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martes, 19 de abril de 2011

Miriam ha-Magdalít en el misterio del tantrismo evangélico

El tantrismo, el tantra maithuna sadhana, fue introducido en Israel en tiempos del Rey Shlomo (Salomon).

El tantrismo fue introducido mediante el culto de Ishtar (Ashtar, Astarte) por el Rey Shlomo, y hasta la fecha actual se le sigue recriminando esto por judíos y cristianos sin conocer el misterio del culto tántrico de Ishtar, cuando le preguntaban porqué permitía este culto de Ishtar, el respondía que era porque ellos no sabían lo que el sabía ¿Para qué discutir con gente que desprecia el tantra maithuna?

La Piedra o la Roca Viva en el lenguaje místico hebreo representa al chacra Muladhara, esto es Yesod, el fundamento de la kabbalá sexual hebrea. Esto es el significado auténtico de la Piedra o Roca que han rechazado los modernos constructores (los brahmacharies y monjes), que han rechazado fundamentarse en el Muladhara, el fundamento, por medio del tantra maithuna.

La Mezquita de la Roca en Jerusalem, es algo maravilloso, pués la Piedra o Roca protegida por este domo, representa al Coxis y al Chacra Muladhara. Qué maravilla!

Las mujeres judías, las sacerdotisas de Ishtar (Venus, Afrodita, Isis), eran llamadas Q'deshot (las consagradas, las santas), término hebreo para las vestales, las sacerdotisas judías de Ishtar en Israel.

María la Magdalena (Miriam ha-Magdalít), era la Q'deshá de Yeshua el Cristo, ella era su esposa-sacerdotisa, la mujer iniciada en los misterios sexuales sagrados del tantra maithuna sadhana.

Magdalit (magdalena) proviene de la palabra hebrea "Migdal" que significa Torre, y este es un título o grado iniciático que María poseía, Magdalit se traduciría como la "entorrecida" , por el grado de altura espiritual que poseía.

Cuando se lee en Lucas 8:2 que Yeshúa el Cristo le sacó 7 demonios (shedim y/ó rujot raot), en su interpretación tantrista, representa la purificación total de sus 7 chacras a través del maithuna. Pués aunque los 7 chacras estén activados, conservan impurezas que deben de ser eliminadas a traves del maithuna.

María la Magdalena, era la Esposa, la Compañera, la Mujer de Yeshúa el Mesías

La idea que fuese una prostituta, fue un dogma errado de la iglesia católica, y ya se sabe que Juan Pablo II pidió disculpas públicamente de esta equivocación de la doctrina católica.

El mismo Juan Pablo II pidió disculpas por haber el catolicismo manchado el recuerdo bendito de María la Magdalena haciéndola pasar por prostituta, Juan Pablo II dijo que no existía ningún versículo en el evangelio que dijera que María Magdalena era prostituta. (Y efectivamente eso es correcto por parte de Juan Pablo II, pués ninguno de los evangelios señala o dice que María la Magdalena fuese una prostituta)

Ni siquiera ningún evangelio escrito ya sea en griego, copto, siriaco o latino, dice semejante blasfemia contra el bendito recuerdo de Míriam Ha-Magdalit.

Tanto la palabra , en hebreo "BAAL", usada en la boca de una mujer no solo implica la Idea de un Hombre como su Amo o Señor, sino dicho término hebreo también es un EUFENISMO que significa ESPOSO, MARIDO.

El término SEÑOR que usara la Bendita MIRIAM HA-MAGDALIT, en el evangelio, es usado para referirse a YESHÚA como su ESPOSO.

Pués esto es análogo, semejante, cuando decimos que Shiva es el Señor de Parvatti.

Es una lástima que los profanos, los ignorantes, y muchos dizques cristianos, no acepten y reconozcan que MIRIAM HA-MAGDALIT fue la auténtica esposa del Señor YESHÚA HAMMASHÍAJ.

El evangelio copto de Felipe afirma que María la Magdalena era la "compañera" de Yeshúa el Mesías.

Ahora bien, en la primitiva tradición evangélica judío-mesiánica (NAZORI), el evangelio de Felipe escrito originalmente en copto, nos comprueba que María la Magdalena era la Compañera de Yeshúa el Mesías. Y el mismo apostol Felipe en su evangelio copto nos dice que Yeshúa el Cristo y María la Magdalena se besaban en frente de los discípulos. Pués Yeshúa como todo buen Rabbí (maestro) de su tiempo era un hombre casado.

"Y la compañera del Salvador era María la Magdalena. Y Jesús el Cristo la amó más que a todos los discípulos y acostumbraba a besarla muy seguido en la boca"
(El Evangelio de Felipe)

El vocablo "compañera" es un término para referirse que era su esposa, y el mismo término es masónico.

El evangelio de Felipe dice que se besaban delante de los apóstoles y que a Pedro le disgustaba.

Mas los hermanos aún no entienden la simbología del porqué Pedro se molestaba por ésta situación, simplemente porque es un símbolo masónico. Significa que la mujer no puede ser excluida de los misterios de la Piedra Cúbica de Yesod, y que el trabajo debe de realizarse en forma hermética, resguardados de toda mirada profana.

 El Profundo Erotismo del Tantra 


El Tantra nos enseña a los hombres, que
quien toda mujer encarna a Shakti,
tendrá hacia ella una actitud muy diferente a la del hombre-varón común.

Para él, ella no es un objeto sexual que hay que cortejar para obtener sus favores, ni una presa de caza.

El tántrico no es alguien que se la pasa ligando ni un Don Juan. Sola con él, la mujer no tiene nada que temer: estará segura, será libre de comportarse como quiera. Respetada, en ningún momento será molestada.
En el plano sexual el hombre y la mujer se separan desde el punto de vista del orgasmo, lo que significa un extraordinario viraje evolutivo.
Durante el orgasmo, el hombre siente como mucho tres o cuatro contracciones mayores, seguidas de algunas otras, menos intensas, todas localizadas en la región genital. Inmediatamente después se desinteresa del sexo. La sangre abandona el pene, que queda blando, y todo se ha de recomenzar pasado cierto tiempo.

Para la mujer el proceso es totalmente distinto. Normalmente, ella siente de cinco a ocho contracciones principales, luego de nueve a quince secundarias que irradian por toda la pelvis. Lejos de haber terminado, para ella el sexo apenas comienza.

Al contrario del hombre, no hay desentumecimiento de los órganos genitales; si sabe cómo hacerlo, casi inmediatamente puede vivir un nuevo apogeo de placer, luego otro y todavía otro si quiere. En realidad, cuantos más orgasmos tiene una mujer, más puede tener, más se intensifican... Toda mujer es físicamente capaz de experimentar orgasmos múltiples. Simple cuestión de práctica.

