que se entregan a la espiritualidad, y veremos cómo el iniciado va pasando por la vida del Cristo.
A la primera gran Iniciación el Cristo nace (como asomo de la Consciencia, no en plenitud) en el discípulo; entonces, por vez primera, encuentra en sí mismo la explicación de lo que significa el saturarse del Amor divino, pues experimenta el maravilloso cambio de sentirse uno con todo lo que alienta. Esto es el "Segundo Nacimiento", por el cual se regocijan las huestes celestiales, pues él ha nacido en "el reino de los cielos", como un "pequeñuelo", como "un niño", nombres siempre atribuidos a los nuevamente iniciados. Esto significan las palabras de Jesús, de que un hombre tiene que volverse niño para entrar en el reino de los cielos (23).
Gran sentido tiene lo dicho .por algunos de los primitivos escritores cristianos de que Jesús "nació en una cueva" -"establo" en la narración evangélica. La "Cueva de la Iniciación " es una frase antigua muy conocida, y el Iniciado nace siempre en ella; sobre esta cueva, "donde está el tierno niño", brilla la "Estrella de la Iniciación", la Estrella que aparece al Oriente siempre que nace un niño Cristo. Cada uno de estos niños está rodeado de peligros y amenazas, extraños riesgos que no corren otros niños, pues aquéllos están ungidos del crisma del segundo nacimiento, y los Poderes Tenebrosos del mundo invisible ponen todo su empeño en destruirlos. Mas, a despecho de todas sus asechanzas, alcanzan la virilidad, porque el Cristo, una vez nacido, no puede perecer; una vez comenzado su desarrollo, tiene que llegar al término de su evolución; y su preciosa vida se ensancha y crece, y su sabiduría y talla espiritual van siempre en aumento, hasta que le llega la hora de recibir la segunda gran Iniciación -el Bautismo del Cristo por el Agua y el Espíritu-, que lo invierte de los poderes necesarios, para ser Maestro y ofrecerse al mundo, y trabajar en él como "el Hijo muy Amado".
Entonces desciende sobre él en amplia medida el Espíritu divino, y la gloria del Padre invisible in envuelve con sus irradiaciones purísimas; pero a partir de este momento de dicha suprema, es llevado por el Espíritu al desierto, y puesto una vez más a prueba de fieras tentaciones. Pues como entonces los poderes del Espíritu están desenvolviéndose en él, los Seres Tenebrosos hacen esfuerzos para deslumbrarlo y apartarle de su camino, procurando seducirlo con sus poderes mismos, a fin de que los emplee en provecho propio, en vez de entregarse a su Padre con paciente confianza. En las rápidas y súbditas transiciones que ponen a prueba su fortaleza y su fe, el Tentador encarnado murmura en sus oídos tan pronto como ha sonado la voz del Padre, y las ardientes arenas del desierto abrasan sus pies, poco antes bañados en las frescas aguas del río Santo. Vencedor de estas tentaciones, pasa al mundo de los hombres, para ayudarlos con el ejercicio de los poderes que no quiso emplear en la satisfacción de sus necesidades; y el que se resistió a convertir en pan una piedra, para calmar sus apremiantes deseos, alimenta "a cinco mil hombres, más las mujeres y los niños", con unos cuantos panes.
En su vida de sacrificio incesante goza de otro breve período de gloria: sube "a una alta Montaña apartada" -la sagrada Montaña de la Iniciación-, y allí se transfigura, y se reúne con algunos de sus grandes Predecesores, los Seres Poderosos de los antiguos tiempos, que anduvieron los caminos que él está andando. De este modo pasa por la tercera gran Iniciación, y entonces se le aparece la sombra de su Pasión cercana, a pesar- de la cual, rechazando las palabras tentadoras de uno de sus discípulos, se dirige con firmeza a Jerusalén, donde le aguarda el bautismo del Espíritu Santo y del Fuego.
Después del Nacimiento, la persecución de Herodes; después del Bautismo, la tentación en el desierto; después de la Transfiguración, la sombra del último trance en el Camino de la Cruz. Las pruebas siguen a los triunfos hasta que se alcanza la meta. Sigue aún creciendo la vida de amor, más completa y perfecta cada día, y cada vez con mayor notoriedad sigue el Hijo del Hombre apareciendo como el Hijo de Dios, hasta que, acercándose el momento de la lucha final, la cuarta gran Iniciación lo lleva en triunfo a Jerusalén, a la vista de Getsemani y del Calvario. En esa hora es el Cristo dispuesto a ser ofrecido, pronto para el sacrificio de la cruz. Tiene que afrontar entonces la amarga agonía del Jardín, cuando hasta sus elegidos duermen, mientras él, en la zozobra de su mortal angustia, ruega por un momento que la copa sea apartada de sus labios; pero al fin triunfa su voluntad poderosa, y, extendiendo su brazo, coge la copa y la apura, en tanto que un el se le aparece en su soledad y le fortifica, como hacen los ángeles siempre que ven un Hijo del Hombre abrumado bajo el peso de su agonía. Al salir de allí, otras bebidas amargas se le ofrecen: la traición, la negación, el abandono; y solo entre enemigos que le escarnecen, entra en la prueba extrema.
Atormentado por el dolor físico, herido por la espina cruel de la duda, despojado de sus hermosas vestiduras de pureza a los ojos del mundo, entregado en manos enemigas, y abandonado, al parecer, de Dios y los hombres, sufre con paciencia cuanto le sucede, esperando con ansia alguna ayuda en el último trance. Expuesto todavía al sufrimiento, crucificado para morir a la vida de la forma, para desprenderse de toda la vida que al mundo inferior corresponde, rodeado de enemigos triunfantes que se burlan de él, se ve envuelto por el último horror del negro abismo, y allí, en la oscuridad, se encuentra enfrente de todas las fuerzas del mal; su visión interna ha cegado; se siente solo, completamente solo; hasta el punto de que su corazón valiente, sumido en la desesperación, grita a su Padre, de cuyo amparo se considera privado; y su alma humana, en absoluto aislamiento, experimenta la terrible agonía de la aparente derrota.
Sin embargo, reuniendo toda la fuerza del "invencible espíritu", se desprende de la vida inferior, cuya muerte acepta voluntariamente; y abandonando el cuerpo de deseo, el Iniciado "desciende a los infiernos", para no dejar sin recorrer región alguna del universo donde pueda prestar su ayuda, para que no haya nadie tan proscrito que no pueda alcanzar su amor, que todo lo abarca. y luego, surgiendo de las tinieblas, ve la luz una vez más, se siente de nuevo el Hijo inseparable de su Padre, se eleva a la vida que no tiene fin, radiante con la conciencia de haber afrontado y vencido a la muerte, poderoso para auxiliar en todo extremo a cualquier hijo de hombre y capaz de derramar su vida en toda alma atribulada. Permanece algún tiempo entre sus discípulos para instruirlos, revelándoles los misterios de los mundos espirituales, y preparándoles además para hollar el sendero que él ha seguido; y agotada su vida terrestre, sube a su Padre, y en la quinta gran Iniciación se convierte en Maestro triunfante (en realidad en la Quinta Iniciación de Misterios Mayores el adepto se torna en un Buda; pero como se profundizará en los estudios gnósticos la verdadera Cristificación solo se consigue en lo que esotéricamente se denomina “La Tercera Montaña” que son pasos más allá de la Quinta Iniciación de Misterios Mayores), lazo entre Dios y el hombre (En este punto decisivo de la iniciación el Adepto debe elegir entre una vida de sosiego en el Nirvana o ascender más mediante el Sacrificio Desinteresado por el Prójimo).
Tal es la historia realizada en los verdaderos Misterios de los tiempos antiguos y modernos, y representada dramáticamente por medio de símbolos en los Misterios del plano físico, mitad velados, mitad manifiestos. Tal es el Cristo de los Misterios en Su doble aspecto cósmico e individual. Logos y hombre. ¿Es, pues, de maravillar, que esta historia, vagamente sentida por el místico, aun cuando la ignore, se haya enredado en el corazón, y haya servido de inspiradora a toda vida noble? El Cristo del corazón es, para la mayor parte, Jesús considerado como el Cristo místico humano, luchando, sufriendo, muriendo y, al fin, triunfando: el Hombre en quien la humanidad se ve crucificada y vuelta a la vida, cuyo triunfo es promesa de victoria para todo aquel que, como El, sea leal en la muerte y aun más allá: Cristo que jamás será olvidado mientras nazca una y otra vez entre los hombres, y el mundo necesite Salvadores, y los Salvadores se entreguen por el mundo.
Notas del presente post:
(1) Véase sobre este punto el principio del Evangelio de San Juan I, 1- 5. El nombre de Logos, adscrito al Dios manifestado, dando forma a la materia -"todas las cosas fueron hechas por El"- es platónico, y por tanto, se deriva directamente de los Misterios; siglos antes de Platón se usaba entre los hindúes la palabra Vák, Voz, derivada del mismo origen.
(2) Annie Besant; “Cristianismo Esotérico” pág. 82.
(3) Ibid, pág. 64.
(4) Ibid, pág. 59.
(5) II. Cor., IV, 18.
(6) Ibid, V, 7.
(7) Heb.. V, 144.
(8) San Lucas, XV, 16.
(9) Ibid. XIV, 26.
(10) San Mateo, V, 28.
(11) Heb., XI, 27.
(12) II. Cor., VI, 8-10.
(13) San Mateo, XVII, 20.
(14) Col., III, I.
(15) San Mateo, V, 8 y San Juan, XVII, 21.
(16) Gen. I, 2.
(17) San Juan I, 3.
(18) The Christian Creed, pág. 29. Es éste un librito de los más valiosos e interesantes, que versa sobre el significado místico de las creencias.
(19) The Christian Creed, pág. 42.
(20) Otro nombre del Espíritu Santo.
(21) Ibid, pág. 43.
(22) Antes, pág. 82.
(23) S, Mateo XVIII, 3.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Cristología Gnóstica: El Cristo Mítico


