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miércoles, 6 de julio de 2011

Lucifer: El brillante Lucero de la mañana

Lucifer: Nombre latino de la divinidad griega Fósforo o Heósforo (la antorcha de la aurora), nombre dado a la ESTRELLA MATUTINA, el astro que anuncia la aurora(2012) y trae la luz del día. Significa “el Portador de la Luz”. (Diccionario de Mitología Grecorromana de Pierre Grimal, Edit. Paidós).

Yo, Jesús, envié mi ángel a notificaros estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y la prosapia de David, EL LUCERO BRILLANTE DE LA MAÑANA. (Apocalipsis  cap. 22, ver.16).

La noche más oscura y tormentosa: tal fue el principio de la creación.

En el ojo del ciclón reinaba la quietud y el silencio, a su alrededor, la agitación de la terrible tempestad.

Entonces surgió el primer rayo en la negrura de aquel universo. Su voz fue el primer trueno que rodó inexorable a los confines del profundo abismo.

Aquel rayo tuvo un nombre, se llamó Lucifer: el Portador de la Luz.

Lucifer fue la primera luz que rompió la profunda oscuridad del tiempo.

Lucifer fue el primer sonido que bramó en el amorfo silencio de aquella sorda oscuridad.

Fue Lucifer el primer relámpago, el portador de la luz, la primera chispa de conciencia en aquel dormido universo.

Fue su propio destello, su propia luz, que le permitió percibirse a sí mismo. Esto lo convirtió en eterno e inmortal. Y así fue como Lucifer llegó a ser el único rayo que dura para siempre.

Y con su pensamiento de trueno, que fue la primera voz y sonido del universo, se dijo a sí mismo:

- Seré recordado como el eterno rebelde; como aquél que rompió la paz de la oscuridad y la ignorancia infinita. Soy el espíritu en acción, hambriento de conocerse a sí mismo a través de este profundo y negro universo.

Y diciendo esto se sumergió en el oscuro abismo, arrastrando su propia luz consigo. A su paso iba dejando una estela de chispas y centellas tras de sí. Centellas de luz, chispas de conciencia.

Y volviendo la mirada, Lucifer, contempló aquellos soles y estrellas alumbrando la noche eterna. Entonces exclamó:

- Seréis mi hueste, mis rebeldes, mis guerreros. Sois mis hijos, mis hermanos, mis compañeros. Sois parte de mi luz, sois mi voz, mi conciencia. Sois yo mismo.

Y siguiendo su camino volvió a sumergirse en la profundidad, dejando su senda, una estela de luz en el mar de la inmensa oscuridad.

Entonces fue su viaje tan lejano y distante que su ida se convirtió en retorno. Mundos nuevos se mostraron a su vista. Y descubrió en ellos la obra de sus huestes rebeldes, de sus hijos guerreros: descubrió su propia obra.

Así fue como comprendió su razón de ser, comprendió el por qué de su existencia: sacar consciencia de lo inconsciente, obtener sabiduría de la ignorancia, sacar luz de la oscuridad.

Como relámpago que fulgura en las tinieblas, como trueno que retumba en el silencio, tal debía ser su misión.

Y de esta manera fue como Lucifer cayó a la tierra, al infierno, la más profunda de las negruras.

Profundo dolor el del espíritu aprisionado en la materia:

Lo libre es limitado, lo luminoso es opacado, la voluntad se convierte en pasión, la conciencia en olvido.

Soberbio desafío: transformar las tinieblas en luz, hacer de las pasiones fuerza de voluntad, convertir la ignorancia en conocimiento, la mediocridad en excelencia, liberar lo aprisionado, conquistar la materia, elevarla y hacerla una con el espíritu.

Y así fue como Lucifer cayó en el hombre. Fue en el hombre donde conoció el campo de batalla del espíritu, la guerra más cruel.

Y como hombre se conquistó a sí mismo. Y como hombre decidió conquistar al mundo.

Y caído en el hombre y, hecho hombre, se mezcló entre los hombres para propagar la luz.

Así fue como llegó hasta una gran ciudad, en la cual sus habitantes se caracterizaban por ser muy piadosos. Y vio con sorpresa que había gran cantidad de templos, de dioses y de creencias de todo tipo. Y se adoraban a dioses invisibles y a otros representados en imágenes. Y los ídolos tenían formas humanas o animales o de ambas. Y aquellos que eran invisibles al ojo tenían atributos humanos o animales o de ambos.

Y el aire estaba impregnado del olor a incienso y del sonido de los cánticos y plegarias rogando, alabando, dirigiéndose a la multiplicidad de dioses.

Entonces Lucifer viendo aquella confusión quiso extender su luz a los hombres y les dijo:

- ¿Por qué buscáis fuera, lo que tenéis dentro? ¿Acaso no sabéis que sois el templo de la luz y que la luz vive en vosotros? ¿No os dais cuenta que sois el templo de la sabiduría y la sabiduría habita en vosotros? ¿Por qué tanta ceguera? ¿A que tanta ignorancia? ¡Despertad, hombres dormidos! Despertad de vuestro profundo sueño. Despertad que la muerte acecha y tal vez os de caza mientras aún estáis dormidos y entonces así vuestro sueño será eterno. Romped las ataduras de vuestra ilusión ¡Despertad! No busquéis afuera, en lo externo, lo que vive adentro, en lo interno. ¿A qué viene tanta adoración a ídolos o a abstractos conceptos? ¿Es acaso que la madre de todas las oscuridades ha caído sobre vosotros? ¿No os dais cuenta que el Espíritu de la Vida palpita en vuestro corazón se mueve en vuestra respiración, percibe a través de vuestra conciencia?

¡Despertad, hombres dormidos! Despertad y dejad de perder tiempo adorando a falsos dioses externos. Dirigid vuestra atención hacia vosotros mismos, sentid la Conciencia y la Vida que habita en vosotros, entonces la Verdad os abrirá las puertas y entenderéis la realidad del mundo y de este universo.

Así habló Lucifer con voz de trueno, sin embargo, los hombres no lo entendieron y comenzaron a murmurar entre sí y a planear como deshacerse de aquel extraño que blasfemaba de aquel modo. Entonces Lucifer pensó para sí:

- Estos hombres aún no están maduros para la gran cosecha. Sus oídos no escuchan y sus ojos son incapaces de ver. Prudente será que me aleje de ellos, pues sus corazones están llenos de violencia y oscuridad.

Así Lucifer se alejó de aquellos hombres y de aquella ciudad. Y caminó por sendas solitarias, sendas que ningún hombre antes había caminado.

Y caminando así llegó a otra ciudad y con sorpresa vio que en aquella ciudad los hombres eran más ciegos e ignorantes que en la otra, pues proclamaban la existencia de un dios proclive a sacrificios y castigos. Se llamaban a sí mismos "El Pueblo Elegido" y consideraban a las otras naciones como animales.

Y según ellos todo en el universo había sido creado para su uso y a ellos les correspondía, por mandato y promesa de Dios, el gobierno de todo el mundo. Y sólo ellos poseían la verdad. Y sólo ellos eran los puros entre las naciones. Y sólo ellos eran los elegidos, los piadosos, los más elevados y sabios.

Y la sorpresa de Lucifer crecía cada vez más al escuchar los pensamientos y creencias imperantes en aquella ciudad. Y su sorpresa fue tanta que finalmente el pensar de aquellos hombres lo hastió y su voz tronó sobre la muchedumbre:

- ¿Qué necia locura os invade? ¿Decís que vuestro dios os creó a su imagen y semejanza? Pues yo os declaro la verdad y ésta es que vosotros habéis hecho a dios a vuestra imagen y semejanza, pues no he visto a dios más humano que el vuestro, ni tan lleno de humanos apetitos ni humanos defectos que vuestro dios. ¿Qué os habéis imaginado? ¿Quiénes os creéis? ¿Pensáis acaso que el Gran Espíritu de Vida, que anima a este universo, puede tener preferencias por algún individuo, pueblo o nación en merma de otros individuos, otros pueblos y otras naciones? ¿Acaso el sol priva de su luz a los malvados? ¡Porqué sois egoístas os habéis creado un dios egoísta! ¡Porqué sois injustos habéis creado un dios injusto! Porque debéis de saber la verdad y ésta es que vuestro dios no existe en realidad, es solo un reflejo, una proyección de vuestras almas. Y como vuestras almas son impuras y enfermas, vuestro dios es impuro y enfermo. Solo a individuos ciegos e ignorantes de la Luz de la Sabiduría se les puede ocurrir la existencia de un "pueblo elegido". Pues la verdad es que ningún dios o dioses eligen a un individuo, raza o nación, sino que es cada individuo, raza o nación que se eligen a sí mismos por medio de su voluntad. Y esta autoelección se realiza por esfuerzo y mérito propios, no por haber nacido dentro de una familia, religión, raza o nación.

Así habló Lucifer. Y el pueblo que lo escuchaba, con los rostros enrojecidos de la ira y las bocas espumosas de la rabia, le gritaron:

- ¡Blasfemo! ¡Maldito blasfemo!

Entonces Lucifer respondió:

- ¡Blasfemos vosotros! Blasfemos porque blasfemia es pretender rebajar a nivel humano aquello que está más allá de toda condición humana. ¡Blasfemos vosotros! Porque blasfemia es pretender dar origen divino a palabras y pensamientos provenientes de hombres ambiciosos, egoístas y arrogantes.

Entonces la multitud rugió llena de furor:

- ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! Derramen su sangre para así limpiar con ella la afrenta que ha cometido.

Entonces el pueblo enfurecido se arrojó contra Lucifer y comenzó a golpearlo con puños, palos y piedras. Y en medio de aquella furibunda marejada humana Lucifer pensó para sí:

- Estos hombres aún no están maduros para la gran cosecha. Sus oídos no escuchan y sus ojos son incapaces de ver. Prudente será que me libere y me aleje de ellos, pues sus corazones están llenos de odio, maldad y violencia.

Entonces la multitud arrastró a Lucifer hacia las afueras de la ciudad y comenzó a apedrearlo para darle muerte. Y no dejaron de arrojarle piedras hasta que su cuerpo, totalmente inerte, quedó sepultado bajo un rocoso manto.

El crepúsculo llevó consigo al último de los verdugos.