¿Una obsesión humana?

Que el sexo obsesione a nuestra especie no es, pues, ni depravación ni lujuria, sino la marca del destino humano. Nuestra especie está destinada al erotismo, juego sutil donde el sexo, disociado y liberado de la pulsión procreadora animal, abre a la pareja humana el acceso espiritual total a través de dos seres en el éxtasis amoroso.

En el animal, la hembra se apodera del esperma para ser fecundada, nada más. Más allá del goce inmediato no busca ninguna fusión en otro plano, como, por ejemplo, el de la meditación entre dos que, en el ser humano, abre la vía a lo cósmico o universal.

El problema de la disfunción sexual entre hombres y mujeres nace del hecho de que el primer orgasmo femenino es sólo un comienzo, mientras que la eyaculación termina con la erección masculina e interrumpe la experiencia: sólo el control eyaculatorio restablece el equilibrio, por lo demás benéfico para ambos.

En el animal el contacto sexual está limitado a los órganos genitales, por otra parte, el pelaje aislante impide un contacto íntimo directo. En nosotros, toda la piel, antena cósmica de millones de receptores sensibles (según lo gnósticos y expertos en este asunto), se ofrece a las caricias y permite intercambios táctiles en la mayor parte del cuerpo.

Todas estas diferencias exclusivas confirman que nuestra especie, y sobre todo la mujer, está concebida para el sexo y el erotismo como ningun otro ser sobre el planeta.

El ser humano es fundamentalmente un ser sexual, el único capaz de dar al acto sexual otras dimensiones que la procreación pura y simple.

Algo de erotismo

El Tantra lo ha comprendido desde hace miles de años. Incluso en el nivel hedonista y secular, el erotismo Indio, concentró siempre su atención en el estado íntimo de la posesión erótica.

Las largas secuencias de caricias y posturas que se recomiendan en el Kamasutra, el Anangaranga y otros manuales, tenían por objeto crear un estado de prolongado saboreo o deleite; en ninguno de los dos textos aquí citados se trata el orgasmo como un desahogo necesario, ni siquiera como el objetivo principal, sino, simplemente, se le da por supuesto.

En los niveles más altos del erotismo indio (gentilicio de la India) el orgasmo se vuelve puramente una puntuación, un incentivo del estado de continuo e intenso esplendor físico y emocional que los amantes consiguen evocarse mutuamente.

El sexo no se considera una sensación, sino un sentimiento; la atracción no es un apetito, sino un “contacto de ojos”; en amor no es una reacción, sino una creación cuidadosamente fomentada.

Su sentido es un prolongado éxtasis mental y corporal, cuyos fuegos se mantienen vivos continuamente por medio de un compromiso y un estímulo prolongado de los órganos sexuales, y no por el mero alivio recíproco. Las posturas y las contracciones internas que tienen lugar en el trascurso de la unión tántrica actúan sobre esta base india de amor sexual.

Pero la condición especial de esplendor interior que provocan, sólo aparece cuando el foco erótico pasa, de la personificación exterior y sensorial del deseo, a la Diosa interior de la que todas las mujeres exteriores son simples paradigmas. La mujer y el hombre, entonces, son claves del deleite recíproco.

Esto no significa que el uno pierda valor a los ojos del otro, sino, más bien, lo contrario, porque cada uno de ellos se vuelve Dios para el otro, y, además, los ritos y los mantras que acompañan el acto sexual llevan también cargas de energía acumulada, derivadas de prácticas, estudio y costumbres anteriores, realzando la actividad sexual con su propia fuerza.

Sonrían los machos, pues en el ser humano la hormona erótica es: ¡es la testosterona!

Es verdad, el hombre y la mujer fabrican ambos a la vez hormonas masculinas y femeninas, aunque él produzca diez veces más testosterona que ella, y diez veces menos estrógenos. Para ella es a la inversa, pero recordemos, sólo la hormona masculina erotiza a la mujer.

En la naturaleza, la mujer es, pues, el único caso de disociación hormonal casi total entre el eros y la procreación: mientras que la reproducción corresponde a los ovarios, que secretan las hormonas femeninas, las glándulas suprarrenales son las que destilan la poca cantidad de hormona masculina necesaria para excitar el centro del deseo, en alguna parte del cerebro femenino.