Hemos visto en qué forma se han aplicado los estudios de la Mitología Comparada a la destrucción de las religiones; pues bien; algunos de sus más demoledores ataques se han dirigido en contra del Cristo. Su nacimiento de una Virgen en "Navidad", la matanza de los inocentes, sus milagros y enseñanzas, su crucifixión, resurrección y ascensión, acontecimientos todos de la historia de su vida, se hallan también consignados en las narraciones de otras vidas, y en su consecuencia, se rechaza su existencia histórica, por considerarse tales identidades como imposibles. Por lo que hace a los milagros y a las enseñanzas, contestaremos en breves palabras. La mayor parte de los grandes Maestros han realizado hechos que en el plano físico aparecen como milagros a los ojos de sus contemporáneos, pero que los ocultistas reconocen como fenómenos naturales, producidos mediante el ejercicio de poderes que desarrollan todos los Iniciados que están por encima de cierto grado. Y por lo que respecta a las enseñanzas de Jesús, confirmamos que no son originales; pero cuando los profesores de Mitología Comparada creen haber probado que ninguna procede de inspiración divina, porque las mismas doctrinas morales salieron de los labios de Manu, de los de Buda y de Jesús, el argumento les da en el rostro, pues precisamente repitió Jesús las enseñanzas de sus predecesores, porque era un mensajero de la misma Logia. Las profundas verdades del Espíritu divino y humano eran tan ciertas veinte mil años antes de que Jesús naciera en Palestina, como después que nació; y decir que el mundo estuvo abandonado sin estas enseñanzas, y que el hombre fue entregado a las tinieblas morales desde el principio del mundo hasta hace veinte siglos, es asegurar que hubo una humanidad sin Maestros, hijos sin Padre, almas humanas que clamaban por luz en una oscuridad que ninguna respuesta les daba: conceptos todos tan blasfemos de Dios como desesperantes para el hombre; conceptos a que dan un mentís solemne las apariciones de Sabios tales, así como la potente literatura, las nobles vidas de las edades sin cuento anteriores a la venida de Cristo.
Reconociendo, pues, en Jesús, al gran Maestro de occidente, al Mensajero enviado por la Logia para dirigir el mundo occidental, vamos a examinar la dificultad que ha destruido esta creencia en el ánimo de mucha gente. ¿Cómo es que se encuentran en las religiones anteriores al Cristianismo las festividades conmemorativas de la vida de Jesús? ¿Cómo se celebran en aquéllas idénticos acontecimientos aplicados a las vidas de otros Maestros?
La Mitología Comparada, que en los tiempos modernos ha encaminado la atención pública hacia estos asuntos, cuenta apenas un siglo de existencia, pues tuvo origen cuando aparecieron la Historia Abreviada de los Diversos Cultos, de Dulaure, el Origen de todos los Cultos, de Dupuis, el Panteón Hindú, de Moor, y el Anacalypsis, de Godfrey Higgins. A estas obras siguieron otras muchas, cada vez más científicas y severas en la recolección y comparación de los hechos, hasta el punto de llegar a hacer imposible que una persona culta se atreva tan siquiera a discutir las identidades y semejanzas que por todos lados se ponen de manifiesto. Ya no se encuentran cristianos dispuestos a sostener que los símbolos, ritos y ceremonias del Cristianismo sean únicos, a excepción -ni hay que decirlo- de la gente ignorante, pues aun vemos la sencillez de las creencias mano a mano con la ignorancia de los hechos. Pero aparte de esta gente, no encontramos, ni siquiera entre los cristianos más devotos, quien niegue que el Cristianismo tenga mucho de común con religiones más antiguas. Después de todo, es bien sabido que en los siglos "siguientes a Cristo" tales semejanzas eran cosa corriente, no haciendo, pues, la moderna Mitología Comparada más que repetir con gran precisión lo que en la Iglesia primitiva universalmente se reconocía. Justino Mártir, por ejemplo, atestó sus obras de referencias a las religiones de su tiempo; y si cualquier moderno impugnador del Cristianismo desease hacer numerosas citas de los casos en que las enseñanzas cristianas son idénticas a las de religiones más antiguas, no encontraría seguramente depósito más abundante de ellas que los escritos de los apologistas del siglo segundo. Citan ellos enseñanzas, narraciones y símbolos paganos, y alegan que la identidad que con éstos tienen los cristianos, debería ser motivo bastante para que los últimos no fuesen rechazados desde luego como increíbles. Justino Mártir da de esta semejanza una razón muy curiosa que, a la verdad, no encontrará muchos valedores en los tiempos modernos. Dice así: "Los que enseñan los mitos formados por los poetas, no exponen prueba alguna a los jóvenes que los aprenden. Nosotros demostraremos que son debidos a la influencia de los demonios perversos, atentos a engañar y descarriar a la especie humana. Sabedores éstos de los anuncios de los profetas sobre la futura venida de Cristo y sobre el castigo de los malvados por el fuego, crearon muchos hijos de Júpiter, con la intención de despertar en los hombres la idea de que las cosas dichas de Cristo eran cuentos de maravillas, ni más ni menos que las que los poetas decían..." Y los diablos, por cierto, cuando oyeron al profeta publicar la ablución, indujeron a los que iban a sus templos y les rendían culto con libaciones y holocaustos, a que también se rociasen; y asimismo hacen que se laven por completo antes de marcharse..." "La cual (la Cena del Señor) han imitado los malvados diablos en los misterios de Mithra, ordenando que se haga lo mismo..." (1).
"En cuanto a mí, cuando descubrí el perverso disfraz que los malos espíritus habían puesto a las divinas enseñanzas de los cristianos, para impedir que otros las aceptasen, me eché a reír" (2).
Como se ve, pues, las semejanzas eran tenidas por obra de los demonios, copias de los originales cristianos, ampliamente difundidas por el mundo antes del Cristianismo, en previsión de su venida y con el fin de crearle obstáculos.
Cosa escabrosa es sin duda y difícil de aceptar, eso de que las enseñanzas más antiguas sean copias, y sus originales las aducidas en época relativamente moderna. Pero, así y todo, no tratamos de discutir con Justino Mártir sobre si las copias precedieron al original o el original a las copias, contentándonos con aceptar su testimonio respecto de la existencia de estas identidades entre las creencias que florecían en su tiempo en el Imperio romano y la nueva religión que estaba comprometido a defender.
Con la misma sencillez se explica Tertuliano al afrontar la objeción que por aquel entonces se hacía también al Cristianismo, de que "las naciones extrañas a toda inteligencia de los poderes espirituales, atribuían a sus ídolos la inmersión en agua como igualmente eficaz." "Así lo hacen -contesta con toda franqueza-, pero ellos se engañan a sí mismos con aguas que son viudas. La ablución es el medio por el cual son iniciados en algunos ritos sagrados de cierta Isis o Mithra conocidos; y a los Dioses mismos honran con abluciones.
En los juegos Apolinarios y Eleusinos son ellos bautizados; y suponen que esto tiene por efecto regenerarlos y remitirles las penas debidas a sus perjurios. y al par que reconocemos la realidad del hecho, reconocemos también el celo del demonio en emular las cosas divinas, pues hace practicar el bautismo a los que le están sujetos" (3).
Para desatar el nudo de estas semejanzas, vamos a estudiar el Cristo Mítico, el Cristo de los mitos o leyendas solares; pues estos mitos constituyen las formas pictóricas en que ciertas profundas verdades fueron dadas al mundo.
Ahora bien; un "mito" no es lo que se imagina la mayor parte de la gente, esto es, una historia fantástica fundada en un hecho real, y aun ajena por completo a toda realidad. Un mito contiene bastante más realidad que una historia; pues una historia es sólo narración de sombras, mientras que un mito hace referencia de las substancias que proyectan esas sombras.
Como lo de arriba, así es lo de abajo; y primero es lo de arriba, y lo de abajo después.
Existen grandes principios, conforme a los cuales nuestro sistema está constituido; existen ciertas leyes que regulan el desarrollo de estos principios en detalle; existen grandes Seres cuya constitución son los principios, y sus funciones las leyes; existen huestes de entidades inferiores que actúan como vehículos de estas funciones: son agentes, instrumentos; y vienen, por último, los Egos humanos, que, mezclados con todos ellos, son copartícipes en el desenvolvimiento del gran drama cósmico. Estos diversos trabajadores de los mundos invisibles proyectan sus sombras sobre la materia física, y estas sombras son "cosas"; los cuerpos, los objetos de que el universo físico está constituido. Las sombras dan sólo una pobre idea de los objetos que las lanzan, bien así como lo que aquí abajo llamamos sombras, dan una idea muy pobre de los objetos que las producen; son meras siluetas de fondo oscuro, desprovistas de pormenores, con longitud y latitud, pero sin profundidad.