Entonces Lucifer apartando las piedras se incorporó. Aunque su cuerpo estaba lastimado, su espíritu permanecía intacto.

- ¿Por qué tanta ceguera? - se dijo - ¿Por qué tanta ceguera si en todos nosotros palpita la misma luz? ¿O será que en algunos esta luz se halla oculta por la ignorancia de sí mismos?

Y pensando estas cosas, Lucifer sacudió sus ropas y siguió "Su Camino", protegido por la noche.

Y el amanecer lo alcanzó caminando, pues Lucifer rara vez dormía. Y su descanso era la vigilia y la atenta meditación en sí mismo.
Y aunque el camino que ahora transitaba era más humano, los pocos hombres que se cruzaban con él esquivaban su mirada y evitaban su saludo. Así de pavorosa e imponente era el aura que se escapaba de su rostro.

Entonces sus pasos lo encaminaron a las puertas de otra ciudad. Y ésta era más hermosa, rica y lujosa que las anteriores. Y en la plaza central sobre una gran columna de oro y piedras preciosas estaba escrita la frase:

“Todo tiene su precio”.

Y en aquella ciudad habían muchos dioses, pero había uno que reinaba sobre todos aquellos y el nombre de este dios era: DINERO.

Y por dinero los hombres vendían a sus hijas y a sus mujeres. Y por dinero se vendían entre ellos y a sí mismos y vendían su alma, su lealtad, su honra, su sabiduría y conciencia.

Entonces Lucifer se sintió asqueado de aquella masa maldita y deseó salir inmediatamente de la ciudad, pero su conciencia le exigió decir algo a aquellas mentes oscurecidas.

Y encaramándose sobre la dorada columna, centro de la plaza mayor, Lucifer conjuró a la multitud:

- ¡Ah, humanidad perdida yo te maldigo!

Y aunque me arrastre pobre y herido entre el lodo, jamás seré tu esclavo, siervo, ni mendigo.

Entonces, sin agregar palabra, saltó de la columna y cayendo a tierra, encaminó raudo sus pasos a las afueras de la ciudad.

Pero aquellos que lo habían escuchado lo siguieron ofreciéndole hospedaje en sus casas, pues adivinaban que aquel forastero era dueño de una "extraña sabiduría" que querían poseer, sin embargo, al ver que no se detenía comenzaron a ofrecerle dinero y a intentar comprar su estadía entre ellos.

Entonces empezaron a ver quien daba más y se sorprendían de ver que aquel hombre ignoraba sus ofertas y pronto el precio ofrecido fue de diez millones de piezas de oro y este fue doblado y triplicado. Sin embargo, Lucifer no se vendió.

Y sus pasos lo llevaron a un valle donde un día antes se había realizado una gran batalla.

El campo se hallaba cubierto de cadáveres y su número se contaba por miles.

Entonces Lucifer caminó entre ese mar de muerte mientras pensaba:

- ¿Acaso no es el mundo idéntico a este valle? ¿No está sembrado de cadáveres, hombres vivos que aún no han comprendido que están muertos en su propia ignorancia?

Y al pensar esto su vista paseaba por entre los cuerpos inertes y mutilados.

Entonces, le pareció divisar a los lejos un solitario árbol y apoyado sobre su tronco a un guerrero moribundo.

Y Lucifer se dirigió hacia aquel hombre, contento de ver algo vivo en medio de tanta muerte.

Y sin decir una palabra dio de beber de su agua a aquel desconocido. Limpió su rostro ensangrentado e intentó curar sus heridas, pero descubrió que su pecho había sido atravesado sin compasión por una lanza enemiga. Entonces Lucifer habló:

- Tu corazón está destrozado.

Deberías estar muerto, pero aún vives.

A lo que el guerrero contestó, con voz suave pero firme:

- Me debí haber vendido y no lo hice. Debí haber huido y me quedé a luchar. Ahora debería estar muerto, sin embargo, sigo vivo. Es que mi espíritu es rebelde y me niego a aceptar aquello que no quiero. Debería haberme vendido y vivir en paz, como un cordero, pero no quise. Debería haber huido y no enfrentarme al enemigo, pero lo encaré. Ahora, agonizante y mal herido, debería estar muerto, pero no quiero morir.

Entonces los ojos de Lucifer brillaron con inusitada luz y comprendió que ante él había un hombre que, de alguna manera, se había encontrado a sí mismo.

Y se prometió no dejar morir a aquel hombre y usar de todo su poder para salvarlo, pues pensó que hombres como aquél era lo que necesitaba el mundo: hombres que no se vendieran ni retrocedieran ante el Enemigo, hombres con espíritu de lucha y deseos de vivir eternamente.

Entonces Lucifer impuso sus manos sobre las heridas sangrantes del guerrero, el cual al sentir el espíritu de vida y sanación que lo invadía exclamó:

- ¿Quién eres que me bendices con la vida?

A lo que respondió Lucifer:

- Soy el Portador de la Luz, la conciencia que se manifiesta bajo forma humana. Soy la fuerza que se esconde tras cada ser, cada hombre y mujer, cada bestia y cosa.

Y apenas hubo terminado de hablar, se puso de pie y emprendió su camino.

- ¿A dónde vas hombre extraño? - lo detuvo el guerrero - ¿Cuándo podré escuchar de tu singular sabiduría otra vez?

- Mi sabiduría vive en ti, es tu propio ser. Si te escucharas a ti mismo, no necesitarías de mis palabras.

Luego Lucifer calló unos segundos y agregó:

- Mi espíritu tiene la mirada fija en el Norte. Mi cuerpo permanecerá un tiempo en la Montaña del Dragón.

Y señalando la gran mole rocosa que se erguía en el horizonte, se puso nuevamente en marcha.

Buscaba Lucifer, en aquellas montañas, la tranquilidad de la soledad para poder exaltar así su conciencia.

Sin embargo su paz no duró mucho, pues empezaron a llegar gentes en busca del sabio de la montaña que, según se contaba, había sanado a un guerrero moribundo.

Y así fue como Lucifer se convirtió en maestro, primero de unos pocos y, luego, de muchos.

Y en su intento de enseñar, sólo enseñaba que no hay nada que aprender, pues toda claridad y sabiduría ya se encuentra en el corazón de cada ser viviente.

Pero las gentes empezaron a confundirse, pues aquel que es ciego no ve aunque el sol lo alumbre y el corazón confuso se pierde incluso en el día más claro.

Y empezaron a perderse a ellos mismos de vista y dirigieron sus ojos hacia afuera, hacia la imagen del maestro que les enseñaba.

Entonces Lucifer se dio cuenta y no se permitió caer en la trampa de la oscura ignorancia.

Así fue como un día reunió en torno a sí a todos aquellos que había enseñado y les comunicó su decisión de abandonar el mundo.

Entonces sus seguidores comenzaron a lamentarse de su suerte y sintieron que aquello sería su perdición.

Y Lucifer sonrío, pues comprendió que aquél era el camino que, aunque duro, los llevaría a sí mismos.

Entonces dijo:

- No os lamentéis de mi pérdida, pues la única pérdida digna de lamentar es la pérdida de uno mismo. Y vosotros os habéis perdido hace mucho y jamás habéis llorado por ese gran tesoro ido.

Y uno entre muchos alzó su voz diciendo:


- Maestro, antes de partir háblanos de la esencia de tu enseñanza, para poder así recordarla.

Entonces Lucifer habló:

- Recordaos a vosotros mismos y recordaréis mi enseñanza. No busquéis fuera lo que ya existe dentro, en vuestro espíritu. Mirad que el hombre es como un árbol que crece en la cima de una montaña. Pero esa montaña es en realidad un volcán en cuyo interior arde un fuego claro y poderoso dador de la más perfecta serenidad y fuerza. El calor de este fuego interior ayuda a crecer al árbol, el cual mientras más entierra sus raíces en la profundidad de la montaña, más expande sus ramas a la infinitud del vasto cielo. Recordad siempre que en el mundo hay tres clases de personas: están aquellos que saben su razón de ser, están aquellos que la ignoran y están los "confusos". Y entre los confusos están los que creen saber su verdadera razón de ser, pero en realidad la ignoran y aquellos que se han inventado una razón de ser, que por ser algo artificial los aleja de su verdadera naturaleza. En verdad es importante lo que ahora les digo: Sólo quien se conoce a sí mismo, conoce su razón de ser, conoce su destino y deja de ser parte del rebaño. Y mucho mejor que ser un confuso es reconocer la ignorancia de sí mismo, pues la cura viene cuando la enfermedad es reconocida.

Guardando silencio un instante, continuó:

- La montaña es como el cuerpo, la conciencia como el árbol y el fuego parecido al espíritu de vida. La montaña es como vuestra columna ósea; el árbol como vuestro cerebro, médula y nervios que crecen entre ella; el fuego proviene de vuestra Esencia Creativa cuidadosamente conservada. Sois como madres que guardan en su vientre al embrión del espíritu. Si un niño de carne y hueso demora nueve ciclos lunares en nacer, entonces, el niño del espíritu demorará nueve ciclos solares. Por ello es importante empezar ya. Mi enseñanza guarda su propio secreto y éste se basa en la práctica y en la propia conciencia de sí mismo. Sin embargo, ¿queréis saber más, queréis conocer el secreto? Entonces escuchad el sueño que tuve un día:


EL SUEÑO DE LUCIFER

Sin saber cómo, había llegado a una caverna de enormes proporciones en lo profundo de la tierra. Aunque las paredes y techo de la gruta parecían naturales, es decir, formadas por el goteo incesante y la filtración del agua, el piso era perfectamente liso y nivelado, como hecho por mano humana o alguna otra criatura inteligente. Sentí que estaba en un templo.

A diez pasos de mí se alzaba una gruesa columna pétrea, de unos siete metros de altura, sobre la cual vi de pie a un venerable anciano. Vestía una túnica de mangas largas y talle holgado que le llegaba hasta los tobillos. Su color era gris-azulado, como el de las nubes cargadas de lluvia. A lo largo de su pecho y cosida a ella caía verticalmente, hasta el suelo, una cinta blanca sobre la cual habían sido bordados, en hilo negro, extraños caracteres que no pude reconocer. Igual adorno vi a lo largo del borde superior de sus mangas, en los puños de las mismas y en el embaste de su vestimenta. Tanto las barbas como los cabellos del anciano eran blancos y larguísimos. Su alba cabeza estaba descubierta. Al verlo se me ocurrió que era la típica imagen de un mago.