Por: Ram Saram Kaur

sábado, 3 de abril de 2010

El Misterio de la Resurrección y Ascensión

Las doctrinas de la Resurrección y de la Ascensión de Cristo forman también parte de los Misterios Menores, y constituyen elementos integrales del "Mito Solar" y de la narración de la vida del Cristo en el hombre.
Es fundamento histórico de estas doctrinas, por lo que al mismo Cristo se refiere, el hecho de haber continuado enseñando a Sus apóstoles después de Su muerte física. Lo es asimismo Su aparición en los Grandes Misterios como Hierofante, desde que cesaron Sus instrucciones directas, hasta que Jesús ocupó Su puesto. En las leyendas míticas, la resurrección del héroe y su glorificación constituían invariablemente el remate de la relación de su muerte. En los Misterios el cuerpo del candidato sufría siempre en transición semejante a la muerte, mientras él, como un alma libre, recorría el mundo invisible, tornando a los tres días, y haciendo revivir su cuerpo. Por último, los dramas de la Resurrección y de la Ascensión se repiten en la vida del hombre que está a punto de ser un Cristo, según veremos al estudiarla.
Mas para comprender este asunto, es indispensable que nos demos cuenta de la constitución humana, y adquiramos el conocimiento de lo que es el cuerpo natural y el espiritual del hombre. "Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual", dice el Apóstol en I Corintios, XV, 44.
Algunas gentes indoctas consideran todavía al hombre como mero dualismo formado de "alma" y "cuerpo", y emplean las palabras "alma" y "espíritu" como sinónimos, hablando igualmente de "alma y cuerpo" o de "espíritu y cuerpo"; con lo que dan a entender que el hombre está compuesto de dos constituyentes, de los cuales uno perece en la muerte, mientras el otro le sobrevive. Tosca división es ésta, suficiente para el hombre sencillo e ignorante; mas con ella no podemos profundizar los misterios de la Resurrección y de la Ascensión.
Todo cristiano que haya estudiado, aunque superficialmente, la constitución del hombre, reconoce en ella tres distintos elementos: Espíritu, Alma y Cuerpo. Esta división, si bien requiere una subdivisión para estudios más profundos, es correcta, y San Pablo la empleó en su plegaria, donde dice: "para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sean guardados enteros sin reprensión " (1). Triple división aceptada en la teología cristiana.
El Espíritu mismo es realmente una Trinidad, reflexión e imagen de la Trinidad Suprema. El hombre verdadero, el inmortal, que es el Espíritu, es la Trinidad en el hombre. Es a la vida y a la conciencia, a quienes corresponde el cuerpo espiritual: y cada aspecto de la Trinidad tiene su cuerpo apropiado. El alma es dual: comprende la mente y la naturaleza emotiva, con sus respectivas vestiduras. El Cuerpo es el instrumento material del Espíritu y del Alma.
Hay un punto de vista cristiano que considera al hombre un ser duodécuplo, con seis modificaciones formando otro punto de vista que le atribuye catorce divisiones: siete correspondientes a modificaciones de la conciencia y siete a tipos de la forma. Esta última concepción es prácticamente idéntica a la estudiada por los Místicos, la cual se expone comúnmente como séptuple, pues consta en realidad de siete divisiones, cada una doble, respondiendo al aspecto de la forma.
Algo confusas y perplejas son tales divisiones y subdivisiones para los entendimientos rudos, por donde Orígenes y Clemente dieron gran importancia a la necesidad del desarrollo intelectual en todos aquellos que deseaban ser gnósticos.
Después de todo, los que las encuentren dificultosas, pueden omitirlas sin censurar por eso al estudiante entusiasta, que las considera, no sólo luminosas, sino absolutamente indispensables para entender con claridad los Misterios de la Vida y del Hombre.
La palabra Cuerpo significa vehículo, o instrumento de la conciencia: es decir, o que es como un vehículo que conduce a la conciencia, o que es el medio que la conciencia emplea para ponerse en contacto con el mundo externo, al modo que un mecánico emplea un instrumento. Ahora bien; nosotros podemos representárnoslo como un vaso en que la conciencia está contenida, al igual de un receptáculo que contenga un líquido.
Es una forma usada por una vida; y, a la verdad, nosotros no conocemos nada de la conciencia, salvo en su conexión con las formas. Puede estar la forma construida de los materiales más raros y sutiles, puede ser tan diáfana que sólo nos demos cuenta de la vida que en ella mora; sin embargo, la forma existe, y está compuesta de Materia. Por el contrario, puede ser tan densa que oculte la vida que la habita, y entonces solamente nos daremos cuenta de la forma; sin embargo, la vida está allí, y está compuesta del opuesto de la Materia: Espíritu. El estudiante debe considerar una y otra vez este hecho fundamental: la dualidad de toda la existencia manifestada, la inseparable coexistencia del Espíritu y la Materia, así en un grano de polvo, como en el Logos, el Dios manifestado. Debe identificarse con esta idea; de lo contrario, haría mejor en abandonar el estudio de los Misterios Menores.
El Cristo, como Dios y Hombre, exhibe en la escala cósmica el mismo hecho de dualidad que la naturaleza repite en todas partes. Conforme a esta dualidad originaria está construido todo en el universo.
El hombre tiene un "cuerpo natural", formado de cuatro partes distintas y separables, y sujeto a la muerte. Dos de estas partes se componen de materia física, y nunca se separan; sin embargo, pueden causar su separación parcial los anestésicos o una enfermedad. A las dos reunidas se las puede llamar el Cuerpo Físico. En él ejerce el hombre su actividad consciente durante la vigilia; expresándonos en términos técnicos: es el vehículo de la conciencia en el mundo físico.
La parte tercera es el Cuerpo de Deseos, así llamado porque los sentimientos y la naturaleza pasional del hombre tienen en él su vehículo especial. Durante el sueño el hombre abandona el cuerpo físico, y muestra su actividad consciente en este otro cuerpo, el cual funciona en el mundo invisible inmediato a nuestra tierra visible. Es, por lo tanto, el vehículo de la conciencia en el mundo inferior de los suprafísicos, que es también el primer mundo a que pasa el hombre después de la muerte.
La cuarta parte es el Cuerpo Mental, llamado así porque en él funciona la naturaleza intelectual del hombre, siempre que se ejercite en el concreto. Es vehículo de la conciencia en el segundo de los mundos suprafísicos, que es a la vez el mundo celeste inferior, al que pasa el hombre después de la muerte, cuando ha quedado libre del mundo indicado anteriormente.
Estas cuatro partes de la forma que envuelve al hombre, compuesta por el doble cuerpo físico: el cuerpo de deseos y el cuerpo mental, constituyen el cuerpo natural de que habla San Pablo.
Este análisis científico no cabe dentro de la enseñanza cristiana ordinaria, la cual es vaga y confusa sobre este punto.
Esto no quiere decir que las iglesias lo hayan desconocido en todos los tiempos; muy al contrario, la constitución del hombre, así formulada, era parte de las enseñanzas de los Misterios Menores. La simple división de Espíritu, Alma y Cuerpo era exotérica: noción primera, superficial y de fácil comprensión para la enseñanza ordinaria, más a propósito como punto de partida. La subdivisión relativa al "Cuerpo" se daba en el curso de las instrucciones subsiguientes, como preliminar de la enseñanza que tenía por objeto adquirir el poder de separar un cuerpo de otro, y usar de cada cual como vehículo de conciencia en su región propia.
No es difícil entender este concepto. Cuando un hombre necesita viajar por tierra, emplea un carruaje o un tren. Si quiere viajar por mar, cambia de vehículo y acude al barco. Y si necesita andar por el aire, hace un nuevo cambio, y adopta el globo. En cualquiera de los tres casos el hombre es el mismo, sólo que hace uso de tres vehículos diferentes, según la clase de materia a través de la cual tenga que andar. La analogía es tosca e inadecuada, mas no por eso induce a error.