Es la historia una narración muy imperfecta, y a veces desconcertada, de la danza de estas sombras en el mundo umbrío de la materia física. El que haya visto funcionar una linterna mágica y haya hecho comparación de lo ejecutado por un hábil jugador detrás del lienzo con lo que sobre él es percibido, podrá obtener una vívida idea de la naturaleza ilusoria de las acciones umbrosas y deducir de ello analogías no descaminadas
El mito refiere cómo se mueven los que hacen las sombras, y el lenguaje usado para ello es lenguaje de símbolos. Así como nosotros tenemos palabras que significan cosas -ejemplo, la palabra "mesa", que es símbolo de un objeto conocido de cierta especie- así los símbolos significan objetos de planos más elevados. Cada uno con su significación propia, constituyen un alfabeto pictórico, el cual emplean todos los escritores de mitos.
Todo símbolo lleva adaptada la designación de determinado objeto, a la manera con que las palabras se usan entre nosotros para distinguir una cosa de otra; por tanto, el conocimiento de los símbolos es necesario para la lectura de los mitos. Los expositores originales de los grandes mitos son siempre Iniciados, hechos a manejar el lenguaje simbólico y a emplearlo, por de contado, de un modo invariable y reconocido.
Cada símbolo tiene un significado principal y además otros varios subalternos que guardan relación con el primero.
Por ejemplo, el Sol es el símbolo del Logos, y éste es su significado principal o primario. Pero también significa una encarnación del Logos, o sea de los grandes Mensajeros que Lo representan temporalmente, al modo que un embajador representa a su Rey. Los altos Iniciados que para misiones especiales toman carne humana y viven entre los hombres por algún tiempo, como Directores o Maestros, son designados por el símbolo del Sol; pues aunque éste no sea su símbolo propio en un sentido individual, se convierte en tal por razón de su cargo.
Todos los Seres a quienes este símbolo designa, se distinguen de un modo notorio: sus condiciones características son especiales; determinadas las situaciones por que pasan; singulares las acciones que ejecutan. El Sol es la sombra física o cuerpo del Logos, y así se le llama; de aquí que su curso anual en la naturaleza sea un reflejo de la actividad del Logos, en la forma parcial en que una sombra es capaz de representar la actividad del objeto que la proyecta. En suma: es el curso anual del Sol la sombra del Logos, "del Hijo de Dios", cuando desciende a la materia; y esta es la significación del Mito Solar.
De aquí procede, también, el que cualquiera encarnación del Logos o sea uno de Sus altos emisarios, represente asimismo en su cuerpo mortal esa actividad, a manera de sombra. Por esto han de producirse necesariamente las semejanzas que se ofrecen en las historias de esos emisarios; y, consiguientemente, donde se note la falta de tales identidades, está la prueba de que la personalidad de que se trata, no tuvo plenos poderes: su misión fue de un orden inferior.
Es, pues, el Mito Solar una narración que, representando en primer lugar la actividad del Logos o el Verbo en el Cosmos, viene en lugar secundario a resumir la vida de una individualidad que es una encarnación del Logos, uno de Sus excelsos embajadores. El Héroe del mito es presentado comúnmente como Dios o Semidios, y su vida, según se comprenderá por lo que va dicho, ha de ser trazada conforme a la carrera del Sol, que es la sombra del Logos. La parte de carrera consumida durante la vida humana es la comprendida entre el solsticio de invierno y la llegada al zenit en el verano.
El Héroe nace en el solsticio de invierno, muere en el equinoccio de primavera, y, venciendo a la muerte, se eleva en medio del cielo. A este respecto son interesantes las siguientes observaciones, aunque se refieren al mito de un modo más general, como una alegoría que semeja verdades internas: "Alfredo de Vigny ha dicho que la leyenda a veces contiene más verdad que la historia, porque la leyenda no da cuenta de los hechos, a menudo incompletos y abortivos, sino del genio mismo de los grandes hombres y de los grandes pueblos. Este hermoso pensamiento es sobre todo aplicable al Evangelio, pues en él no se contiene la mera narración de lo que ha sido, sino además el relato sublime de lo que es y de lo que siempre será. Siempre será el Salvador del mundo adorado por los reyes de la inteligencia que representan los Magos; siempre El multiplicará el pan de la eucaristía para alimento y fortaleza de nuestras almas; cuando en negra noche y en medio de la tormenta le invoquemos, vendrá siempre a nosotros, andando sobre las aguas, y extenderá siempre Su mano para ayudarnos a caminar sobre las olas; siempre acudirá en los desórdenes de nuestra mente, y devolverá a nuestros ojos la luz perdida; y luminoso y transfigurado se presentará siempre en el Tabor a sus devotos, interpretando la ley de Moisés y desplegando el celo de Elías" (5).
Ya veremos que los mitos están íntimamente relacionados con los misterios, pues parte de éstos eran la vívida representación pictórica de lo que ocurre en los más elevados mundos, la cual venía al cabo a tomar la forma de mito. En los Pseudo-Misterios las reproducciones pictóricas de los misterios verdaderos se representaban mutiladas en un drama, ejecutado por actores; y muchos de los mitos secundarios son estos mismos dramas puestos en escritura.
El amplio bosquejo de la historia del Dios Sol es muy claro: su accidentada vida se comprende dentro de los primeros seis meses del año solar; los seis restantes se dedican a la protección y conservación general. Nace siempre en el solsticio de invierno, después del día más corto del año, a la media noche del 24 de Diciembre, cuando el signo de Virgo se eleva sobre el horizonte; nacido en tal coyuntura, nace siempre de una virgen después de haber dado a luz a su Hijo Sol, como el signo celeste de Virgo sigue inmutable e inmaculado cuando el Sol surge de él en el cielo. Débil y desvalido como niño ha venido a la vida durante los días más cortos y las noches más largas –para nosotros que estamos al Norte del ecuador-, se encuentra rodeado de peligros en su infancia. El reino de las tinieblas es mucho más largo que el suyo en sus primeros días.
Pero vive a pesar de todos los peligros que le amenazan; los días se prolongan hacia el equinoccio de primavera, y llega el momento de pasar de uno a otro extremo, de cruzar -la crucifixión-, cuya fecha varía con cada año. A veces se encuentra al Dios Sol esculpido dentro del círculo del horizonte, con la cabeza y los pies tocando la circunferencia al Norte y al Sur, y, extendidos los brazos, toca con las manos el Este y El Oeste. -"El está crucificado." Después de esto se eleva triunfante y sube a los cielos, y madura el grano y el racimo, dándoles de su vida misma para que se forme su sustancia, y, mediante ella, la de sus adoradores. El Dios nacido al amanecer del 25 de Diciembre, es crucificado siempre en el equinoccio de primavera, y siempre entrega su vida para alimento de sus adoradores-. Estos son los distintivos más salientes del Dios Sol. Lo fijo de la fecha del nacimiento y lo variable de la muerte tienen significación muy grande, cuando observamos que la primera es la de una posición fija del Sol, y la segunda la de una posición variable del mismo. "La Pascua de Resurrección" es movible, y se calcula por las posiciones relativas del Sol y de la luna: cosa impropia para fijar el aniversario de un acontecimiento histórico pero muy natural e inevitable cuando se trata de calcular una festividad del Sol. Fechas variables que no indican la historia de un hombre, sino que apuntan al Héroe de un mito solar.
Estos sucesos están reproducidos en las vidas de los diversos Dioses Solares, de cuyas imágenes hay ejemplos abundantes en la antigüedad. La Isis de Egipto, como María de Bethlehem, era nuestra Señora Inmaculada, Estrella del Mar, Reina del Cielo, Madre de Dios. Representábasela de pie sobre la media luna, y coronada de estrellas, dando de mamar a su hijo Horus, y con la cruz detrás del niño sentado en la falda de su madre. El signo de Virgo del Zodíaco se encuentra representado en antiguos dibujos por una mujer amamantando un niño; éste es el tipo de todas las futuras Madonas con sus divinos hijos, el cual muestra el origen del símbolo.
Así se ve también la figura de Devaki con el divino Krishna en sus brazos, y así la de Mylitta, o Istar, de Babilonia, con la especial corona de estrellas y su hijo Tammuz en las rodillas; Mercurio y Esculapio, Baco y Hércules, Perseo y los Dioscuros, Mithra y Zarathustra, tuvieron todos nacimientos divinos y humanos.
La relación del solsticio de invierno con Jesús es también significativa. El nacimiento de Mithra se celebraba en el solsticio de invierno con grandes regocijos, y Horus nacía también por entonces: "Su nacimiento es uno de los mayores misterios de la religión (egipcia). Sus representaciones aparecían pintadas en los muros de los templos. Era el hijo de la Divinidad. En la época de las pascuas, o sea en la correspondiente a esta festividad nuestra, su imagen se sacaba del santuario con ceremonias peculiares, lo mismo que la imagen del Divino Bambino se saca y se exhibe todavía en Roma" (6).