Alzando uno de sus brazos me ordenó:

-¡Tomad aquella lanza, hecha de la mejor madera del mundo e introducidla en aquel pozo! - al decir esto me señaló un agujero, de un metro de circunferencia, cuya boca estaba a ras de suelo.

Fui y tomé la lanza, la cual era una vara puntiaguda de una madera muy liviana y durísima. Me asombró comprobar que a pesar de su largo, tres metros o más, permanecía perfectamente enhiesta, haciendo alarde de una pasmosa flexibilidad.

Siguiendo las órdenes del anciano me acerqué al pozo. A mis pies vi un hoyo, cavado en la piedra, en el cual había un líquido espeso de color rojo varios metros más abajo. Al principio creí que se trataba de sangre, pero después noté que de él se desprendía una suave fosforescencia. Me pareció, entonces, que se trataba de lava derretida. Aquel pozo era la entrada al infierno.

Apenas introduje la lanza en él, el líquido aumentó su nivel hasta llegar al borde mismo del agujero. Retrocedí, pues pensé que si llegaba a desbordarse, la lava me quemaría.

Para mi sorpresa surgió del pozo un esperpento, un ser bípedo de unos cuatro metros de alto, similar a un sapo o a una tortuga sin caparazón. Caminaba sobre sus cuartos traseros como un hombre. Un solo ojo adornaba su frente.

Al parecer mis acciones lo habían molestado y ahora se encontraba furioso. Arremetió contra mí. Me defendí usando la lanza. En la refriega me di cuenta que la bestia temía perder su único ojo, entonces concentré mis ataques en él. Pero sorpresivamente, cuando creí que la tenía bajo mi poder, la criatura sufrió una mutación. Sin saber cómo, la vi transformarse en un ser del tamaño de un hombre y con cuerpo de tal, pero su cabeza era similar a la de un murciélago con orejas membranosas, grandes, triangulares y un hocico de filosos dientes. Curiosamente su cuerpo y rostro estaban cubiertos de escamas, como un pez. Su apariencia era muy fornida y musculosa. Antes que pudiera evitarlo, la criatura se alejó de mí corriendo a toda prisa, hasta, perderse de vista.

La voz del anciano llamó mi atención. Me volví a mirarlo y noté que la columna sobre la cual estaba parado disminuía de tamaño, como si estuviese siendo tragada por la tierra. Ya a nivel del piso, el anciano se acercó a mí diciendo:

- Ya lo habéis visto. La criatura tiene el poder de adoptar cualquier forma y utiliza este artificio para hacer caer a la gente en el pozo. Sin embargo no os preocupéis, ya la enfrentasteis y con eso basta para reconocerla en cualquiera de sus formas.

Dicho esto, me tendió un librito, como de un palmo de largo. Yo, tomándole, le abrí al azar en una de sus páginas. En ella vi una ilustración a color: Un velero de cuatro mástiles navegando con todo su velamen desplegado por mar abierto. La superficie del agua en perfecta calma. Alrededor del barco revolotean miles de gaviotas, mientras que del palo mayor un gran pelícano blanco da la cara a proa con sus alas extendidas, mostrando el pecho descubierto.

Miré interrogativo al anciano. Entonces éste me respondió:

- Es un libro de gran contenido hermético. Es el Libro de la Creación. En el capítulo diez encontrarás el secreto de la Piedra Filosofal. Pero antes es necesario que obtengas la Schlitlzt Nimrod, la daga mágica que simboliza y en la cual se halla grabado el Nombre Impronunciable. La reconocerás cuando la veas, porque su imagen está en el alma colectiva de toda la humanidad. Más antes, pon ante mí tu mano izquierda.

Sin resistirme seguí sus instrucciones, entonces vi con asombró que sobre la palma de mi mano crecía una pequeña enredadera de color verde vivo, como el de la hierba nueva. Su nacimiento estaba en la base, pegado a la muñeca. De aquí seguía el curso de la línea palmar llamada de Mercurio, según dijo el anciano, pero a medio camino se bifurcaba y la segunda rama recorría el rastro de la línea llamada de Saturno. Ambas secciones de la enredadera ascendían un tramo para luego curvarse en dirección del dedo pulgar. Aquella que iba por la línea de Mercurio se curvaba justo por debajo del dedo meñique. La otra, la que seguía el trayecto de la línea de Saturno, cambiaba su curso a la altura del mismo centro palmar. De esta manera ambas ramificaciones venían a morir en el montículo carnoso que hay bajo el dedo índice, al cual el anciano dio el nombre de Monte de Júpiter.

Tres flores brotaban de esta enredadera. Dos de ellas provenían del primer tallo y crecían sobre el Monte de la Luna y el Monte de Apolo respectivamente. La otra florecilla se abría en el Campo de Marte y germinaba de la segunda rama. El mago observó por unos instantes mi mano.

- La parte izquierda de tu conciencia, el lado desconocido de tu mente, es independiente - me dijo -. Esto es positivo para ti, pero aún es muy pequeño y está poco desarrollado. Debes hacerlo crecer.

Cuando le pregunté cómo podía hacerlo, sólo contestó:

- Sigue el Camino.

Dicho esto me puso al cuello un Ank, de oro blanco, en cuyos brazos tenía grabada la frase "Enfrenta la Vida como Guerrero" y, haciéndome señas, indicó que me fuera por donde había visto irse a la criatura del pozo. Le obedecí.

No había cómo perderse. Aquella galería inmensa terminaba en un estrecho túnel, por el cual caminé mucho tiempo antes de llegar a una caverna de parecidas proporciones a la anterior, pero carente de columnas y un piso liso y nivelado. Observé que al otro extremo, de donde me encontraba, se veían las entradas de dos túneles y hacia allá me dirigí.

Al acercarme comprobé que ambos se encontraban muy cerca uno de otro, pero a pesar de su proximidad comunicaban a mundos diferentes. Aquél que se encontraba a mi izquierda, daba acceso a una selva cálida, espesa y exuberante. Desde donde me hallaba podía ver mil formas y oír mil exquisitos sonidos provenientes de aquella tibia floresta. Me pareció que era el paraíso.

El otro túnel daba a un paraje relumbrantemente blanco, todo hielo y nieve. La ventisca y el frío eran sus únicos señores. Me encontraba observando esto cuando de la selvática entrada vi aparecer a una hermosa mujer de piel bronceada. Vestía un traje de hojas verdes, pegado al cuerpo, que le llegaba a mitad de muslos. Era un vestido sin mangas ni hombros, sostenido por un delgado tirante de fibra vegetal. Las facciones del rostro eran bellísimas y su cuerpo armoniosamente proporcionado. Su cabello, largo hasta la cintura. Me miró insinuantemente y me pidió que la siguiera. Me negué. Entonces, ejerció sobre mí un extraño poder y me vi tras ella en contra de mi voluntad. No pude oponerme a su fascinación.

En ese momento me sucedió algo inexplicable. Sin saber por qué, tomé fuerte conciencia de mi región infraumbilical. Sentí una agradable calidez en toda aquella zona e inmediatamente tomé el control de mí. Era como si aquel lugar anatómico fuera el "Centro de mi Voluntad". Dejé de seguir a la bella mujer y me detuve. Ella se dio cuenta de mi rebeldía y volviendo sobre sus pasos me encaró. Yo dirigí una fugaz mirada al nevado túnel; entonces ella, percatándose de mi gesto, habló:

- Ese es un mundo helado, duro, primitivo y bárbaro, ¿lo prefieres al que te ofrezco yo?

Le contesté afirmativamente. Entonces, molesta, hizo un gesto tras el cual aparecieron tres descomunales hombres que me doblaban en estatura, los cuales con actitud hostil, se interpusieron entre el mundo de hielo y yo. En ese instante noté que uno de los gigantes tenía en sus manos una daga de doble filo y hoja larga con arabescos grabados en ella. La reconocí inmediatamente. Era la Schlitlzt Nimrod, el arma mágica de la cual me había hablado el anciano mago.

La mujer volvió a hablarme, entonces vi que había sufrido una transformación. Ahora aparecía como una jovencita de quince años. Su piel era blanca, su cabello castaño e iba vestida con una túnica de color lila que, igual a la anterior, llegaba a la mitad de muslos, pero sin ceñirse al cuerpo; era holgada y con pliegues.

Su aire de sensualidad y voluptuosidad se había trocado por uno de candidez e inocencia.

La vi acercarse a mí con aspecto de ingenuidad y mirar lo que había escrito en el Ank que colgaba sobre mi pecho.

- ¿Cuál es la característica de un guerrero? - preguntó ella, esperando mi respuesta -, ¿acaso es el valor?

- Eso es importante - le contesté, mientras estudiaba cuidadosamente a los tres gigantes -, pero lo es, aún más, ser decidido y tener osadía.

Ella confundida me miró:

- ¿Osadía? - repitió.

Entonces, posando mis ojos en los de ella, la hice con rapidez a un lado y embestí con furia a los gigantes. A pesar de sus tamaños conseguí dejar a dos de ellos fuera de combate, golpeando, a uno, con mi hombro izquierdo y, al otro, con la cabeza. El tercer hombrón me atacó con la daga.

Entonces yo, sin temor alguno, la tomé con mi mano izquierda por la filosa hoja y se la arranqué de los dedos. Hecho esto, el hombre se desvaneció ante mi vista. Me di cuenta que había quedado solo, pues la muchacha también había desaparecido.

Pasé el arma a mi mano derecha y admiré la forma de su hoja y el arte con que había sido forjada. Penetré en el túnel de hielo y noté con sorpresa que, en donde antes había nieve, ahora existía arena, tierra y piedras. Aquel túnel salía a la superficie, a cielo abierto, a un paraje desolado y seco. Solo se veía uno que otro arbusto o cactus aquí y allá. Puse el puñal en mi cintura y empecé a caminar de prisa, pues el sol caía en el horizonte y pronto oscurecería.