Cuando el hombre actúa en el mundo físico, su vehículo es el cuerpo físico, y en él y por medio de él obra la conciencia.
Cuando pasa durante el sueño y después de la muerte al mundo que está inmediato al físico, es su vehículo el cuerpo de deseos, del que puede aprender a usar conscientemente, a la manera con que usa con pleno conocimiento de su cuerpo físico.
Todos los días de su vida los emplea, sin saberlo, siempre que siente y desea; y asimismo se sirve de él todas las noches mientras duerme. Cuando después de la muerte entre en el mundo celeste, tiene por vehículo el cuerpo mental, del que usa también diariamente al pensar, pues no se produciría pensamiento alguno en el cerebro, si antes no se originase en el cuerpo mental.
Tiene el hombre además “un cuerpo espiritual”, formado de tres partes separables, que corresponden y departen a las tres Personas de la Trinidad espiritual humana. San Pablo habla de uno que "fue arrebatado hasta el tercer cielo", "donde oyó palabras secretas que el hombre no puede decir" (2). Estas diversas regiones de los supremos mundos invisibles son conocidas de los Iniciados, quienes saben muy bien que los que pasan más allá del primer cielo, necesitan del verdadero cuerpo espiritual como vehículo, y que, según sea el desarrollo de las tres divisiones de éste, así será el cielo a donde puedan llegar.
De estas tres divisiones, la inferior se llama comúnmente Cuerpo Causal, por razones que sólo podrá entender del todo el que haya estudiado la doctrina de la Reencarnación -enseñada por la Primitiva Iglesia- en la que se da cuenta de cómo la evolución humana requiere muchas vidas sucesivas en la tierra, para que el alma en germen del salvaje pueda convertirse en el alma perfecta de un Cristo, y ya perfecta, como el “Padre que está en los Cielos es perfecto”, (3), pueda realizar la unión del Hijo con el Padre (4). Es un cuerpo que persiste de vida en vida, y en él se acumula toda la memoria del pasado.
De él salen las causas que construyen los cuerpos inferiores. Es el receptáculo de la experiencia humana, traje de las cosechas de nuestras vidas, asiento de la Conciencia, centro de la Voluntad.
De la segunda de las tres divisiones del cuerpo espiritual hace alusión San Pablo con estas significativas palabras: "Tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en los cielos que no ha sido hecha de manos" (5). Este es el cuerpo de Felicidad, el cuerpo glorificado del Cristo, "el Cuerpo de Resurrección." No es cuerpo "hecho de manos", por el funcionamiento de la conciencia en los vehículos inferiores; no es obra de la experiencia, ni construcción de materiales que el hombre haya reunido en su larga peregrinación. Es un cuerpo que pertenece a la vida del Cristo, a la vida de la Iniciación, al desarrollo divino del hombre; es construcción de Dios mediante la actividad del Espíritu, y crece a través de las vidas del Iniciado, hasta hacerse perfecto en la "Resurrección."
La tercera división del cuerpo espiritual es fina película de materia sutil que separa el Espíritu individual como un Ser, y, no obstante, permite la compenetración de su totalidad por el todo, siendo así expresión de la unidad fundamental. En el día en que "el mismo Hijo se someterá al que le sometió todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos" (6), esta película será trascendida, mas para nosotros seguirá siendo la suprema división del cuerpo espiritual, en la cual subiremos al Padre y nos uniremos a Él.
El Cristianismo ha reconocido siempre la existencia de tres mundos o regiones por las que ha de pasar el hombre: primero, el mundo físico; segundo, un estado intermedio a donde pasa después de la muerte; y tercero, el mundo celeste. Los cristianos instruidos generalmente creen en estos tres mundos; no así los indoctos, que imaginan que el hombre va derecho desde su lecho de muerte a un estado definitivo de beatitud. Pero hay algunas discrepancias en cuanto a la naturaleza del mundo intermedio. Los católicos romanos le llaman Purgatorio, y creen que todas las almas van a él, excepto los Santos, o los hombres que han alcanzado la perfección, y también aquellos que mueren en "pecado mortal." La gran masa de la humanidad pasa a una región purificadora, donde se permanece durante un período que varía según sean los pecados cometidos, y de donde se sale para entrar en el mundo celeste, una vez obtenida la purificación. Las diversas comunidades denominadas protestantes discrepan en sus enseñanzas en cuanto a los detalles, y la mayor parte rechaza la idea de una purificación post mortem; pero generalmente concuerdan en la existencia de un estado intermedio, a veces llamado "Paraíso", a veces “período de espera”.
El mundo celeste es considerado casi universalmente en la moderna Cristiandad como una posición definitiva pero sin que se dé una idea muy determinada o general respecto a los progresos o situación estacionaria de los que allí arriban. En el Cristianismo primitivo se consideraba al cielo como lo es en realidad: una etapa del progreso del alma; en el bien entendido ya, en una forma o en otra, se hallaba entonces generalizada la enseñanza de la reencarnación y de la preexistencia del alma. Resulta de ello, por de contado, que la estancia celeste era tenida por temporal, aunque muy larga en ocasiones, puesto que duraba "una edad", según se consigna en el texto griego del Nuevo Testamento; edad que concluía con el retorno del hombre, para emprender la nueva etapa de su vida y progreso no interrumpidos. Tal estancia, pues, no era eterna como se lee en la equivocada traslación inglesa, que corre con autoridad (7).
A fin de completar el bosquejo que se requiere para una mayor inteligencia de la Resurrección y de la Ascensión, tenemos que ver cómo se desarrollan estos diversos cuerpos, en la evolución superior.
El cuerpo físico está en constante estado de flujo y de reflujo, sus moléculas se renuevan sin cesar, su fábrica es continua. y como quiera que se construye del alimento que comemos, de los líquidos que bebemos, del aire que respiramos y de las partículas que atraemos de cuanto nos rodea, así de los seres animados como de las cosas, podremos purificarlo con la buena elección de los materiales, y convertirlo así en vehículo cada vez más a propósito vara actuar por su medio, cada vez más receptivo a las vibraciones sutiles, cada vez más apto para responder a los deseos puros y a los pensamientos nobles y elevados. Por esto los que aspiraban a alcanzar los Misterios, quedaban sujetos a determinadas reglas para las comidas, abluciones, etc., y se les recomendaba un cuidado exquisito en lo tocante a las personas con que se reunían y a los sitios que frecuentaban.
De modo análogo cambia a su vez el cuerpo de deseos; mas los materiales que entran en su composición, se atraen y se expelen por el funcionamiento de los deseos que proceden de sentimientos, pasiones y emociones. Si éstos son groseros, groseros serán también los materiales constitutivos de dicho cuerpo, mientras que si aquéllos se purifican, cambiando los materiales, se hará el último más sutil, y más sensible a las influencias superiores, En proporción al dominio que el hombre ejerce sobre su naturaleza inferior, al desinterés de las aspiraciones y sentimientos, y a la medida del amor que experimente por cuantos le rodean, se verifica la purificación de este vehículo más elevado de la conciencia. El resultado será que cuando esté fuera del cuerpo físico durante el sueño, obtendrá experiencias más puras, altas e instructivas; y cuando a la hora de la muerte lo abandone de un modo definitivo, pasará velozmente por el estado intermedio, pues el cuerpo de deseos se desintegrará con rapidez, y no podrá detenerle en su viaje hacia otras regiones.