Sobre la fijación del 25 de Diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús, dice Williamson lo que sigue: "Todos los cristianos saben que el 25 de Diciembre es ahora el día designado para la festividad del nacimiento de Jesús, pero pocos están enterados de que no siempre ha sido así. Dícese que han habido ciento treinta y seis fechas distintas asignadas a tal hecho por las diversas sectas cristianas. Lightfoot da la del 15 de Septiembre, otros la de Febrero o Agosto. Epifanio menciona dos sectas, una que lo celebraba en Junio y otra en Julio. La cuestión fue resuelta al fin por el papa Julio I en el año 337; y San Crisóstomo escribía en 390: "Este día (esto es, el 25 de Diciembre) también se fijó últimamente en Roma para el nacimiento de Cristo, con el propósito de que mientras los paganos estuviesen ocupados en sus ceremonias (las Brumalias en honor de Baco), pudiesen los cristianos celebrar tranquilamente sus ritos." Gibbson, en su obra Decline and Fall of the Roman Empire, escribe: “Los ( cristianos) romanos, tan ignorantes como sus hermanos de la verdadera fecha del nacimiento de Cristo, fijaron la solemne festividad el 25 de Diciembre, día de las Brumalias o del solsticio de invierno, en el cual celebraban anualmente los paganos el nacimiento del Sol." King, en sus Gnostics and their Remains, dice también: "La antigua fiesta del 25 de Diciembre en honor del natalicio del Uno Invencible (7), celebrada con grandes juegos en el Circo, fue en adelante transferida a la conmemoración del nacimiento de Cristo, cuya fecha precisa confiesan muchos Padres de la Iglesia que era entonces desconocida."
Y al presente el canónigo Farrar dice que: "es inútil todo intento para descubrir el mes y día de la natividad; no existen datos con que poderlos determinar ni aun siquiera de un modo aproximado." De todo lo cual resulta que la gran festividad del solsticio de invierno se venía celebrando desde tiempos antiguos y en países apartados para honrar la memoria del nacimiento de un Dios, a quien casi invariablemente se designa como un "Salvador", y a cuya madre se llama una virgen pura. Las notables semejanzas que se han señalado, no sólo en lo que respecta al nacimiento, sino también en lo que se refiere a la vida de estos Dioses Salvadores, son demasiado numerosas para que se las considere como una mera coincidencia”. (8)
También vemos un mito relacionado con la personalidad histórica del Señor Buda. Bien conocida es la narración corriente en la India sobre su vida, donde la historia del nacimiento se presenta en forma sencilla y humana. Pero en las relaciones chinas nace de una virgen, Mayadevi con lo que el mito arcaico hace de El un nuevo Héroe.
Asimismo dice Williamson que los pueblos celtas encendían y aun encienden hogueras en las colinas el 25 de Diciembre, que entre los montañeses de Irlanda y Escocia llevan todavía el nombre de Bheil o Baaltine: esto es la denominación de su antigua Deidad, Bel, o Bal, el Dios Sol, aunque ahora las enciendan en honor de Cristo (9).
Bien pensado, las fiestas de Navidad deberán ofrecer a los amantes de Cristo nuevos motivos de santificación y de regocijo, al considerarlas como continuación de una antigua solemnidad celebrada en todo el mundo desde los tiempos más remotos.
Ciertamente, las campanas anunciadoras de tal festividad suenan a través de toda la historia humana, pues su armonioso repique sale del fondo de las tinieblas de las edades más primitivas. El sello de la verdad se encuentra en la aceptación universal, no en la posesión del exclusivismo.
Ya hemos dicho que la fecha de la muerte no es fija como la del nacimiento. La primera se calcula de conformidad con las posiciones relativas del Sol y de la Luna en el equinoccio de primavera, variando, por tanto, en cada año; y en tal relación vemos celebrarse la fecha de la muerte de todos los Héroes Solares. El animal elegido por símbolo del Héroe es el signo del Zodíaco en que está el Sol en el equinoccio primaveral del año correspondiente, el cual varía con la precesión de los equinoccios.
Oannes de Asiria tenía el signo de Piscis, el Pez, y en esta forma se le representaba. Mithra tenía el de Tauro, por lo cual figura montado en un toro; y a Osiris se rendía culto como Osiris-Apis, o Serapis, el Toro. Merodach de Babilonia era adorado como un toro, y así lo fue también Astarte de Siria. Cuando el Sol está en el signo de Aries, el carnero o cordero, vemos otra vez a Osiris como carnero, e igualmente a Astarte y a Júpiter Ammon. Este mismo animal vino a ser el símbolo de Jesús -el Cordero de Dios.
El empleo del Cordero como símbolo suyo con frecuencia puesto en la cruz, es muy común en las esculturas de las catacumbas. Sobre esto dice Williamson: "Andando el tiempo fue el Cordero representado en la cruz, hasta que el sexto concilio de Constantinopla, celebrado hacia el año 680, ordenó que en lugar del antiguo símbolo se pusiese la figura de un hombre sobre la cruz. Confirmó este canon el papa Adriano I" (10). Fue también aplicado a Jesús el muy antiguo símbolo de Piscis, y así se le encuentra pintado en las catacumbas.
La muerte y resurrección del Héroe Solar en el equinoccio de primavera o cerca de él, se encuentran tan ampliamente difundidas, como su nacimiento en el solsticio de invierno. En tal época moría Osiris a manos de Tifón, y se le figuraba en el círculo del horizonte, con los brazos extendidos, como si estuviese crucificado -postura que originalmente significaba que bendecía, no que padecía sufrimientos. Llorábase anualmente la muerte de Tammuz en Babilonia y en Siria por el equinoccio de primavera, así como también la de Adonis en Siria y Grecia, y la de Attis en Frigia, donde se hacía su efigie "como un hombre clavado con un cordero a sus pies" (11).
Igualmente se solemnizaba en Persia la muerte de Mithra. Y en Grecia la de Baco y Dionisio, que son uno mismo. En México reaparece la misma idea, como de ordinario acompañada de la cruz.
En todos los casos al duelo de la muerte sucedía inmediatamente los regocijos de la resurrección, y a este propósito es interesante observar que el nombre Easter (que es el nombre inglés de la Pascua de resurrección y que se pronuncia Ister) se remonta a la virgen madre del muerto Tammuz: Ishtar (12).
Es también interesante el hecho de que el ayuno que precede a la muerte en el equinoccio primaveral -la Cuaresma moderna- se encuentra en México, Egipto, Persia, Babilonia, Asiria, Asia Menor, y en algunos casos definidamente por cuarenta días (13).
En los Pseudo-Misterios se ponía en drama la historia del Dios Sol, y en los antiguos Misterios el Iniciado constituía su vida con ella: de aquí que los "mitos" solares y los grandes hechos de la Iniciación viniesen a quedar estrechamente enlazados. Por esto cuando el Cristo Maestro llegó a ser el Cristo de los Misterios, las leyendas de los Héroes más antiguos de estos Misterios se agruparon en torno suyo, y de nuevo se aplicaron al último Instructor divino las historias que, como representante del Logos en el Sol, le correspondían.
Entonces el festival de su natalicio se fundió en la fecha inmemorial cuando el Sol nació de la Virgen, cuando a la media noche, las tinieblas del espacio, se llenaron de regocijadas huestes de seres celestiales, y “Muy temprano, muy temprano nació Cristo”.
Cuando se le aplicó la gran leyenda del Sol, fue adoptado el signo del Cordero para Su crucifixión, así como el de la Virgen se habría adoptado para su nacimiento. Hemos visto que el Toro fue consagrado a Mithra y el Pescado a Oannes; por idéntica razón fue el Cordero consagrado a Cristo; era el signo del equinoccio de primavera en el período de la historia en que cruzó el gran círculo del horizonte, en que fue "crucificado en el espacio."
Estos mitos solares, siempre repetidos a través de los siglos, con un Héroe de diferente nombre en cada nueva aparición, no pueden quedar inadvertidos para el hombre estudioso, aunque los ignore, como es natural, el simple devoto; y cuando se les emplea como arma para mutilar o destruir la majestuosa figura de Cristo, hay que hacerles frente, no para negar los hechos sino para comprender el significado más profundo de las narraciones: las verdades espirituales que las leyendas expresan bajo su velo.
¿Por qué se han mezclado estas leyendas con la historia de Jesús, condensándose en torno suyo como personaje histórico? Son éstas, en realidad, narraciones que no incumben de modo particular a un individuo llamado Jesús, sino que pertenecen al Cristo universal, a un Hombre que simbolizaba a un Ser Divino y que representaba una verdad fundamental de la Naturaleza; a un Hombre que cumplió cierto cometido y tuvo una posición característica respecto de la humanidad, guardando con ella especial parentesco, renovando una edad tras otra, conforme las generaciones sucedían a las generaciones y las razas daban lugar a otras razas. De aquí que Cristo, como todos los otros, fuese el "Hijo del Hombre", título peculiar y distintivo, el título de un cargo, no de un individuo.
El Cristo del Mito Solar fue el Cristo de los Misterios; y así encontramos el secreto del Cristo mítico en el Cristo místico.