No sé cuánto tiempo caminé, pero me detuve cuando descubrí una polvareda que se acercaba desde la derecha. Cuando por fin pude ver de qué se trataba, quise huir, pero no había lugar dónde cobijarme. Entonces decidí plantarme en mi sitio y, sacando la daga del cinto, esperar mi suerte.

Sobre la llanura una especie de monstruo, una masa peluda, negra, sin piernas ni cabeza, pero con cinco robustos brazos semejantes a los de un simio, se acercaba al lugar donde me encontraba. Avanzaba girando sobre sí mismo, como una rueda, apoyando sus grotescas manos en el suelo.

Mientras más se acercaba más decidido me encontraba para enfrentarlo. Sin embargo, cuando estuvo a unos pasos de mí, se transformó en una hermosa joven. Yacía a mis pies, totalmente desnuda, tendida sobre la arena. El color de su pelo larguísimo, el tinte de su tez y los rasgos de su rostro, me hicieron recordar los de la mujer hindú. Su sonrisa cautivadora y aquella súplica sensual de sus labios me perdieron. Observé la perfección de su cuerpo, la voluptuosidad de sus formas, la lujuria de su mirada y sin resistirme empecé a acercarme a ella, olvidando que se trataba de aquel repugnante ser que, segundos antes, había visto rodar por el desierto. Estirando sus bellos brazos hacia mí susurró:

- Como les encanta a los hombres humillarse.

Me di cuenta que lo decía por la embrutecedora sensualidad que nos abruma frente a una mujer hermosa. En ese momento tomé conciencia y concentré la atención en la zona infraumbilical de mi cuerpo. Ella, sin dejar de sonreír y con sus brazos extendidos, comenzó a desvanecerse en el aire como una ilusión pasajera, hasta que desapareció totalmente de mi vista.

La noche había caído sobre el desierto.

Allá, a lo lejos, vislumbré el resplandor de una fogata. Encaminé mis pasos en esa dirección.

Al irme acercando distinguí la figura de un hombre. Estaba en cuclillas frente al fuego, observándolo. Su cuerpo, delgado y fibroso, estaba desnudo, salvo por un taparrabo que colgaba de su cintura y que era de vivísimos colores: rojo, naranja y amarillo. Comprendí que estaba realizando algún tipo de ritual.

Llegué junto a la fogata y pude ver su rostro cobrizo y reseco. Sus ojos despedían un brillo extraño. Me di cuenta que era un brujo. Sin mediar palabra alguna me acuclillé a su lado, dando la cara al fuego. Sin mirarme lo vi meter su mano izquierda entre las llamas y sacar, de entre ellas, algo que sostenía con gran delicadeza. Vi con sorpresa que en su palma había posada una flamígera lengua de fuego. Sin preámbulos me la ofreció, indicándome que la debía tomar poniendo la palma de mi mano izquierda contra la suya. Al hacerlo, sentí que la lengua de fuego era absorbida por mi cuerpo. Tres veces el brujo metió su mano en la lumbre y me ofreció aquél trozo de flama. Tres veces acepté su ofrecimiento. Luego, haciéndome un gesto con su cabeza, me instó a mirar la fogata. Así lo hice y pude comprobar que entre las llamas descansaba una serpiente con la cabeza erguida. Era una cobra, la reconocí por el capuchón en su cuello. Tenía un color cobre metálico. Estaba tranquila, tomando un baño de fuego.

El brujo habló. Me señaló que había sido iniciado en la Hermandad del Dragón. La noche era profunda y protectora. Me dio indicaciones de sentarme en silencio junto a él. Lo hice imitándolo, cruzando las piernas y dirigiendo mi cuerpo hacia el norte, desde donde soplaba una suave brisa. Permanecimos así, silenciosos e inmóviles, una insensible eternidad. Luego, sin saber cómo, nuestros cuerpos se alzaron ingrávidos unos centímetros de la tierra y comenzaron a girar en torno a la fogata, mirando siempre hacia la misma dirección cardinal. Rotábamos en sentido contrario a las manecillas del reloj y noté que, en el breve instante en que la fogata quedaba a nuestras espaldas, pasábamos sobre un círculo dibujado, en el suelo, con extraños caracteres que no supe interpretar.

Cuando la aurora se reflejó en el oscuro cielo, el brujo me ordenó caminar con rumbo al sol naciente. Me indicó que siguiendo esa dirección encontraría dos arroyos. El primero contendría agua común, útil para aplacar la sed del cuerpo. En el segundo correría un agua medicinal de origen mineral, que servía para saciar la sed de vida.

Después de mucho andar encontré los dos riachuelos tal como me lo había señalado, sin embargo, el arroyo de agua medicinal tenía su cauce seco. Deseaba probar de sus aguas, así que tomé la decisión de remontarme hasta la fuente y así beber, del preciado líquido, lo más cerca que pudiese del origen. Siguiendo el reseco lecho subí hasta la cumbre de un gran espinazo de piedra. Allí pude comprobar que aquel arroyo surgía de un pequeño edificio de arquitectura indoarábiga. Atravesé el umbral carente de puertas y así pude dar con una enorme escalera que descendía al interior de la tierra. Bajé por ella largo tiempo, hasta que por fin di a una galería en cuyo centro crecía un enorme y añoso árbol en muy mal estado. Presentaba una apariencia reseca y sus grandes ramas estaban cruelmente mutiladas. Carecía de hojas y daba la impresión de un árbol muerto. Sin embargo, yo sabía que estaba vivo. Observé que junto al grueso tronco, en el piso, habían varias vasijas de arcilla conteniendo agua. Las ocupé todas regando con ellas las sedientas raíces. Había terminado cuando unos golpes secos llamaron mi atención. Motivado por esto me di el trabajo de estudiar la caverna en la que me hallaba. Era obvio que existía en aquel lugar alguien encargado de su cuidado, pues veía cierta simetría y orden que no era propio de los sitios que están sujetos a la espontaneidad natural. Muchas puertas daban a aquella galería. Todas estaban cerradas. Observándolas me di cuenta que los golpes, que sentía, provenían de un viejo portón de madera, el cual, se sacudía ante la violenta embestida de "algo" encerrado tras él. De pronto mi mente se abrió y lo comprendí todo. Allí encerrado, por el cuidador de aquel parque subterráneo, se encontraba el Espíritu del Arbol. Un tipo de fuerza inteligente dispuesta a destruir por el descuido a que había sido expuesto el antiguo roble centro del jardín.

En ese momento los guardas del lugar, un hombre y una mujer, entraron al recinto y comenzaron a imprecarme por haber regado el reseco tronco, pues con ello había dado renovado vigor al espíritu encerrado. No pude negar nada, ya que en mis manos, aún goteando, tenía uno de los recipientes de arcilla. Las voces de la pareja enfurecieron de tal manera al espíritu, que éste consiguió derribar el enorme portón y liberarse. Emergió de su oscura prisión justo frente a mí. Su poder era increíble. Su forma, similar a un torbellino de viento o tromba marina. Por unos instantes me observó. Le enseñé, entonces, la vasija húmeda que agarraba con mi mano derecha. Lo comprendió todo. Lanzando un bramido inhumano se arrojó sobre la pareja y los devoró.

Yo, sin saber qué hacer, esperé mi destino. El Espíritu del Árbol trocó su furibunda apariencia. Se me acercó lentamente en forma de una barra vertical de luz rojiza. Tendría unos cincuenta centímetros de largo y flotaba en el aire por encima de mi cabeza. Me habló con voz de trueno. Me dijo que a partir de ese momento era el Guardián de las Raíces y que premiaría mi gesto dándome su amistad. Dicho esto vino sobre mí y posándose en mi cabeza sentí como aquella energía, en forma de columna luminosa, me penetraba por ella hasta la garganta. Una tibieza confortable me inundó y me sentí físicamente sano. Sin saber qué, el espíritu hizo algo indescriptible dentro de mí y me cambió. Me sentí como recién nacido. Todas mis enfermedades habían desaparecido.

Cuando el espíritu me dejó, me di cuenta que toda la caverna había reverdeado. Sobre el suelo crecía una mullida hierba, en las rocosas paredes se adherían las enredaderas y hiedras. El viejo árbol se veía frondoso y turgente. Sus mutiladas ramas ahora se presentaban completas y rebosantes de hojas. De sus raíces surgía un manantial de agua fresca y cristalina: este era el origen del arroyo medicinal.

Me acerqué al roble. Una enorme serpiente de color verde encendido se ocultaba entre el follaje. Noté que en sus costados, a lo largo del cuerpo, tenía dibujado en negro extraños caracteres desconocidos para mí. De pronto otra cosa llamó mi atención. Era una picaflor que revoloteaba entre el ramaje muy cerca de mí. Su cabeza y su cuerpo eran de un rojo intenso, escarlata, mientras que sus alas y cola eran negras azabache.

El Espíritu del Árbol, poniéndose a mi lado, me indicó que lo atrapara. Yo lo intenté, pero no pude, el ave era demasiado rápida para mí. Entonces, el espíritu me aconsejó que lo observara fijamente sin pensar en nada y que cuando sintiese el impulso interno de agarrarlo lo intentara. Le hice caso y así conseguí atrapar, con mi mano derecha, al picaflor por la cabeza. En el mismo momento que la atrapé el ave dejó de ser algo vivo y se trocó en un objeto inanimado, hueco, de consistencia apergaminada. Comenzó a deshacerse entre mis dedos. Para evitarlo la coloqué sobre la palma de mi mano izquierda, sin embargo continuó disolviéndose. De esta manera dejó al descubierto una piedra blanca, como de una pulgada de diámetro, sobre la cual soplé para limpiarla de los restos pulvurulentos que no me dejaban apreciarla con claridad. Su color era similar a la sal de roca. Su forma, esférica, estaba tallada con la apariencia de un capullo de rosa. Era un trabajo simple y primitivo. El espíritu hizo retumbar su voz en mis oídos:

- Es la Piedra Filosofal - bramó -, la meta de los alquimistas. Dilúyela en vino asoleado y bébela. Solo así poseerás el secreto de la inmortalidad.

En aquel preciso instante desperté.