El cuerpo mental se constituye de idéntica manera por los pensamientos. Será vehículo de la conciencia en las regiones celestiales; mas su construcción en la tarea actual de la imaginación, de la razón, del juicio, de las facultades artísticas, de las aspiraciones, y, en general, de todos los poderes mentales en ejercicio. Tal lo usa el hombre, cual la hace; por lo que la duración y esplendor de la estancia celeste dependen de la clase de cuerpo mental que se haya construido en la vida terrestre.
Conforme el hombre ingresa en la evolución más elevada, cobra este cuerpo actividad independiente aun del lado de acá de la muerte, y en medio del tumulto de la existencia mundana, va ganando por grados la conciencia de su vida celeste.
Conviértese entonces en "el Hijo del hombre que está en el cielo" (8), el cual puede hablar sobre las cosas celestiales con la autoridad del conocimiento. Cuando el hombre comienza a vivir la vida de Hijo, vive en el cielo, aun estando en la tierra, pues ha entrado en el Sendero de Santidad y ha adquirido la posesión y el uso conscientes de su cuerpo celeste. Y como quiera que el cielo no está lejos de nosotros, sino que por el contrario, nos envuelve por todos lados, hallándonos sólo apartados de él por razón de nuestra incapacidad para recibir sus vibraciones, no por su lejanía, y como quiera que esas vibraciones actúan sobre nosotros en todos los momentos de nuestras vidas, lo que necesitamos para estar en el cielo es hacernos conscientes de tales vibraciones, lo cual conseguiremos, organizando, vivificando y desarrollando este cuerpo mental que, constituido de materiales celestes, es apto para responder a las vibraciones de la materia de aquel mundo. De aquí que el "Hijo del hombre" esté siempre en los cielos. Mas nosotros sabemos que el "Hijo del hombre" es término que se aplica al Iniciado: no al Cristo ascendido y glorificado, sino al Hijo cuando todavía “se está perfeccionando”. La primera división del cuerpo espiritual, o sea el Cuerpo Causal, se desarrolla rápidamente durante las etapas de la evolución que conducen al Sendero Probatorio y las que en éste se comprenden, y así le es posible al hombre, después de la muerte, elevarse al segundo cielo. Después del Segundo Nacimiento, esto es, el nacimiento del Cristo en el hombre, tiene principio la formación del Cuerpo de Felicidad "en los cielos."
Este es el cuerpo del Cristo, que se desarrolla en el tiempo de Su servicio en la tierra, y, a medida que se desarrolla, la conciencia del "Hijo de Dios" se hace más y más determinada, sintiéndose iluminado el Espíritu, en tal estado de desenvolvimiento, por la futura unión con el Padre.
En los Misterios cristianos, así como en los egipcios y caldeos antiguos y en varios otros, había un simbolismo externo que expresaba las etapas por los que el hombre iba pasando. Se le llevaba a la cámara de Iniciación, y se le colocaba en el suelo con los brazos extendidos, algunas veces sobre una cruz de madera, y otras simplemente sobre las losas del pavimento, quedando en la postura de un hombre crucificado. Entonces se le tocaba en el corazón con el tirso -la "lanza" de la crucifixión- y abandonando el cuerpo, que caía en profundo trance -la muerte del crucificado- pasaba a los mundos del más allá. El cuerpo se metía en un sarcófago de piedra, y allí quedaba cuidadosamente guardado. Entretanto, el hombre real recorría primeramente las extrañas y oscuras regiones llamadas "el corazón de la tierra", y después la celeste montaña, donde se revestía del cuerpo de felicidad perfectamente organizado ya del todo para ser vehículo de la conciencia, y en él volvía al cuerpo carnal para reanimarlo. La cruz en que este cuerpo se había colocado, y, en el caso de no haberse empleado cruz, el cuerpo mismo, rígido y en estado de trance, se sacaba del sarcófago, y se ponía en una superficie inclinada, mirando al Oriente, en el instante de la salida del sol al tercer día.
En el momento en que los rayos del sol le daban en la cara, el Cristo, el Iniciado perfecto, o Maestro, entraba otra vez en el cuerpo, y lo glorificaba con el cuerpo de felicidad que traía, cambiándolo con este contacto, comunicándole nuevos poderes, aptitudes y propiedades distintas; en una palabra, transmutándolo en un cuerpo semejante al Suyo. Era esto la Resurrección del Cristo; en adelante el mismo cuerpo de carne transformado adquiría una nueva naturaleza.
Por esto el sol se ha tomado siempre como símbolo del Cristo que resucita; por esto en los himnos de la Pascua de Resurrección se hace constante referencia al naciente Sol de Justicia. También está escrito del Cristo triunfante: "Yo soy el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte" (9). Todos los poderes de los mundos inferiores han quedado bajo el dominio del Hijo que ha triunfado gloriosamente. La muerte no tiene ya poder sobre El. El tiene vida y muerte en Su potente diestra" (10). El es el Cristo resucitado, el Cristo triunfante.
La Ascensión del Cristo en el Misterio de la tercera parte del cuerpo espiritual, la adquisición de la Vestidura de Gloria que prepara la unión del Hijo con el Padre, del hombre con Dios, cuando el Espíritu recobra aquella gloria que tuvo "antes que el mundo fuese" (11). Entonces el triple Espíritu se hace uno, se reconoce eterno, y el Dios Oculto es encontrado. Esto es lo que se representa en la doctrina de la Ascensión, por lo que al individuo se refiere.
La Ascensión de la humanidad se llevará a cabo cuando toda la raza humana haya logrado la condición de Cristo, el estado de Hijo, y este Hijo se haya hecho uno con el Padre, y todo Dios esté en toda la humanidad. Esta es la meta, figurada de antemano en el triunfo del Iniciado, pero alcanzada solamente cuando la especie humana sea perfecta, cuando "la gran huérfana Humanidad" no sea ya tal huérfana, sino que, se reconozca en plena conciencia como el Hijo de Dios. Estudiando así las doctrinas de la Redención, de la Resurrección y de la Ascensión, lograremos las verdades declaradas que en los Misterios Menores a ellas se refieren, y empezaremos a entender toda la realidad de la enseñanza apostólica sobre que el Cristo no era una personalidad única, sino "primicias de los que durmieron" (12), y que todo hombre habrá de ser un Cristo. En aquellos tiempos no se consideraba al Cristo como un Salvador externo, cuyos merecimientos debían salvar a los hombres de la cólera divina. Era doctrina corriente en la Iglesia la elevada e inspiradora enseñanza de que El era las primicias de la humanidad, el modelo que todos debían imitar, la vida que todos habían de compartir. Los Iniciados han sido siempre tenidos por tales primicias, como promesa del primitivo y viviente símbolo de su propia divinidad, el fruto glorioso de la semilla que llevaba en su propio seno. La enseñanza del Cristianismo esotérico, o de los Misterios Menores, no era el ser salvado por un Cristo externo, sino el ser glorificado en un Cristo Interno. Del estado de discípulo debía pasarse al estado de Hijo. La vida del Hijo debía pasarla entre los hombres, hasta que fuese rematada por la Resurrección, y el Cristo glorificado se convirtiese en uno de los perfectos Salvadores del Mundo.
¡Cuánto más sublime es este Evangelio que el de los tiempos presentes! ¡Cuán estrecha y mezquina la doctrina exotérica de las iglesias, frente a este grandioso ideal del Cristianismo esotérico!
v:.a:. Annie Besant
Notas del presente post
(1) I. Tesal, v. 23.
(2) II. Cor., XII, 2, 4.
(3) San Mateo, v. 48.
(4) San Juan, XVII, 21-23.
(5) II. Cor., V. I.
(6) I. Cor., XV, 28.
(7) La equivocación era natural, pues se hizo el traslado en el sigla XVII, cuando toda idea sobre la preexistencia y evolución del alma había desaparecido de la Cristiandad desde mucho tiempo antes, exceptuando las enseñanzas de algunas sectas, que la Iglesia Católica Romana perseguía, considerándolas heréticas.
(8) San Juan, III, 13.
(9) Apoc., 1. 18.
(10) The Voice of the Silence, pág. 90, 5a edición, por H. Blavatsky.
(11) San Juan, XVII, 5.
(12) I Cor, XV, 20.