Notas del presente post:
(1) Vol. II, Justino Mártir, Apología Primera, párrafos LIV, LXII y LXVI.
(2) Ibid, Apología Segunda, pár. XIII.
(3) Vol. VII, Tertuliano. Sobre el Bautismo, cap. V.
(4) El lector estudioso puede ver la narración de la "Cueva" y de sus habitantes de
Platón, teniendo presente que era un Iniciado. República, lib. VII.
(5) Eliphas Levi. The Mysteries of Magic, pág. 48.
(6) Bonwick. Egyptian Belief, pág. 157. Citado en Great Law, página 26, por
Williamson.
(7) La festividad "Natalis Solis Invicti", natalicio del Sol Invencible.
(8) Williamson. The Great Law, págs. 40-42. Los que deseen estudiar este asunto de las
Religiones Comparadas, no pueden hacer nada mejor que leer The Great Law, cuyo
autor es profundamente religioso y cristiano.
(9) Ibid. págs. 36-37.
(10) The Great Law, pág. 116.
(11) Ibid, pág. 58.
(12) Ibid, pág. 56.
(13) The Great Law, págs. 120-123.


v.a. Annie Besant

viernes, 21 de diciembre de 2007

Simbología navideña: Los reyes magos

La llamada fiesta de la Epifanía o Adoración de los Reyes Magos hunde sus raíces en el pasado más remoto y misterioso. Las primeras huellas de una festividad equivalente pueden encontrarse en el Egipto faraónico, para el cual la fecha del 11 tybi (6 de enero) era el día de la "manifestación del nuevo sol". Epifanía, precisamente, quiere decir "manifestación".

En los Evangelios el papel de los Reyes Magos está muy difuminado y hace falta recurrir a una interpretación esotérica para advertir su significado. Para René Guénon la figura de los tres Reyes Magos, "venidos de Oriente", son la actualización de Melkisedec, mítico rey de Salem, "señor de paz y justicia", a la vez que rey, sacerdote y profeta, un equivalente hebreo a la tradición universal del Rey del Mundo.

Adentrándose en los mitos de su iconografía, iconología y símbilos asociadas a cada uno de ellos tenemos representados en cuadros, códices, pinturas y grabados desde el siglo IV principalmente en Europa media y el Medio Oriente las siguientes correlaciones:Los Tres Reyes Magos, sus ofrendas, su apariencia y el animal que les vincula.

·Melchor: Un anciano blanco con barbas blancas. Su regalo para Jesús es oro, representando su naturaleza real. El Camello le transporta. La tración que representa es la línea del conocimiento Védico de la India. Quzá el más antiguo, a los vedas como fuente de conocimiento y a la tradiciòn solar como la línea más consistente de los Avataras, hijos del Bishnu y Shiva, reencarnado para dotar al hombre del camino del retorno al sol. La ofrenda es en alquimia el oro de los filósofos o el fuego universal de la Gran Obra.

·Gaspar: Joven de cabellos negros. Su regalo es el incienso, que representa la naturaleza divina de Jesús. El animal que monta es el Caballo, símbolo de la inteligencia humana que puede domesticar los impulsos. La tradión que representa es el Zoroastrismo Persa, vigente en los tiempos del cautiverio Judío en Babilonia y máxima representación del Mazdeismo, el Or Mazda como Rey Sol que se manifiesta como el misterio de la esfige aldada que guarda el Gran Secreto. El incienso como ofrenda representa al aire, la inteligencia de los cielos y la ciencia de la naturaleza. Tradición del Turquesrtán transhimalayico que de vez en vez deja vertir las grandes enseñanzas a las tierras bajas de Turkia, Irán, Irák y desde luego Palestina, los recolectores de la Miel Dorada, el alimento de los hombre inmortales, la tradición Solar Sarmon o Sarmuni, de donde tiempos después abrebara el Gran Profeta Muhamad, el Señór lo Tenga en Su Gloria, llamado Mohamed o Maoma, descendiente la tribu de Ismael, y quién recibera el gran Secreto del Rostro del enviado Arcángel Gabriel.

·Baltasar: De raza negra. Su regalo a Jesús es mirra, que representa su sufrimiento y muerte futura. Su animal que monta e el Camello. Su tradición es la de Africa del Norte, el Egipto Medio, la tradiciòn Cobda Faraónica, los Hijos del Sol Osiris, e Isis la Gran Madre Nuth. Continuidad del aprendizaje del misterio de los Hombres Alados, Cobra Aguíla. Serpiente Alada, que revela sus misterios ante la Gran Esfinge. Su ofrenda representa en los aceites, el agua. Sustancia que sirve para prepar los cuerpos al morir, pero también al adquirir el nacimiento nuevo por el misterio del Baptismerio o Bautismo, purificación por agua.Ahí los tienes grandes reyes y magos, postrados de hinojos como dicen las escrituras de Mateo, unidos al cuarto elemento, Madre María la Madre Tierra y Estrella del Cielo, conjuntando los elementos necesarios para la revelación de la Quinta Escencia o Quinto Elemento, el Verbo Luz con Cuerpo de Hombre Sol.Grandes símbolos y misterio para las futuras generaciones.

El Evangelio -siempre siguiendo a René Guénon- ha dividido la función de Melkisedec en tres personajes, a la vez regios, que ofrecen a Jesús recién nacido, oro, incienso y mirra, símbolos de la realeza, el sacerdocio y la profecía. Tales ofrendas serían un reconocimiento del "Rey del Mundo" al papel divino de Jesús.

Pero también podemos recurrir a la tradición hermética y a la alquimia para intuir la importancia y el significado de la Epifanía. Se sabe por tradición que los Reyes Magos llegaron hasta el portal de Belén siguiendo las huellas de una estrella "de Oriente". Pues bien, uno de los minerales utilizados por los alquimistas en sus laboratorios era el sulfuro de antimonio, que tiene la particularidad de, una vez fundido, contraer su superficie en la lingotera, dando origen en su centro a una estrella de seis puntas, que los alquimistas consideraban "la signatura con que el Divino había marcado a la materia prima de la obra filosofal".

Esto, lejos de ser un apunte erudito, contribuye a redondear la figura de los "Reyes Magos". En realidad, los partidarios de la alquimia sitúan esta ciencia por encima de cualquier otra técnica tradicional, en tanto que la realización de la obra hermética daría acceso a los tres poderes que caracterizaban a Hermes Trimegisto (el tres veces grande), el de la realeza, el sacerdocio y la profecía.

La interrelación entre Reyes Magos y alquimia viene favorecida, además, por los colores de cada uno de ellos: blanco, rubio-dorado y negro, alusión apenas disimulada a las tres fases de la obra hermética: la obra al blanco o "albedo", la obra al negro o "nigredo" y la obra al rojo o "rubedo".