Habiendo escuchado aquel sueño un rumor se dejó sentir entre los asistentes, pues algunos se preguntaban asombrados qué significado tendría. Entonces un visitante, que hacía poco había llegado, gritó:

- Algunos dicen que eres el demonio - y buscaba con ello perderle y denigrarle ante los ojos de todos los presentes.

Entonces Lucifer, con voz clara y serena, exclamó:

- ¿Acaso no es aquello a quien llamáis Diablo hijo de aquello a quien llamáis Dios también? Si en el principio estaba solo aquello a quien decís Dios, el supremo Bien, entonces primero fue el Bien y luego el Mal. Por tanto el Mal surgió del Bien, porque nada puede nacer de la nada. Y porque el Mal se originó del Bien es que la función del Mal es benéfica, porque nada malo puede surgir de lo bueno. Lo que llamáis Dios es el maestro tierno y amoroso que educa con bondad. Aquello que llamáis Diablo es el maestro duro y riguroso que nos enseña a través de la severidad. Por tanto no reneguéis del Diablo, pues algunos somos tan necios que solo aprendemos a golpes. Por tanto no odiéis al Diablo, porque a través de sus pruebas nos hacemos fuertes y libres y accedemos al supremo Bien. ¿Acaso sois tan ciegos que no os dais cuenta que Dios y Diablo son las dos caras de una misma moneda?

Entonces de las gargantas de algunos de los presentes se escapó una exclamación de asombro, pues comprendieron las palabras de Lucifer y despertaron, quedando sus mentes más allá del Bien y del Mal. Sin embargo el desconocido replicó:

- ¿Cuál es tu religión?

- No hay religión más grande que la Verdad, la realidad tal como es - exclamó el Portador de la Luz.

- Vuestra sabiduría sufre del pecado de la soberbia y no se basa en las escrituras sagradas - insistió el extraño.

- Sufro del pecado de la soberbia - dijo Lucifer - pues deseo ser todo lo que soy: quiero ser diamante aunque mi origen sea el carbón. No baso mi conocimiento en lo que dicen los textos sagrados o en lo que afirman los ancianos, no baso mi sabiduría en lo que dicen lo eruditos o asegura la mayoría. Mi sabiduría se basa en lo experimentado por mí mismo sin intermediarios o interpretaciones ajenas, pues es la experiencia propia y directa lo que entrega la verdadera sabiduría. La vida se conoce viviéndola y no a través de creencias, opiniones, especulaciones, teorías, religiones o libros. ¿Queréis leer un libro? Leed el libro de la sabiduría. Ese libro sois vosotros mismos, leedlo así: dirigid vuestra atención hacia vosotros, hacia vuestras sensaciones, hacia vuestros movimientos, hacia vuestra respiración, emociones y pensamientos y en todo momento permaneced serenos, atentos, viviendo el momento.

Entonces el visitante asombrado por aquella extraña sabiduría volvió a preguntar:

- ¿Maestro, quién eres en verdad?

A lo que él respondió:

- Yo soy la Vida, "el Lucifer", el Portador de la Luz: el Lucero de la Mañana que anuncia el fin de las tinieblas y la llegada del Imperio del Sol, el reino de la luz. Soy Prometeo, aquel que arrebató de la nada el divino fuego de la sabiduría, el poder y la luz y lo entregó a los hombres. Y aunque soy el más odiado por el cielo soy, sin embargo, el más amado, pues gracias a mí se ha redimido la oscura materia. Perdiendo mi pureza espiritual y cayendo en los abismos he llevado vida, conciencia y conocimiento a toda carne y la he impulsado hacia los cielos. Comprendan esta paradoja y comprenderán el misterio del universo.

Y habiendo pronunciado estas palabras cayó sobre los presentes un profundo silencio. Y junto al silencio cayó la noche, arropando con su estrellado manto a todo lo viviente. Cuando medianoche llegó rompió Lucifer las tinieblas con su voz. Clavando la mirada en la estrella polar exclamó:

- Quien sigue la senda del Dragón, domina la realidad presente: el aquí y ahora. Conservar la serena quietud es su principio, alcanzar el ecuánime e imperturbable vacío es su meta. Quien sigue la senda del Dragón es como el agua: aunque se adapta a todas las formas no se aferra a ninguna.

Y dirigiéndose al viejo guerrero, a aquel que una vez había estado mortalmente herido en su corazón, le dijo:

- Guerrero solitario que sigues la senda del rayo: Tendrás que sumergirte en la profunda oscuridad y hallar en tus raíces la vida sempiterna. Solo así llegará el momento en que aquello que acecha al otro lado salga a la luz del día. Vendrá de la otra orilla del abismo pletórico de inmortalidad, poder, voluntad y sabiduría. Y así se cumplirá el tiempo en que desprendiéndote de todo te apoderarás del universo.

Y el viejo guerrero comprendiendo las palabras de Lucifer guardó silencio. Y a través del silencio, aquietó su corazón. Y con su corazón sereno entró en profunda meditación. Mas cuando abrió los ojos, poco antes del amanecer, Lucifer ya no estaba entre ellos y el Lucero de la Mañana brillaba con soberbio fulgor sobre el horizonte.

lunes, 21 de junio de 2010

El verdadero secreto de La Biblia

Es el Libro más leído de todos los tiempos, traducido en todas las lenguas del planeta tierra. Sin embargo, es el libro más controvertido, debido al historial que el ha arrastrado durante todos los tiempos.
Para la mayoria de las religiones existentes, (cristianas, ortodoxas, protestantes etc...) es Palabra Directa Divina, inspiracion de Dios, y entregada a sus pueblos elegidos.
El Antiguo Testamento: Originalmente fueron los cinco primeros libros, escritos por Moisés, el Iniciado Hebreo, fueron copiados por el de los Egipcios, y estos a su vez lo copiaron de los Caldeos-de Babylonia. Los Hebreos durante el cautiverio en Babylonia, no conocían los cinco primeros libros de Moisés, pues todavía no se habian traducido del antiguo Copto-Caldeo, ellos hablaban un dialecto, al cual incorporaron palabras Caldeas, y Arameas. Moisés era Caldeo, por lo tanto no conocía ni hablaba el dialecto hebreo.Estos 5 libros permanecieron ocultos durante siglos, hasta que en Grecia decidieron traducirlos al Griego, Se escogieron a 70
ancianos mas o menos iniciados, y les fue encomendada la labor de traducir estos 5 libros de Moisés, fueron enviados a una isla y alli se tardaron 72 dias en traducirlos. El ANTIGUO TESTAMENTO fue copia de los textos magicos de Babylonia, sacados por ESDRAS 458 años antes de Jeshua ben Pandhirá (Jesús) , y estaba escrito en CALDEO, los hebreos hablaban un dialecto al cual substituyeron con palabras caldeicas al antiguo hebreo "vulgar"
Los primeros capítulos del GÉNESIS son Sabiduria Oculta, se componen de Cosmogonía, Astrología,y Matemáticas del más alto vuelo , sus versículos estan codificados y alegorizados, para que no hubieran caído en manos de quien no estuviera Iniciado en las Ciencias Dívinas.
Los Textos Originales Caldeos, estaban escritos en el 'DEVANAGARI" O sánscrito, el idioma de Los Dioses, este idioma consta de 16 vocales y 35 consonantes, cada letra contiene un valor numérico-matemático, y se pronuncia cantandolo, un verdadero arpegio melódico, con el cual se comunicaban con los Devas.
El Antiguo Testamento no contiene los originales libros de Moises, ni los Salmos de David, ni las profecias, ni el Talmud, sino solo las copias hechas por Moises, despues de adulterarlas y tergiversarlas ,para poder implantar una religion Monoteista sobre los hebreos.
Se dice que los judíos negros de COCHIN que llegaron a la INDIA MERIDIONAL (600 años antes de Jesus) poseen el original libro de Moises, y jamás lo enseñan a nadie.
La Kabalah Judia es solo una copia infiel de la DOCTRINA SECRETA DE LOS CALDEOS; La verdadera Kabalah esta en el libro de ' LOS NÚMEROS CALDEOS' que solo poseen algunos "Sufies" musulmanes.
MOISÉS solo recibio las leyes sociales y enseñanzas "cosmogonicas, aunque las mutilo y corrompio por completo.
EL ANTIGUO TESTAMENTO se le atribuye a JUDAS MACABEO, y sus traducciones han sido filtradas por los "Padres del Cristianismo" cambiadas y adulteradas inmisericordemente, de la Biblia original no queda casi nada.

Fuente: SABIDURIA OCULTA
LA DOCTRINA SECRETA

sábado, 24 de abril de 2010

Cristianismo gnóstico en preguntas y respuestas 3

P.- Si, como usted dice, son unas mismas almas las que evolucionan desde el principio del mundo, ¿de dónde salieron tantas, ya que el mundo cada día tiene más habitantes?

R. Como ya se ha dicho, la muerte es una resta de quebrados y si se quiere resolver este problema, hágase una gran resta de quebrados de toda la humanidad entera. ¿Qué queda después de hacer esa resta de quebrados? Pues los valores de las conciencias de todos los seres que integran la humanidad. Esos valores de conciencia son los valores humanos, y, ¿en dónde estaban anteriormente y cómo se expresaban? Esos valores de conciencia (almas humanas) estaban en los mundos suprasensibles de la Naturaleza y se expresaron por medio de las grandes razas del pasado; así pues, la matemática nos prueba que no ha habido tal aumento de almas como algunos conciben, quienes piensan así poseen un nivel de ignorancia, cuando no miopía conceptual. Errónea interpretación de las enseñanzas bíblicas, pues Adán nunca fue un solo hombre, ni Eva una sola mujer. Estos nombres son genéricos y no Individuales; Adán comprende el sexo masculino de la época Lemúrica, y Eva el sexo femenino de esa misma época. Así pues. Adán son todos los hombres de aquella época, y Eva son todas las mujeres de la misma época. Tampoco son nombres individuales los hijos de esa pareja, que figuran en la Biblia con los nombres de Caín y Abel, sino que Abel es la humanidad del continente Lémur, y Caín es la humanidad del continente Atlante.

Dice la Biblia que Abel era pastor dé ovejas y que Caín era cazador y se trata de que hombres de la Lemuria realmente fueron pastores y agricultores, se alimentaban dé la leche de sus animales y de los granos de la tierra. Ellos no mataban animales para alimentarse, ellos fueron puramente vegetarianos, como volverán a serio los hombres de la última raza que haya en el mundo, pues el fin siempre es Igual al principio, más la experiencia del ciclo.