lunes, 29 de marzo de 2010

Evangelismo esotérico - II parte

El error de las interpretaciones eclesiásticas comunes consiste en que lo que se refiere al “esoterismo” se considera como refiriéndose a la vida futura, y lo que se refiere a los “discípulos” se considera como refiriéndose a todos los hombres.
Debe notarse además que las diferentes líneas de pensamiento se encuentran mezcladas unas con otras en los Evangelios. A menudo un mismo pasaje se refiere a diferentes líneas de pensamiento. Con frecuencia pasajes diferentes, o pasajes formulados diferentemente, expresan una misma idea, se refieren a una misma línea de pensamiento. En ocasiones pasajes que se suceden entre sí y que aparentemente siguen uno tras otro, se refieren en realidad a ideas completamente distintas.
Hay pasajes, por ejemplo “sed como pequeños niños”, que tienen docenas de significados diferentes al mismo tiempo. Nuestra mente se rehúsa a concebir, se rehúsa a comprender, estos significados. Y aun cuando escribamos estos distintos significados en el momento en que nos son explicados, o en el momento en que nosotros mismos llegamos a comprenderlos, y después leamos las notas hechas en distintas ocasiones, nos parecerán fríos y vacíos, sin sentido, porque nuestra mente no puede entender simultáneamente más de dos o tres significados de una idea.
Además de ésto, hay muchas palabras extrañas en el Nuevo Testamento, cuyo significado no conocemos realmente, tales como “fe”, “misericordia”, “redención”, “sacrificio”, “oración”, “limosnas”, “ceguera”, “pobreza”, “riqueza”, “vida”, “muerte”, “nacimiento” y muchas otras. Si logramos entender el significado oculto de estas palabras y expresiones, el contenido general se hace inmediatamente claro e inteligible y a menudo completamente opuesto a lo que generalmente se supone.
En lo que sigue, trataré solamente de las dos líneas de pensamiento que he mencionado. De modo que la interpretación que daré aquí no agotará la totalidad de contenidos de la enseñanza evangélica y aspirará sólo a mostrar la posibilidad de explicar algunas ideas del Evangelio en conexión con las ideas del esoterismo y de la “sabiduría oculta”. Si leemos los Evangelios teniendo en cuenta que el Reino del Cielo significa el círculo interno de la humanidad, todo adquiere inmediatamente un nuevo sentido y significado.
Juan Bautista dice:
“Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado”. (Mat. 3.2).
Y dice inmediatamente después que los hombres no deben esperar recibir el Reino del Cielo permaneciendo tal como están, que éste no es de ningún modo su derecho, que en realidad merecen algo completamente diferente.
“Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían a su bautismo, decíales: Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que vendrá? Haced pues frutos dignos de arrepentimiento. Y no penséis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos a Abraham aún de estas piedras.” (Mat. 3.7-9).