Pero también hay que ver en la fiesta de la Epifanía un momento de exaltación caballeresca, fr4ecuentemente incorporado a los ciclos heroicos medievales. El rey pescador, el mítico Preste Juan, rey de un país remoto, rey y sacerdote a la vez, sería un avatar de los Reyes Magos. Juan de Hildesheim llega incluso a decir que era su heredero.

Fue el "Buen Barbarroja", Federico I Hohenstauffen, quien renovó el culto a los Reyes Magos trayendo lo que consideraba sus restos a Colonia. Esto ocurría en el siglo XIII y dio origen a la "fiesta de los locos". En medio del jolgorio general, cada ciudad elegía un "rey de los locos"; pero en el siglo XIV, la fiesta, que entroncaba con celebraciones mistéricas y paganas, fue prohibida por la Iglesia y su simbolismo pasó al carnaval.

Pero, sintetizando y adentrándonos mas profundamente en los misterios de la alquimia solar o crística y su simbología más profunda , diremos que la adoración del Rey de Reyes es una consecuencia lógica y anhelada por todos, entregarle mirra, oro e incienso, así como todo tipo de ofrendas es señal de agradecimiento al trabajo interno...
En el proceso de purificación las aguas o Mercurio secreto de la filosofía hermética o alquímica empezarán a destilar los colores propios del iniciado en el arte del Amor. Por lo tanto el Rey Negro, será el primero, posteriormente el Rey Blanco, le seguirá el Rey Amarillo y finalmente se culminará la Gran Obra con el Rojo o Púrpura, representado en el color de las capas de los Reyes Magos, venidos desde Oriente, donde nace el sol...
Esta representación de la adoración de los Reyes es uno de los muchos símbolos que guarda el arte hermético de la Alquimia, sus colores son la guía clara del momento que esta atravesando el forjador de metales...
Esta Navidad y todas las Navidades no viviremos plenamente mientras el niño de oro de la alquimia no nazca en nuestro corazón...
Es por eso que suplicamos, rogamos y humildemente pedimos que nos sea permitido comprender estos misterios de la Navidad para vivirlos más internamente que externamente, y así ser merecedores un día de participar en la construcción de la Gran Obra del Padre.


martes, 11 de diciembre de 2007

Simbología navideña: La estrella de Belén

La Estrella de Belén es Vista Interiormente, Internamente, con los Sentidos del Alma, por todo "Rey Mago" , es decir, por todo Iniciado Cristiano. Varias veces aparece la Estrella en el Firmamento del Cielo Interior, Espiritual, de todo auténtico Iniciado . Todo "Rey Mago" Ve a la Estrella de "Belén", "Stella Maris", que lo Guía en el Camino hacia la Compostela Interior...
Mas también acontecen Señales en el firmamento del Cielo que anuncian el Nacimiento o la Encarnación del Messiah (Mesías).
Entre las Señales de los Cielos que anunciaron la Encarnación del V.M. Jesús el Cristo, Nuestro Señor, el Supremo Maestro de la Logia Blanca, el Adorable Salvador del Mundo, el Hijo Unigénito del Padre Celestial Absoluto, la Más Elevada y Mayor de todas las Jerarquías Superiores (El Helyon), están las siguientes:
La Aparición del Cometa Halley en el Siglo 12 anterior a nuestra Era Cristiana, y el acercamiento de Júpiter-Saturno en la constelación de Piscis en el Año 7 anterior a nuestra era Cristiana...
El Cometa que ahora es llamado "Halley", en los Vedas es llamado "Dhumraketu", el cual fue visible en el Año 12 anterior a la era cristiana. No queremos con ello decir, ni dar a entender, que esta fue la fecha del "nacimiento" de Jesús. Queremos es decir que el Cometa que ahora llamamos "Halley", Anunció en el Cielo Acontecimientos Iniciáticos-Esotéricos dentro de Jesús, y fue la Señal que Anunció el acercamiento del Inicio de Su Misión.
El acercamiento de Júpiter y Saturno en la Constelación de Piscis en el año 7 anterior a la era cristiana, es otra Señal en el Cielo, que Anunció el Nacimiento Interior, Espiritual del Mesías prometido por Dios a Moisés, "igual que" Dios (Deuteronomio 18: 15), cuando ocurrió una triple conjunción planetaria entre Júpiter y Saturno, en la constelación de Piscis...
Un año después, en el año 6 antes de la era cristiana, Marte, Júpiter y Saturno se agruparon muy próximamente, en la misma constelación de Piscis.En "El Evangelio Armenio de la Infancia", se narra que "los Magos de Oriente", llegaron a Jerusalem, con el objeto de visitar y adorar a Jesús, "después de nueve meses de viaje":
"... he aquí que los magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de Jerusalén. (...) y la estrella que los precedía, los condujo, con sus tropas, a la ciudad de Jerusalén, después de nueve meses de viaje..."
Antiguas tradiciones Rabínicas hablan de la Revelación o del Descubrimiento del Mesías, el que sería anunciado por una Conjunción Planetaria de Júpiter y de Saturno en la Constelación de Piscis, hecho que sucedió en el Año 7 anterior a nuestra Era Cristiana.
En el año de 1925, el investigador alemán P. Schnable logró descifrar unos Textos neobabilónicos de escritura cuneiforme en una tablilla que contiene datos sorprendentes relacionados con la Conjunción de Júpiter y Saturno en el Año 7 antes de nuestra Era Cristiana... Esta Tablilla actualmente se encuentra en el "Museo Estatal de Berlín", y fue hallada entre las ruinas de un templo del Sol, en la escuela de Astrología "Sippar" (ciudad localizada antiguamente a aproximadamente cien kilómetros hacia el norte de Babilonia).
Estos datos son indicios innegables del conocimiento que tuvieron los Astrólogos o "Magos", Caldeos, de esta Señal en el Cielo: El Signo en los Cielos que anunciaba la Reencarnación de Su Maestro el Gran Zoroastro...
En "El Evangelio Árabe de la Infancia", se narra que "tres reyes, hijos de los reyes de Persia" , al ver la Estrella en el cielo de Persia que les anunciaba "según que Zoroastro lo había predicho", que había "nacido el Rey de los Reyes, el Dios de los Dioses, la Luz emanada de la Luz...":
"Llegada de los magos"
"VII 1. Y la noche misma en que el Señor Jesús nació en Bethlehem de Judea, en la época del rey Herodes, un ángel guardián fue enviado a Persia. Y apareció a las gentes del país bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 del primer katun (fiesta de la Natividad del Cristo) había gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos, en pomposo aparato, celebraban magníficamente su solemnidad, cuando de súbito una luz vivísima brilló sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas sus diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo insólito.Y vieron que una estrella ardiente se había levantado sobre Persia, y que, por su claridad, se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua: ¿Qué es este signo que observamos? Y, como por adivinación, contestaron, sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el dios de los dioses, la luz emanada de la luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido a anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelación, todos, jefes, magistrados, capitanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes: ¿Qué presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y mirra. Entonces tres reyes, hijos de los reyes de Persia, tomaron, como por una disposición misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libras de incienso y el tercero tres libras de mirra. Y se revistieron de sus ornamentos preciosos, poniéndose la tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo, abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en marcha, guiados por la estrella que les había aparecido. Y el ángel que había arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimento a Daniel, recluido en la cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la virtud del Espíritu Santo, condujo a los reyes de Persia a Jerusalén, según que Zoroastro lo había predicho..."
No queremos decir que los "Magos" a los que se refiere el Evangelio del Apóstol Mateo, haya que interpretarlos en su sentido literal como el Apóstol lo relata... Pues en todo ello hay Enseñanzas Simbólicas, Iniciáticas, Esotéricas... Lo cual tampoco excluye la existencia de Iniciados o "Magos" que hayan Conocido e Interpretado las Señales que se dieron en el Cielo por aquella época...
"En simbolismo teológico... Júpiter [el Sol] es el triunfante y glorioso Salvador, y Saturno es el Dios Padre, o el Jehovah de Moisés (6)." (V.M. H.P. Blavatsky, Volumen V, Sección XXXVI).
"Júpiter" pues y "Saturno", en la Clave Teológica, representan respectivamente al Cristo-Sol, y al Dios Padre...
La triple conjunción de los dos planetas en la constelación de Piscis explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por el Evangelio.
La tercera conjunción de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre.
En "El Evangelio Árabe de la Infancia", se describe a "La Estrella", como "una estrella ardiente" parecida "a un gran sol":
Los Magos Persas "... vieron que una estrella ardiente se había levantado sobre Persia, y que, por su claridad, se parecía a un gran sol..."
Teniendo en cuenta primeramente y principalmente la simbología Esotérica, Alquímica que hay en estos hermosísimos y poéticos Relatos de los Evangelios de la Infancia, los anteriores textos también nos hablan de una gran estrella ardiente, parecida "a un gran sol"... ¿Un cometa? ¿Una Conjunción como la de Júpiter y Saturno unidos como un solo Astro?
En antigua Astrología se consideraba a la Constelación de Piscis como una "Señal" del "Final de los Tiempos"... Y este "Final de los Tiempos", no se refiere siempre al final último, si bien también lo es en una de sus varias explicaciones...
"1 Y COMO fué nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente á Jerusalem, 2 Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle. 3 Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él. 4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea; porque así está escrito por el profeta: 6 Y tú, Bethlehem, de tierra de Judá, No eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará á mi pueblo Israel.7 Entonces Herodes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella; 8 Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y después que le hallareis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9 Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron:y he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño. 10 Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11 Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra.12 Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino. 13 Y partidos ellos, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José, diciendo: Levántate, y toma al niño y á su madre, y huye á Egipto, y estáte allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para matarlo. 14 Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto; 15 Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes:para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor, por el profeta que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.16 Herodes entonces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató á todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos.17 Entonces fué cumplido lo que se había dicho por el profeta Jeremías, que dijo: 18 Voz fué oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido: Rachêl que llora sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron."(Mateo 2. 1-18).
Los "Magos" vieron "... la estrella ... en el oriente...", es decir, una Estrella subiendo en el Oriente poco antes de la salida del Sol, "in the rising"...