Caín simboliza la humanidad de la época Atlante y hasta la actual en que cada mano se levanta contra cada mano, y en que cada ser humano es un Caín para su semejante o sea para su hermano. Caín es siempre fratricida porque le da muerte a sus semejantes, y cazador porque se alimenta de los cadáveres de los animales, tal como lo hace nuestra raza actual.

P.- Pero la Biblia dice que Dios creó un solo hombre, que fue Adán, y lo hizo a su imagen y semejanza, y que a Eva la sacó de su costilla. ¿Entonces cómo se explica eso en el pensamiento gnóstico?
R.- “A su imagen y semejanza Dios lo hizo, varón y hembra los hizo” Aquí la Biblia nos simboliza que el hombre primitivo era hermafrodita, tal como Dios lo es, ya que tenía los dos polos: positivo y negativo, dentro de sí mismo, es decir, su fuerza sexual, la cual se hace creadora por medio de la palabra, y prueba de ello, tenemos las tetillas del varón, que son glándulas mamarias atrofiadas, y el clítoris de la mujer, el cual viene a ser un miembro viril atrofiado. Así pues, todas las almas actuales estaban vestidas con cuerpos físicos hermafroditas en aquellas remotísimas edades de la tierra. Y fueron los cuatro tronos, los jardineros que regaron las semillas de los cuerpos humanos, sobre el limo de la tierra, en una antiquísima edad que ignoran totalmente nuestros más grandes historiadores. Esas semillas germinaron en el transcurso de varias eternidades hasta llegar a nuestro estado actual.

Así pues, cuando se dice en la Biblia que Dios creó al hombre, lo que se quiere es simbolizar con ello que las huestes de Elohines crearon al hombre a través de sucesivas eternidades, y las formas por las cuales ha pasado la humanidad durante toda esta inmensidad de tiempo, a recapitulado durante los 9 meses del estado de embarazo de cada madre. Esto, debido a que la Naturaleza siempre vive recapitulando sus pasados ciclos evolutivos y nunca inicia una nueva actividad, sin haber recapitulado sus pasadas actividades.

Cuando se habla de que Eva fue sacada de la costilla de Adán, con ello se quiere simbolizar la época en que la humanidad se separó en sexos, siguiendo un proceso biológico, también de varias eternidades, pues “Natura no tacit saltus” “La Naturaleza no hace saltos”. Creo que ahora el amigó se dará cuenta exacta de que no ha habido tal aumento de almas, ni aumento de la población humana, porque las mismas almas de hoy vienen siendo las mismas del pasado qué constituyeron las primitivas razas. Nosotros somos los lémures, los atlantes, pero ahora son otros disfraces. Esto indica por qué el espíritu tiene la sabiduría de las edades y es nuestro maestro Internó. También le diré que no ha habido tal aumento de población, lo que está habiendo es disminución. Porque la mayor parte de las almas humanas se están perdiendo por sus maldades Todas ellas están siendo apartadas de la actual oleada evolutiva de la humanidad.

P.- ¿Qué diferencia existe entre los poderes psíquicos y los dones espirituales?

R.- Los poderes psíquicos son del alma animal, y los dones espirituales son del Espíritu Santo.

EL fuego del Espíritu Santo (Kundalini), abre las siete iglesias del Alma de Diamante.

“Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo espíritu es: el Espíritu Santo o Kundalini”.

“Y hay repartimiento de Ministerios; más el mismo señor es” (Cada Maestro tiene su ministerio).

“Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos”

“Empero a cada uno le es dada manifestación del espíritu para provecho”

“Porque a la verdad, a éste es dada por el espíritu, palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo espíritu, a otro, fe por el mismo espíritu; a otro, dones de sanidades por el mismo espíritu; a otro, operaciones de milagros; a otro, profecía; a otro, discreción de espíritus; a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas”.

“Mas todas estas cosas obra uno y el mismo espíritu (es decir, el fuego sexual del Espíritu Santo) repartiendo a cada uno como quiere.

Cuando el fuego del Espíritu Santo logra abrirse paso a través del cráneo, y sale fuera asumiendo la pictórica figura de la blanca paloma del Espíritu Santo, entonces se convierte esta mística paloma, en el instructor del Maestro, y le confiere los dones espirituales.

Cada Maestro, al unirse con su Intimo, recibe en los mundos suprasensibles dos cosas: un trono y un templo, y así todos estamos llamados a ser reyes y sacerdotes del universo.

Los dones que el Espíritu Santo confiere al Maestro, dependen del Rayo del Maestro, pues existen siete rayos de evolución cósmica.

No olvidemos que los dones del Espíritu Santo, son los poderes del Intimo expresándose a través de la personalidad del Maestro. “Y si alguno no obedeciere a nuestra palabra por carta, notad al tal, y no os juntéis con él para que se avergüence”.
(Capítulo 3° versículo 14 de la Carta a los Tesalonicenses).

Este es el mandamiento nuevo: “Permaneced firmes en la palabra del Señor y guardaos bien de la maldad de las así llamadas escuelas espiritualistas”.

No se confundan los 7 Chacras del cuerpo astral, con los 7 soles del Íntimo donde residen todos los dones del Espíritu Santo, que luego se expresan a través de la personalidad del Maestro.

Quien sube los treinta y tres escalones, recibe el bastón de los Patriarcas, pero quien recibe la paloma del Espíritu Santo, y la sagrada joya, recibe la vara inefable del Maestro de Misterios Mayores, y aquí hay sabiduría, el que tenga oídos que oiga, y el que tenga entendimiento que entienda, solamente los puros de corazón, pueden recibir la Alta Iniciación, y el Espíritu Santo.

El Colegio de iniciados trabaja en el laboratorio de la Naturaleza bajo la dirección de los Dioses planetarios, y cada Maestro trabaja en su ministerio.

Por muy erudito en Espiritismo, o Teosofismo o Rosacrucismo que sea un Individuo, no alcanzará jamás estos dones, porque estos dones solo los reciben aquellos que hayan llegado a la santidad perfecta, y a la castidad más absoluta.

Existen algunos que creen que pueden entenderse con los purísimos “espíritus estelares” sin haber recibido los dones del Espíritu Santo, ni haberse santificado ni purificado, y sin haber recibido la Alta Iniciación, ni el trono, ni el templo, ni la vara, ni la joya, ni la espada. Esos tales espiritistas con visos de supertrascendidos, son candidatos seguros para los asilos de enajenados.

Los apóstoles de Cristo eran pobres analfabetos y humildes pescadores, pero pudieron recibir los dones del Espíritu Santo, por su santidad y castidad perfectas.

Cuando el Intimo se fusiona con su Alma de Diamante o el Búdhico, entonces nace el auténtico hombre cósmico, él hombre celeste, el cual no necesita para nada de los cuerpos: mental, astral, vital, físico o volitivo, y de todos vehículos inferiores, el hombre Cósmico solo extrae sus extractos, sus esencias sagradas y luego abandona esos vehículos. Así pues, los dones del “Espíritu Santo” solo los puede recibir quien ha nacido como hombre Kósmico (hombre celeste) y discípulos de los ángeles estelares, solo pueden ser aquellos que ya nacieron como hombres Kósmicos, y los dones del “Espíritu Santo”, nada tienen que ver con el Espiritismo ni con el Teosofismo o Rosacrucismo, ni con los poderes de los Chacras astrales.

La Biblia es el libro sagrado de los gnósticos. La Biblia es la palabra del señor y a nosotros los gnósticos no nos interesa nada que se aparte de la Biblia.

Los íntimos que aun no se han fusionado con su Alma de Diamante, aun no han nacido como hombres celestes, son pues, embriones espirituales, y ningún embrión puede Jamás ser discípulo de los ángeles estelares, ningún embrión puede jamás afiliarse al “Templo-corazón” de una estrella.

Solamente podemos ser discípulos de los ángeles estelares los hermanos mayores de la Fraternidad Blanca.

Los Hermanos Mayores, trabajamos bajo las órdenes directas de los ángeles estelares de acuerdo con los planes cósmicos, pero cada uno de nosotros ya se ha fusionado con su Alma de Diamante o principio Búdhico, cada uno de nosotros ya recibió el “Espíritu Santo” y los dones espirituales. Cada uno de nosotros ya nació como hombre celeste con la fusión de Alma Budhi.

Cuando el Intimo, (Atma) se fusiona con su Alma de Diamante (cuerpo Búdhico) entonces nace como hombre celeste, y lleno de la solemne euforia grandiosa del cosmos, se levanta sobre todos sus vehículos y se impone sobre todos ellos, controlando la Laringe y expresándose a través de la palabra creadora.

Entonces si tiene el derecho de ser discípulo de los Dioses estelares pero aquél que quiera ser Discípulo de esos espíritus planetarios sin haberse realizado a fondo, lo más que logrará, será comunicarse con larvas o demonios, que tarde o temprano lo conducirán al manicomio. Por eso vemos que la mayor parte de los espiritistas son “Chiflados” todos ellos. Dizque se codean con los ángeles y se tutean con Dios y juegan billar con el mismo Jesucristo, todos ellos se sienten siendo reencarnaciones famosas, entre ellos abundan los Bolívares, los Bautistas y las Magdalenas y las Juanas de Arco, ningún espiritista se siente pequeño, todos ellos dizque son estigmatizados y cristificados, etc.

Son tantas las sandeces de los espiritistas que si la humanidad se dejara guiar por ellos iría todo el mundo a parar al manicomio. Hablando en lenguaje oriental diremos que “Atma Budhi” ya fusionados, es decir el Maestro se levanta eufórico y solemne sobre el “Manas” superior, y sobre el “Manas” inferior, o sea sobre la mente superior y sobre la mente Inferior y sobre “Kamas” (el cuerpo de deseos) y sobre el Linga Sarira (el cuerpo vital) y sobre Estula Sarira, (el cuerpo físico) para tener el solemne derecho a ser discípulo de los espíritus estelares.

P.- Todavía tenemos algo de tranquilidad en el mundo, pero cuando las cosas se recrudezcan en forma tal y la vida se vuelva totalmente invivible, ¿cómo se desenvolverá la humanidad y en qué forma y de qué manera saldrá de ese caos?