Juan Bautista subrayó con extraordinario poder la idea de que el Reino del Cielo está reservado sólo a unos cuantos que lo merecen. Para los demás, para aquéllos que no lo merecen, no deja ninguna esperanza.
“Ahora, ya también la segur está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.” (Mat. 3.10).
Y más adelante, hablando de Cristo, pronuncia palabras que se han olvidado más que cualesquiera otras: “Su aventador, en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.” (Mat. 3.12)
Jesús, al hablar del Reino del Cielo, varias veces hace hincapié en la excepcional significación de la prédica de Juan Bautista:
“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.” (Mat. 11.12).
“La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza a entrar en él.” (Lucas 16.16)
Jesús mismo, cuando empieza a hablar del Reino de los Cielos, usa las mismas palabras dichas por Juan:
“Arrepentíos: que el reino de los cielos se ha acercado.” (Mat 4.17). En el Sermón de la Montaña dice:
“Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mat. 5.3). Pobres en espíritu es una expresión muy enigmática, que ha sido siempre erróneamente interpretada y ha dado pábulo a las más increíbles tergiversaciones de las ideas de Cristo.
“Pobres en espíritu” desde luego no significa débiles en espíritu, y ciertamente no significa pobres, es decir, desposeídos en el sentido material. En su verdadero significado estas palabras encierran la idea budista del despego de las cosas. Un hombre que por la fuerza de su espíritu se hace a si mismo despegado de las cosas, por así decirlo, se priva de ellas, es decir, cuando las cosas tienen para él tan poco significado como si no las hubiera tenido y no hubiera sabido de ellas, es pobre en espíritu.
Este despego es una condición necesaria para acercarse al esoterismo o al Reino del Cielo. Más adelante Jesús dice: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mat. 5.10).
Esta es la segunda condición. Un discípulo de Cristo debe esperar ser “perseguido por causa de la justicia.”
Los hombres del “círculo exterior” odian y persiguen a los hombres del “círculo interior”, particularmente a aquéllos que tratan de ayudarlos. Y Jesús dice: “Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
“Gózaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” (Mat. 5.11,12).
“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.” (Juan 12.25).
“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán.” (Juan 15. 18-20).
“Os echarán de las sinagogas; y aún viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios.” (Juan 16.2).
Estos pasajes subrayan muy claramente la inaccesibilidad de las ideas esotéricas para la mayoría, para la multitud. “Todos estos pasajes prevén muy definidamente los resultados de la predicación del Cristianismo. Pero generalmente ésto se entiende como si se refirieran a las persecuciones por la predicación del Cristianismo entre los paganos, cuando en realidad Jesús se refería a las persecuciones por la predicación del Cristianismo esotérico entre los seudocristianos, o a los esfuerzos de conservar las verdades esotéricas dentro de un Cristianismo eclesiástico que poco a poco se corrompía más.
Justos pasajes subrayan muy claramente la inaccesibilidad de las y del camino que lleva a él, y subraya claramente la diferencia entre los valores esotéricos y los valores terrenales.
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan; Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no miran ni hurtan; Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mat. 6.19, 20, 21, 24, 33).
Estos pasajes son entendidos también demasiado simplemente, en el sentido de la oposición de los deseos terrenales de propiedades y poder al deseo de la salvación eterna. Jesús fue mucho más sutil que eso, y, al prevenir contra el amasamiento de tesoros en la tierra, en realidad prevenía contra las formas religiosas externas y la piedad externa y la santidad externa, que más tarde se convirtieron en el objetivo del Cristianismo eclesiástico.
En el capitulo siguiente Jesús habla de la necesidad de salvaguardar las ideas del esoterismo y de no divulgarlas sin discriminar, ya que hay gentes para quienes estas ideas son en esencia inaccesibles, y que a la medida en que puedan entenderlas las deformarán inevitablemente, harán un uso equivocado de ellas y las volverán contra quienes tratan de hacerles comprender estas ideas.
“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.” (Mat. 7.6).
Pero inmediatamente después de ésto. Jesús hace ver que el esoterismo no está oculto para aquéllos que realmente lo buscan.
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? Y si le pidiere un pez, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mat. 7.7-11).
Sigue después una advertencia muy significativa. Según ella es mejor no entrar en el camino del esoterismo, es mejor no principiar la tarea de la purificación interna, que principiarla y abandonarla, levantar y tirar, o principiar correctamente y luego tergiversar todo.
“Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré a mi casa de donde salí. Y viniendo, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.” (Lucas 11. 24-26).
Esto también puede referirse al Cristianismo instituido en iglesias, que puede representar una casa barrida y adornada.
Y más adelante Jesús habla de la dificultad del camino y de la posibilidad de los errores. “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mat 7. 13, 14 & 21).
Aquí se llama “vida” al esoterismo. Esto es particularmente interesante en comparación con otros pasajes, que hablan de la vida ordinaria como “muerte” y de los hombres como los “muertos”.
En estos pasajes se puede ver la relación entre el círculo interno y el circulo externo, es decir, se puede ver cuan grande es uno, el externo, y cuan pequeño es otro, el interno. En otro lugar Jesús dice que el “pequeño” puede ser mayor que el “grande”. “Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué parábola le compararemos? Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; Pero después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.” (Marcos 4. 30-32).
El capitulo siguiente habla de la dificultad de acercarse al esoterismo y del hecho de que el esoterismo no brinda beneficios terrenos y algunas veces incluso se opone a las formas y a las obligaciones mundanas.
“Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré a donde quiera que fueres. Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza. Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre a mi padre. Y Jesús le dijo: Sigúeme; deja que los muertos entierren a sus muertos.” (Mat. 8. 19- 22).
Al final del capítulo siguiente se hace mondón de la gran ayuda que los hombres necesitan del círculo interno, y de la dificultad de ayudarlos.
“Y viendo a las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” (Mat. 9. 36-38).
En el siguiente capítulo se dan instrucciones a los discípulos sobre aquéllo en lo que debe consistir su trabajo.
“Y yendo, predicad diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.” (Mat. 10.7).
“Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados.” (Mat. 10.27).