En el amanecer del gran día cósmico, el Primer Logos, el Padre, dijo al Tercer Logos, el Espíritu Santo:
"Id, fecundad a mi esposa la materia caótica, la Gran Madre, para que surja la vida; empero, tu verás."
Así habló el Padre, y el Tercer Logos se inclinó reverente. Amanecía la aurora de la creación.En los siete templos del caos trabajaron los Cosmocratores, el ejército de los constructores de la aurora, la hueste de los Elohim, el Tercer Logos.
Tres fuerzas son indispensables para toda creación; la fuerza positiva, la fuerza negativa y la fuerza neutra.
Ante el altar del templo un Elohim se polarizó en forma masculina, positiva, y el otro en forma femenina, negativa.
La planta baja del templo, el coro de los Elohim, representó la forma neutra.
Este orden de las tres fuerzas quedó así establecido en cada uno de los siete templos del caos primitivo. Cantaba el divino varón, cantaba la divina mujer, cantaba el coro de los Elohim.
Toda la liturgia de los siete templos fue cantada y la Gran Palabra hizo fecundo el vientre de la Gran Madre Divina.
"En, el Principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.""Este era en el principio con Dios.""Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada de la que ha sido hecho fue hecho." "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres."
El Verbo hizo fecundas las aguas de la vida, y el universo en su estado germinal surgió espléndido en la aurora.
El Espíritu Santo fecundó a la Gran Madre y nació el Cristo. El segundo Logos es siempre hijo de la Virgen Madre.
Ella es siempre virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Ella es María, Isis, Adonia, Isoberta, Rea, Cibeles, etc.
Ella es el caos primitivo, la Sustancia Primordial, la Materia Prima de la Gran Obra.
El Cristo Cósmico es el ejército de la Gran Palabra y nace siempre en los mundos y es crucificado en cada uno de ellos para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia.
Hermanos míos: Observad el Astro Rey en su movimiento elíptico. El sol se mueve de sur a norte y de norte a sur. Cuando el Sol avanza hacia el norte se celebra el nacimiento del Niño Sol. Él nace el 24 de Diciembre a la media noche ya para amanecer del veinticinco.
Si el Cristo Sol no avanzara hacia el norte, la Tierra toda se convertiría en una gran mole de hielo y toda vida perecería, pero el Dios Sol avanza hacia el norte desde el veinticuatro de Diciembre para animar y dar calor y vida a todas las criaturas.
El Niño Sol nace el veinticuatro ya para amanecer del veinticinco de Diciembre y se crucifica en el equinoccio de primavera para dar vida a todo lo que existe.
Lo fijo de la fecha de su nacimiento y lo variable de su muerte tienen siempre en todas las teologías religiosas honda significación.Débil y desvalido nace el Niño del Sol en este humilde pesebre del mundo y en una de esas noches muy largas del invierno, cuando los días son muy cortos en las regiones del norte.El signo de la Virgen Celestial se eleva en el horizonte por la época de Navidad y así nace el Niño para salvar al mundo.
El Cristo Sol durante la infancia se encuentra rodeado de peligros, y es a todas luces bien claro que el reino de las tinieblas es mucho más largo que el suyo en los primeros días, pero él vive a pesar de todos los terribles peligros que lo amenazan.
Pasa el tiempo..., los días se prolongan cruelmente y llega el equinoccio de primavera, la Semana Santa, el momento de cruzar de un extremo a otro, el instante de la crucifixión del Señor en este nuestro mundo.
El Cristo Sol se crucifica en nuestro planeta Tierra para dar vida a todo lo que existe, después de su muerte resucita en toda la creación y madura entonces la uva y el grano. La Ley del Logos es el sacrificio.
Este es el drama cósmico que se repite de momento en momento en todo el espacio infinito, en todos los mundos, en todos los soles. Este es el drama cósmico que se representa en todos los templos de Egipto, Grecia, India, México, etc. Este es el drama cósmico que se representa en todos los templos de todos los mundos del espacio infinito.
El aspecto secundario de este gran drama corresponde con entera exactitud a todo individuo sagrado que mediante la revolución de la conciencia alcanza la Iniciación Venusta y se convierte en Héroe Solar.
La Navidad es una fiesta solar, una fiesta cósmica inefable que tiene su origen en la noche profunda de los siglos.
El sol físico tridimensional es tan sólo el vehículo de acción del sol espiritual. El sol físico, el místico, encuentra al sol de la medía noche, a la estrella de Belén, al Cristo Cósmico.
Todas las religiones arcaicas rindieron siempre culto al sol, y hasta el Vaticano está construido en tal forma que sus puertas están abiertas hacia el oriente, hacia donde sale el sol.
Los cristianos primitivos decían siempre con gran devoción: "Nuestro Señor Jesucristo el Sol".

Y aún, mas allá de toda especulación, la estrella de Belén representa esotéricamente también el sello de Salomón. Las seis puntas de la estrella son masculinas. Las seis ondas entradas que se forman entre punta y punta, son femeninas. (En resumen esta estrella tiene doce rayos) Seis masculinos, seis femeninos. En ellas están resumidos y sintetizados, los misterios de la sexualidad sagrada (arcano AZF).

El sello de Salomón. La estrella de Navidad es el símbolo perfecto del sol central. (El Cristo Cósmico, unidad múltiple perfecta) Jamás puede nacer el niño Dios en el corazón del hombre, sin el resplandor y la vida de la brillante estrella de Navidad. Hay que trabajar con el arcano A.Z.F para poder encarnarlo.
En el sello de Salomón se hallan resumidas todas las medidas zodiacales, los doce rayos de la brillante estrella cristalizan mediante la Alkimia, en las doce constelaciones zodiacales. En el sello de Salomón se hallan escritas las íntimas relaciones que existen entre el zodíaco, y el invencible sol central. El Génesis sexual del zodíaco está representado en el sello de Salomón. El venerable maestro de la luz Hilarus IX hablando de la brillante estrella dijo: "es la forma básica de todas las cristalizaciones y el modelo esquemático de todas las floraciones". "Sus dos triángulos, que junta o separa el amor, son las lanzaderas con que se teje o desteje el misterio inefable de la vida eterna" "Arriba la Santísima Eternidad, que actúa como el Padre el Hijo, y el Espíritu Santo". "Abajo su contraparte con el poder que gobierna, el poder que delibera, y el poder que ejecuta". "Yo soy" "La estrella resplandeciente de la mañana" exclama Juan, el "Bien Amado" de Cristo, al recibir de sus propias manos la iniciación venusta.
"Y así cada vez que el eterno geómetra fija su atención en un punto del espacio, al punto surge la gloriosa estrella anunciando el nacimiento de un nuevo estado de conciencia. El arquetipo de un Ser, un globo, un astro, un sol" (Cuarto Mensaje del Avatara ASHRAMA)
"Y la estrella que habían visto en el oriente, va delante de ellos hasta que llegando, se detuvo donde estaba el niño". Melchor, Gaspar y Baltasar, los tres Reyes Magos, fueron guiados por la brillante estrella, y Jesús nació del agua y del fuego, entre el resplandor de la brillante estrella de Belén.