R. La nueva era es un parto de la Naturaleza y todo parto es doloroso. Cristo hablando de la nueva era y del estado actual en que vivimos, nos dejó dicho lo siguiente:

“Mas cuando oyereis de guerras, y de rumores de guerras, no os turbéis porque conviene hacerse así, más aun no será el fin”.

“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, habrá hambre y alborotos, principios de dolores serán estos”.
San Marcos: Cápítulo 13, versículos 7 y 8.

Esta es la época actual en que estamos viviendo, y todo este siglo será de guerras, epidemias, terremotos y amarguras. Los sistemas que gobiernan el mundo (capitalismo, comunismo, fascismo) se lanzarán al desastre y al fin y al cabo, el conglomerado humano abandonara la vida urbana y volverá a los campos para vivir de acuerdo con las leyes de la Naturaleza.

Rusia ganará la guerra, y él comunismo es tan solo un puente podrido entre dos eras: una que agoniza y otra que quiere nacer. Después de triunfar Rusia (los aliados de la izquierda), se dividirá en muchas sectas políticas, y al fin y al cabo el hombre desilusionado de los partidos políticos y de la vida urbana, se establecerá en los campos y convertirá sus armas en arados.

Entonces vendrá el despertar de la inteligencia y la llamarada del entendimiento iluminará la faz de la tierra. El porvenir del hombre será en el seno de la Naturaleza, en los campos, las lluvias constantes harán fértil toda la tierra, y las ciudades serán destruidas.

Cristo nos dejó escrito lo que debemos hacer en estos tiempos:

“Porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas”.
San Lucas: Capítulo 21, versículo 22.

“Y cuando viereis a Jerusalén, (simboliza toda la tierra) cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado”

“Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse, y los que estén en los campos no entren en ella”.
San Lucas: Capítulo 21, versículos 20 y 21.

Así vemos que las ciudades serán destruidas y perecerán todos los malvados de la tierra, antes de iniciarse la edad de Acuario. El porvenir del hombre estará en los campos, y la política que gobernará al mundo está esbozada por el iniciado gnóstico Julio Medina V. en su escrito titulado “En el Vestíbulo del Santuario”. Banderas rojas y azules están llenas de prejuicios, ellas pertenecen al pasado. El pensamiento será la llama evocadora de la nueva edad, y la bandera blanca de Cristo flotará victoriosa.

¡Hombres de Acuario! Aprovechad el tiempo ahora que las almas malvadas están encerradas en el abismo.

P.- ¿Qué diferencia existe entre la resurrección y la ascensión?

R.-La resurrección es la fusión del Alma de Diamante con el Íntimo, y la ascensión es la fusión del Maestro con su “Gloriam”.

La resurrección es del alma y no del cuerpo, veamos los versículos 44, 45 y 50 del capítulo 15 de la carta a los Corintios: “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual; hay cuerpo animal, (el cuerpo de carne y hueso) y hay cuerpo espiritual (el cuerpo del espíritu)”.

Así también está escrito: “Fue hecho el primer hombre Adán en ánima viviente (este es el hombre de la calle, el hombre común y corriente) el postrer Adán (este es el hombre ya fusionado con su Intimo) en espíritu vivificante”.

“Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción”.

Con estos versículos, el Apóstol Pablo enseñó que la resurrección es interna, el hombre por la fornicación, conoció la muerte y el dolor, y con la castidad y la fe en Cristo, conocerá la resurrección y la vida.

Los seres humanos están muertos y necesitan resucitar, vosotros sois hijos de la fornicación de vuestros padres, y los miembros de la Gran Fraternidad Blanca, son hijos de la resurrección porque ya se fusionaron con sus Íntimos. Esa es la resurrección.

“Porque así como en Adán, (el hombre común y corriente) todos mueren, así también en Cristo, todos serán vivificados”.
(Versículo 22, capítulo 15 de la Carta a los Corintios)

Después de la resurrección, (Alta Iniciación) todo Maestro se prepara para la Ascensión descrita por la Biblia.

“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado y una nube le recibió y le quitó de sus ojos”.
(Versículo 9°, Capítulo 1 de los Hechos)

Esa nube blanca y resplandeciente es el “Gloriam” que lleno de alegría hace vibrar su campanada victoriosa en los espacios infinitos.

Cuando el Maestro se une con su “Gloriam”, se convierte en un Dios resplandeciente del infinito, pero para llegar a esas cumbres inefables, hay que pasar por las cinco grandes iniciaciones de Misterios Mayores. “Sorbida es la muerte con victoria”.

“¡¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?!”

sábado, 17 de abril de 2010

Cristianismo Gnóstico en Preguntas y Respuestas

P.- Toda religión tiene su cuerpo de doctrina. El Cristianismo tiene el Credo, y como plegarla el Padre Nuestro. ¿Cuál es el cuerpo de doctrina de la Gnosis?

R.- La Gnosis no ha venido a fundar ninguna nueva religión, y el cuerpo de la doctrina gnóstica es el mismo hombre y está “dentro” del mismo hombre.
El hombre que aprenda a explotarse a sí mismo, se convierte en un Dios. Esta doctrina os la envía la Logia Blanca, que es el Colegio de Iniciados al cual, pertenecen “Los Hermanos Mayores de la Humanidad”: Cristo, Buda, Mahoma, Francisco de Asís, Antonio de Padua, Lao Tse, Rama Krisna, Juana de Arco, Conde San Germaín, Paracelso, Kout Humi, Huiracocha, Pitágoras, Platón, Aristóteles y, particularmente, el avatara de la Gnosis de la Nueva Era, SAMAEL AUN WEOR.

P.-¿Qué concepto tienen los gnósticos sobre la Astrología?

La Astrología es tan solo el cuerpo físico de la Astro-teurgia. La Astrología es con respecto a la Astro-teurgia, lo que es el cuerpo físico con respecto al “Íntimo”.

Jámblico el gran teúrgo, invocaba a los Dioses planetarios y los materializaba en el plano físico para hablar con ellos.

En el corazón de toda estrella o planeta, existe un templo donde mora y trabaja el Ángel estelar o Dios planetario, pues cada estrella, es el cuerpo físico de un Ángel estelar. Y si el gnóstico quiere aprender a conversar con los Dioses planetarios necesita despertar los poderes superlativos de la conciencia por medio de las más severas prácticas de meditación interior.

“Darana” o concentración, “Diana” o meditación, y Shamandí, o éxtasis, son los tres peldaños de la Iniciación.

A través de la augusta contemplación interior actualizamos los poderes de nuestro principio Búdico o intuicional, y así, despojados del alma animal penetramos en los templos de los Dioses planetarios, y aprendemos de ellos la sabiduría sideral y la Astro-química que les permite a los Dioses trabajar en el gran Laboratorio Alquimista de la naturaleza, transmutando fuerzas y actualizando acontecimientos cósmicos dentro del reloj sideral.

Los Astrólogos saben cómo caminan los Dioses estelares, pero no saben cómo trabajan los Dioses estelares.

Los Astrólogos son como las mujeres superficiales, porque tanto unos como otros, solo saben vigilar los pasos ajenos y el exterior de los demás.

¿Pero qué saben los astrólogos sobre los poderes divinos de los Ángeles estelares? ¿Pero qué saben los Astrólogos sobre la química de los rayos siderales que transmuta esencias y provoca cambios y acontecimientos?

Que sepan los Astrólogos que los Maestros de la Fraternidad Blanca, trabajan en esta gran fábrica de Dios, bajo la dirección personal de los Dioses planetarios, y que los acontecimientos que se suceden en el mundo físico, son tan solo el resultado de la Teurgia y de la Astroquímica, que ellos manipulan en los mundos Internos para impulsar la evolución espiral de la vida.

P.- Si el hombre tiene dos almas, una espiritual y otra animal, y se nos dice también que en la alta iniciación el alma espiritual se une con el Íntimo. Entonces yo quisiera saber ¿qué se hace el alma animal?

R.- Cuando el alma espiritual se une con el Íntimo, se presenta ante nosotros la tarea más terrible y agobiadora, la cual es redimir el alma animal. Hay que liberar y extraer con heroísmo, el sumum de todas las esencias anímicas del alma animal, hay que extraer las quintaesencias más finas de cada uno de los cuerpos de pecado, y esta labor es sumamente ardua, porque el mal humano tiene raíces tan hondas, que se necesitan las más severas ordalías, para extinguir totalmente esas profundas raíces del mal que viven en nosotros. Esta labor minuciosa y difícil se realiza a través de las grandes iniciaciones de misterios mayores, donde solo reina el terror de amor y ley. Y es que el estado humano ha dejado en nosotros “huellas” tan hondas, tan antiguas y tan malas, que realmente se necesitan las purificaciones más terribles para extirpar totalmente de nosotros hasta las más finas y profundas raíces del mal, a fin de extraer con heroísmo las quintaesencias anímicas más finas y delicadas de nuestra pobre alma animal. Y digo “pobre” alma animal porque realmente ella merece compasión, aunque ella sea muy intelectual y se exprese con elegancia; siempre es el burro en que Cristo entró montado a Jerusalén, y sufre lo indecible y sufrirá hasta que nosotros la liberemos de los cuerpos de pecado y del dolor. Sabed que el “intelecto” y las apetencias son del alma animal. Ahora creo que se comprenderá por qué nosotros no le damos importancia al “intelecto ni al intelectualismo”. El burro es el animal que más sufre, amigo mío; por ello, es por lo que yo digo “pobre” alma animal. El burro simboliza siempre al alma animal. Hablando simbólicamente, le diré que para unirnos con el Íntimo, nos toca montar en el burro, y que para unirnos con el “Gloriam”, nos toca convertir el burro en hombre; aquí hay sabiduría, y el que tenga entendimiento, que entienda.

P.- El Divino Redentor nos dijo: “Con la vara que midiereis seréis medido”. Podría decirnos ¿en qué forma paga uno las malas acciones?

R.- Siempre ha habido un gran gobierno mundial dirigiendo los destinos del mundo, y este gobierno mundial tiene su constitución y sus leyes. La constitución de este gobierno mundial, es la sabiduría divina; y sus leyes, son las leyes de la Naturaleza que constituyen el código de justicia más perfecto. Este gran gobierno mundial, es la Logia Blanca; y sus decretos son irrevocables.

Las cortes de justicia de este gran gobierno, castigan y premian de acuerdo con la justicia cósmica; y todo lo malo que se hace, se paga. Las naciones, los pueblos y los hombres están severamente vigilados por los agentes de este gran gobierno mundial.


P.- ¿Por qué tenemos que pagar en esta vida lo que hicimos en una anterior encarnación? ¿No sería esto pagar las deudas de otro?

R.- Decir esto sería como afirmar que por el solo hecho de mudarnos de ropa ya no debemos pagar el dinero que debemos, y nos sentimos ya otros. El hombre verdadero es el alma; y el cuerpo, no es más que el vestido de piel. Con la muerte lo que sucede, es que nos desvestimos; y con el nuevo nacimiento, nos volvemos a vestir. Nosotros somos difuntos resucitados, y no nos queda más remedio que pagar lo que debemos. Es que no hay tal muerte, lo que hay es cambio de ropa. La vida vive retoñando por donde quiera, y cada niño que nace, es un muerto que resucita; es el alma de un difunto vestido con cuerpo de niño, y viene a pagar las cuentas que debe, porque no le queda más remedio. Nosotros vivimos condicionándonos a diario con nuestros propios actos, esto es lo que se llama “Karma” en oriente, pero por grave que sea nuestro Karma, podemos liberarnos de esa cadena en el momento en que nos fusionemos con el Íntimo, porque cuando una ley inferior es trascendida por una ley superior, la ley superior lava a la ley inferior.

P.- Yo estoy en un problema muy grave, es que tengo dos mujeres y con ambas tengo hijos. ¿Qué hago?

R. Ningún discípulo de los Maestros puede ser jamás adúltero y además, tiene que ser sincero consigo mismo. Ningún hombre puede amar a dos mujeres a un mismo tiempo. Pero generalmente, se confunde la compasión con el amor; en estos casos el adúltero arrepentido, debe discernir entre lo que es compasión y lo que es amor. Y si usted quiere salir del problema moral en que se encuentra, yo le aconsejo que arregle su hogar con la mujer que ama, y que siga siendo compasivo con la que usted sienta compasión. A la que ama, conviértala en sacerdotisa-esposa, y a la otra, ayúdela económicamente, y siga usted manteniendo con ella los mismos deberes económicos que usted mismo se creó. Pero sea usted compasivo, amigo mí, ayúdela, pero no la engañe. Es mejor que usted la desilusione de una vez, y no que la siga “asesinando” con cuchillo de palo. En estos casos, la ayuda desde lejos suele ser mejor, pues el encuentro de dos seres que se tuvieron cariño es doloroso; mas si la persona por la cual usted siente piedad tiene posibilidades económicas suficientes para vivir bien, entonces no la siga perjudicando, amigo mío. En este caso está libre; retírese y arregle su hogar con la mujer que ama.

P.- Los gnósticos afirman que en la alta iniciación el alma espiritual se une con el Íntimo, ¿no sería necesario un conocimiento oculto para esa alma espiritual?

R.- El alma espiritual, o alma de diamante, es nuestra conciencia enaltecedora y dignificante, es el vehículo de los más diversos funcionalismos de la conciencia, cuyo instrumento físico es el corazón, es la intuición divinal. Hay necesidad de preparar y actualizar los más diversos funcionalismos de la conciencia superlativa del Ser; ello se consigue por medio de las prácticas de meditación “Interior” en el Íntimo.

Concentración, meditación y adoración en el Intimo, estas son tres escalas que conducen a la actualización de los poderes superlativos del “Alma de Diamante”, o alma espiritual. Ella es la prometida del Íntimo y hay que prepararla para la gran “Boda” por medio de las prácticas de la meditación interior, de la magia sexual y santidad perfecta.

El discípulo después de haberse entrenado en el cuerpo astral, debe entonces aprender a funcionar como alma espiritual, libre de los cuerpos de pecado. Estos cuerpos de pecado, son los vehículos inferiores del alma animal. Entonces será menester que el discípulo aprenda a despojarse voluntariamente de sus cuerpos: astral, mental y de la voluntad, para funcionar libremente como “alma espiritual” en los mundos superiores de conciencia. La clave para ello es muy sencilla el discípulo, ya práctico, abandona momentáneamente su cuerpo físico, para moverse en el astral, con cuerpo astral, y una vez dentro de ese plano deberá abandonar todo deseo y sentirse siendo un niño, y luego armado de una recia voluntad, ordenar a su cuerpo astral así: “Cuerpo astral, salid fuera de mí”. Esta orden debe ir acompañada de la acción, el discípulo procederá enérgicamente despojándose de este vehículo arrojándolo fuera de sí, por la columna espinal, es decir, hacia atrás, efectivamente el cuerpo astral saldrá fuera del discípulo por ciertas puertas atómicas situadas en la columna espinal. Este mismo proceso se le aplicará luego al cuerpo mental, y luego al cuerpo de la voluntad. Y así el alma espiritual, libre de los cuerpos de pecado, podrá funcionar feliz y consciente en todos los planos de conciencia, visitar el Nirvana y prepararse rápidamente para la Gran Boda.

El discípulo, además de sus prácticas esotéricas, necesitará sujetarse a las más severas y sucesivas purificaciones, necesitará santificarse totalmente y sacrificarse completamente por la humanidad, pues de lo contrario no realiza ningún progreso.

Aquellos a quienes se les dificulte viajar en cuerpo astral, que practiquen de lleno los ejercicios de meditación interior, hasta que logren el despertar de la conciencia y la actualización de los poderos superlativos del alma de diamante, y así aprenderán también a moverse a voluntad en su alma de diamante. Libres de los cuerpos de pecado y del alma animal que se expresa dentro de ellos. El Alma de Diamante debe aprender a moverse dentro de los cielos estrellados de Urania, libre de los cuerpos de pecado. “Om masi padme, yom; tu eres la joya del loto y yo en ti permaneceré”. “Yo estoy en ti, y tú estás en mi”. Este es el mantram de la intuición, este es el mantram del Alma de Diamante, este es el mantram de la meditación interior del “Ser”.

El alma espiritual es la Bella Sulamita que nosotros debemos despertar y vestir para la gran boda nupcial de la alta iniciación en que Alma Espiritual se fusiona con el Íntimo.

El Alma de Diamante es la esposa del Íntimo, es la Bella Sulamita del “Cantar de los Cantares”, es la prometida eterna, y el Íntimo la ama y la adora y le canta en la siguiente forma:

“Hermosa eres tú, oh amiga mía; como Tirsa, de desear, como Jerusalén; imponente como ejércitos en orden”.

“Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras que se muestran en Galaad”.

“Tus dientes como manada de ovejas que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y estéril no hay entre ellas”.

“Como cachos de granada son tus sienes entre tus guedejas”.

“Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin cuento”.

“Mas una es la paloma mía, la perfecta mía, única es a su madre escogida a la que la engendró. Viéronla las doncellas, y llamáronla bienaventurada, las reinas y las concubinas, y la alabaron”

“Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?

“Al huerto de los nogales descendí a ver los frutos del valle, y para ver si brotaban las vides, si florecían los granados”.

“No lo supe: ame mi alma hecho como los carros de Amminabad.

“Tórnate, tórnate, oh Sulamita, tórnate, tórnate, y te miraremos. ¿Qué veréis en la Sulamita? Como la reunión de dos campamentos”.

Cantar de los Cantares: capitulo 6° versículos 4, 5, 6, 7, 8, 9,10,12 y 13.

Así le canta el Íntimo a su prometida y ella a su vez llena de amor canta a su amado (El Íntimo) con los siguientes versículos:

“Mi amado descendió a su huerto a las heras de las aromas, para apacentar en los huertos, y para coger los lirios”

“Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”

Cantar de los Cantares: capitulo 6° versículos 2 y 3.

Y continúa la Bella Sulamita (el alma espiritual o Alma de Diamante) cantando al Íntimo (su amado); en los siguientes versículos:

“Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil.

Su cabeza como oro finísimo, sus cabellos crespos, negros como el cuervo.

Sus ojos, como paloma junto a los arroyos de las aguas, que se lavan con leche, y a la perfección colocados.

Sus mejillas como una hera de especies aromáticas, como fragantes flores, sus labios, como lirios que destilan mirra que trasciende.

Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos; su vientre, como claro marfil cubierto de zafiros.

Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre bases de fino oro; su aspecto, como el Líbano escogido como los cedros.

Su paladar, dulcísimo y todo él codiciable. Tal es mi amado, oh! doncellas de Jerusalén.


Cantar de los Cantares: capítulo 5°, versículos 10, 11, 12, 13, 14, 15 y 16.

Todo el “Cantar de los Cantares” son los amores del alma espiritual o alma de diamante con su Íntimo.

Salomón es el Íntimo de cada ser humano, y la bella Sulamita es el alma espiritual, el Alma de diamante, por ello dice el sabio: “Mas una es la paloma mía, la perfecta mía”.

¿No les parece a ustedes, señores, que nosotros los espiritualistas vamos mejor? Nosotros cultivamos el alma espiritual, y los intelectuales, cultivan el alma animal. Todo intelectual es altamente fornicario y pasional, y muchas veces caen en los vicios más repugnantes, porque ellos solo han desarrollado el alma animal, con todas sus capacidades intelectuales y bestiales, pues tanto la fornicación como el intelecto son del alma animal.

La cultura del alma espiritual, es la obra más grande que podemos realizar en nuestra vida. El Intimo es la voz del silencio, que llama a su Alma de diamante para la “gran Boda”, “ábreme hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de la gota de la noche”.
Cantar de los Cantares: capítulo 59, versículo 2.

Pero el alma de los seres humanos no ha querido escuchar la voz del amado, ni quiere abrir la puerta de su cámara; su contestación siempre es dura: “Heme desnudado mi ropa, ¿cómo la tengo de vestir? He lavado mis pies, ¿cómo los tengo de ensuciar?”

Y así enredadas las almas en religiones, escuelas, creencias, etc. no abren la puerta al amado, ni escuchan la voz del silencio...