Para esperar este advenimiento en nuestro corazón debemos dispopnernos de tal manera como decía el Patriarca Cristiano San Gregorio Nasciaceno:Esto es nuestra fiesta, esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres para que nosotros nos acerquemos a Dios o, más propiamente, para que volvamos a Él, para que despojados del hombre viejo nos revistamos del nuevo y muertos en Adán, vivamos en Cristo […] Celebramos, en suma, la fiesta. No una fiesta pública, sino divina; no mundana, sino por encima del mundo, no nuestra fiesta sino la del Señor. No las cosas de nuestra enfermedad, sino las de nuestra curación, no las de nuestra creación, sino las de nuestra restauración.

Bibliografia:
Mensajes de Navidad: Samel Aun Weor
"La Doctrina secreta" : Helena P. Blavatsky
Homilía 38: Gregorio Nacianceno
"El regreso del Mesías": Luis Bernardo Palacio Acosta

lunes, 29 de octubre de 2007

El verdadero significado de la Navidad

Sobre el simbolismo de la Navidad... es claro que éste es un evento maravilloso, sobre el cual urge meditar profundamente.
El Sol, cada año, realiza un viaje elíptico que comienza desde el 25 de diciembre en adelante. Luego regresa otra vez hacia el Polo Sur, hacia la zona donde está la Antártida. Por eso, precisamente, vale que reflexionemos en su honda significación.
Por estos tiempos comienza el frío, aquí en el Norte, debido precisamente a que el Sol se está alejando hacia las regiones australes, y el 24 de diciembre el Sol habrá llegado al máximum, en su viaje hacia el Sur. Si no fuera porque el Sol avanza hacia el Norte, desde el 25 de diciembre en adelante, moriríamos de frío, la Tierra entera se convertiría en una mole de hielo y perecería, realmente, toda criatura, todo aquello que tenga vida. Así, pues, bien vale la pena que reflexionemos en el acontecimiento de la Navidad...
El Cristo-Sol debe avanzar para darnos su vida, y en el equinoccio de la primavera se crucifica en la Tierra; entonces madura la uva y el trigo. Y es precisamente en la primavera cuando debe el Señor pasar por su vida, pasión y muerte, para luego resucitar (la Semana Santa es en primavera). El Sol físico no es más que un símbolo del Sol espiritual, del Cristo-Sol. Cuando los antiguos adoraban al Sol, cuando le rendían culto, no se referían propiamente al Sol físico. No, se le rendía culto al Sol espiritual, al Sol de la medianoche, al Cristo-Sol.
Incuestionablemente, es el Cristo-Sol quien debe guiarnos en los mundos superiores de conciencia cósmica. Todo místico que aprende a funcionar fuera del cuerpo físico a voluntad es guiado por el Sol de la medianoche, por el Cristo Cósmico.
Es necesario aprender a conocer los movimientos simbólicos del Sol de la medianoche. Él es quien guía siempre al iniciado, él es quien nos orienta, él es quien nos indica lo que debemos y no debemos hacer. En el sentido esotérico más profundo, teniendo en cuenta que todo iniciado sabe salir del cuerpo físico a voluntad.
Desde que uno está en la Senda tiene que guiarse por el Sol de la medianoche, por el Cristo-Sol, aprender a conocer sus señales, sus movimientos. Si uno lo ve, por ejemplo, hundirse allá en el ocaso, ¿qué nos está indicando?. Sencillamente, que algo debe morir en nosotros. Si uno lo ve surgir por el oriente, ¿qué nos dice eso?. Que algo debe nacer en nosotros...Cuando salimos bien en las pruebas esotéricas, él brilla en toda su plenitud (en el horizonte). El Señor nos orienta en los mundos superiores, y uno tiene que aprender, pues, a conocer sus señales.
Dubuy, y muchos otros, han estudiado el maravilloso acontecimiento de la Navidad. No hay duda (y eso lo reconoce Dubuy) de que todas las religiones de la antigüedad celebraron la Navidad... Así como el Sol físico avanza hacia el Norte, para dar vida a toda la creación, así también el Sol de la medianoche, el Sol del espíritu, el Cristo-Sol, nos da vida si nosotros aprendemos a cumplir con sus mandamientos.En las sagradas escrituras, obviamente, se habla del acontecimiento solar (y hay que saberlo entender entre líneas). Cada año se vive, en el macrocosmos, todo el drama cósmico del Cristo-Sol (cada año, repito). Téngase en cuenta que el Cristo-Sol debe crucificarse cada año en el mundo, vivir todo su drama de la vida, pasión y muerte, para luego resucitar en todo lo que es, ha sido y será, es decir, en todo lo creado. Así es como todos recibimos la vida del Cristo-Sol. También es cierto que cada año el Sol, al alejarse por las regiones australes, nos deja aquí en el Norte tristes, pues él va a dar la vida a otras partes. Las noches largas del invierno son fuertes; en tiempo de Navidad, los días son cortos y las noches largas.
Conviene que entendamos lo que es, ciertamente, el drama cósmico. Se hace necesario que en nosotros también nazca el Cristo-Sol (él debe nacer en nosotros).
En las sagradas escrituras se habla claramente de "Belén" y de un "establo" donde él nace. Ese "establo" de "Belén" está dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Precisamente, en ese "establo interior" moran los animales del deseo, todos esos "Yoes" pasionarios que cargamos en nuestra psiquis; eso es obvio. Belén mismo, es un nombre esotérico.
En tiempos en que el Gran Kabir Jesús vino al mundo, la aldea de Belén no existía.
De manera que eso es completamente simbólico. Bel es una raíz caldea que significa "Torre del Fuego". De manera que, propiamente dicho, "Belén" es "Torre de Fuego". ¿Quién podría ignorar que BEL es un término caldeo que corresponde, precisamente, a la Torre de Bel, la Torre del Fuego?. Así, pues, Belén es simbólico completamente.
Cuando el Iniciado trabaja con el Fuego Sagrado, cuando el Iniciado elimina de su naturaleza íntima los "agregados psíquicos", cuando en verdad está realizando la Gran Obra, indubitablemente ha de pasar por la Iniciación Venusta.
El descenso del Cristo al corazón del hombre, es un acontecimiento cósmico-humano de gran trascendencia. Tal evento corresponde, en verdad, a la iniciación venusta.
Muchos suponen que el Cristo, exclusivamente, fue Jesús de Nazareth, y están equivocados. Jesús de Nazareth como hombre, o mejor dijéramos, Jeshuá Ben Pandirá como hombre, recibió la iniciación venusta, lo encarnó; mas no es el único que haya recibido tal Iniciación.
Así pues que, debemos entender al Cristo como es: no como una persona, no como un sujeto. El Cristo está más allá de la personalidad, del "Yo" y de la individualidad; el Cristo, en esoterismo auténtico, es el Logos, el Logos Solar, representado por el Sol. Ahora comprenderemos por que los incas adoraban al Sol, los nahuas le rendían culto al Sol, los mayas lo mismo, los egipcios idénticamente, etc.
No se trata de la adoración a un Sol físico, no, sino a lo que oculta tras ese símbolo físico. Obviamente, se adoraba al Logos Solar, al Segundo Logos. Ese Logos Solar es unidad múltiple perfecta (la variedad es unidad).
En el mundo del Cristo Cósmico, la individualidad separada no existe; en el Señor, todos somos Uno.
...El Cristo íntimo debe salvarnos, pero salvarnos desde adentro a todos nosotros. Quienes aguardan la venida de Jesús de Nazareth para un remoto futuro, están equivocados. El Cristo debe venir ahora, desde adentro; la segunda venida del Señor es desde adentro, desde el fondo mismo de la conciencia. Por eso está escrito lo que él dijo: "Si oyeres a alguien diciendo que en la plaza pública está el Cristo, no creáis. Y si os dijeran: está allí en el templo, predicando, no creáis...". Es que el Señor no vendrá esta vez desde afuera, sino desde adentro; vendrá desde el fondo mismo de nuestro corazón, si nosotros nos preparamos.
Pablo lo aclara, diciendo: "De su virtud tomamos todos gracia por gracia"; entonces, hay documentación. Si uno se estudia cuidadosamente a Pablo de Tarso, veremos que rara vez alude (él) al Cristo histórico. Cada vez que Pablo de Tarso habla sobre Jesucristo, se refiere al Jesucristo Interior, al Jesucristo Íntimo, que debe surgir en el fondo de nuestro espíritu, de nuestra alma. (1)

En tanto un hombre no lo haya encarnado, no puede decirse que posee la vida eterna. Sólo él puede, verdaderamente, darnos vida, y dárnosla en abundancia. Así, pues, debemos ser menos dogmáticos y aprender a pensar en el Cristo Íntimo... ¡Eso es grandioso!

Samael Aun Weor
(1) Pablo dice también: ‘Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí’ (Gál 2, 20).