Pero inmediatamente después de esto Jesús agrega que la enseñanza del esoterismo da resultados completamente diferentes de aquellos que, desde el punto de vista de la vida ordinaria, los discípulos pueden esperar. Jesús explica que por su predicación de la doctrina esotérica él ha traído a los hombres todo menos paz y tranquilidad, y que la verdad divide a los hombres más que cualquier otra cosa, porque, también, sólo unos cuantos pueden recibir la verdad.
“No penséis que he venido para meter paz en la tierra; no he venido para meter paz, sino espada. Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama padre o madre más que a mi, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.” (Mat. 10-34-37).
El último versículo expresa la idea budista de que el hombre no debe tener “apego” por nadie ni por nada. (“Apego” en este caso no significa de ningún modo “simpatía” o “afecto” en el sentido en que estas palabras se usan en el lenguaje moderno). “Apego” en el sentido budista (y en el evangélico) de la palabra significa un sentimiento pequeño, egoísta y servil. Esto no es “amor” de ninguna manera, ya que un hombre puede odiar aquéllo a lo que está vinculado, puede tratar de libertarse y no poder hacerlo. El “apego” a las cosas, a las gentes, aun al propio padre y a la propia madre, es el principal obstáculo en el camino que conduce al esoterismo.
Más adelante esta idea se subraya todavía más.
“Y vinieron a él su madre y hermanos; y no podían llegar a él por causa de la multitud. Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte. El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.” (Lucas 8. 19-21).
Después de ésto Jesús empieza a hablar del Reino del Cielo en parábolas. La primera es la del sembrador.
“Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió a sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra. Mas saliendo el sol, se quemó; y secóse porque no tenia raíz. Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron. Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta. Quien tiene oídos para oir, oiga.” (Mat. 13.3-9).
Esta parábola, que contiene una descripción completa y exacta de la predicación del esoterismo y de todos sus posibles resultados, y que guarda una relación directa con la predicación del mismo Cristo, es casi la más importante de todas las parábolas.
El significado de esta parábola es bien claro. Se refiere, desde luego, a las ideas esotéricas, a las ideas del “Reino del Cielo”, que son recibidas y comprendidas sólo por unos cuantos y que para la inmensa mayoría desaparecen sin dejar ninguna huella. Y esta parábola termina también con las palabras “quien tiene oídos para oír, oiga.” En la plática siguiente con los discípulos Jesús señala la diferencia que hay entre los discípulos y los que no lo son.
“Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido.” (Mat. 13. 10, 11).
Aquí principian las explicaciones que se refieren a la “escuela” y a los métodos de escuela”. Como se verá después, mucho de lo que se dice en el Evangelio iba dirigido solamente a los discípulos y tiene significado sólo en una escuela, y sólo en conexión con los otros métodos y necesidades de la escuela.
En relación con esto Jesús habla de una ley psicológica y posiblemente cósmica, que parece incomprensible sin explicaciones, pero las explicaciones no son expuestas en el Evangelio, aun cuando por supuesto fueron dadas a los discípulos.
“Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado.” (Mat. 13-12).
Luego Jesús vuelve a las parábolas, es decir, a la idea de las parábolas.
“Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.” (Mat. 13-13).
Y lo mismo en San Lucas:
“A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.” (Lucas 8.10).
“Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.” (Isaías 6.10; Juan 12.40).
“Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan... Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oír lo que oís, y no lo oyeron.” (Mat. 13.15-17).
La enseñanza por parábolas era un rasgo característico de Cristo. Renán encuentra que en la literatura del Judaísmo no había nada que pudiera servir como modelo para esta forma.
Escribe Renán:
“Es sobre todo en la parábola en donde el maestro sobresale. Nada en el Judaísmo le había dado el modelo de este género delicioso. Fue él quien lo creó.”
“C´est surtout dans la parábolo que le maitre excellait. Ríen dans le Judaismo ne luí avait donné le modele de ce genre délicieux. C’est lui qui l’a creé.” (Vie de Jesus, par E. Renan (Nelson Editeurs), pag. 116).
Después, con la sorprendente inconsecuencia que caracteriza a todo el pensamiento “positivista” del siglo XIX, y particularmente al mismo Renán, éste agrega:
“Es verdad que en los libros budistas se encuentran parábolas exactamente del mismo tono y de la misma factura que las parábolas evangélicas. Pero es difícil admitir que una influencia budista se ejerció en éstas.”
“II est vrai qu’on trouve dans les livres boudhiques des parábolos exactement du méme ton et de la méme facture que les parábolos évan-geliques. Mais il est diffícile d’admettre qu’une influence bouddhique se soit exercée en ceci.”
En realidad, la influencia budista en las parábolas está más allá de toda duda. Y las parábolas, más que cualquier otra cosa, demuestran que Cristo estaba familiarizado con el pensamiento oriental, y especialmente con el Budismo. Renán trata generalmente de presentar a Cristo como un hombre muy ingenuo, que sentía mucho, pero que pensaba y que sabía poco. Renán no era sino la expresión de su propia época y de los puntos de vista de su tiempo. La cualidad característica del pensamiento europeo es que nosotros sólo podemos pensar en extremos. Por la misma razón somos incapaces de darnos cuenta de las sutiles distinciones psicológicas que Cristo introduce en sus parábolas y en las explicaciones de éstas.
Las explicaciones que Cristo da de las parábolas a sus discípulos no son menos interesantes que las parábolas mismas.
“Oíd, pues, vosotros la parábola del que siembra: Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.
“Mas no tiene raíz en si, antes es temporal: que venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende. Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo, y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.” (Mat. 13. 18-22).
Luego viene la parábola de la cizaña:
“Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo; Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.
“Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña. Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Y él les dijo: Un hombre enemigo mió ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?
“Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.” (Mat. 13. 24-30).
La parábola del sembrador y la de la cizaña tienen muchos significados diferentes. En primer lugar, desde luego, expresan el contraste de las ideas esotéricas puras con las ideas entremezcladas con la “cizaña” sembrada por el diablo. En este caso los granos o semillas significan ideas.
En un lugar dice Cristo:
“El que siembra es el que siembra la palabra.” (Marcos 4.14).
En otros casos la semilla o grano simbolizan al hombre. El “grano” jugó un papel muy importante en los antiguos Misterios. La idea del “entierro” del grano en la tierra, su “muerte” y “resurrección” en la forma de un retoño verde, simbolizaba toda la idea de los Misterios. Hay muchas ingenuas tentativas seudo-científicas para explicar los Misterios como “mitos agrícolas”, es decir, como una supervivencia de antiguos ritos “paganos” de un primitivo pueblo agricultor. En realidad la idea era infinitamente mucho más amplia y profunda y fue concebida realmente no por un pueblo primitivo, sino por una de las civilizaciones pre-históricas extinguidas hace mucho tiempo. El “grano” representaba alegóricamente al “hombre”. En los Misterios que se celebraban en Eleusis, cada uno de los candidatos para la iniciación llevaba, en una procesión especial, un grano de trigo en una pequeña escudilla de barro. El secreto que se revelaba a un hombre en la iniciación estaba contenido en la idea de que el hombre puede morir como un simple grano o puede surgir otra vez en alguna otra forma viviente. Esta era la idea principal de los Misterios, que era expresada por varios símbolos diferentes. Cristo hace uso con frecuencia de la misma idea, y hay una enorme fuerza en ella. La idea contiene una explicación biológica de todas las series de los intrincados y complejos problemas de la vida. La naturaleza es extraordinariamente generosa, casi pródiga, en sus métodos. Crea una enorme cantidad de semillas para que sólo unas cuantas germinen y puedan sobrevivir. Si se mira al hombre como un grano, la “cruel” ley de que continuamente se habla en la enseñanza evangélica, de que la mayor parte de la humanidad no es sino “paja” que habrá de quemarse, se hace comprensible.
Cristo vuelve frecuentemente a esta idea, y en sus explicaciones la idea pierde su crueldad, porque se pone claro que en la “salvación” o “perdición” de todo hombre no hay nada preordenado o inevitable, que tanto la una como la otra dependen del hombre mismo, de su propia actitud hacia sí mismo, hacia los demás hombres y hacia la idea del Reino de los Cielos.
En subsecuentes parábolas Cristo subraya nuevamente la idea y el significado del esoterismo en relación con la vida, la escasa magnitud externa del esoterismo en comparación con la vida, así como las extraordinarias posibilidades y la inmensa significación del esoterismo y la especial característica de las ideas esotéricas: que sólo están al alcance del que comprende y valoriza su significado.
Estas breves parábolas acerca del Reino de los Cielos, cada una de las cuales expresa el contenido entero de la doctrina evangélica, son notables aún desde el solo punto de vista de obras de arte.
“Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de todas las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
“Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo. Todo esto habló Jesús por parábolas a las gentes, y sin parábolas no les hablaba: Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
“También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante que busca buenas perlas; que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces: La cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.” (Mat. 13. 31-34, 44-48)
En la última parábola se encuentra otra vez la idea de la separación, la idea de la selección.
Más adelante Cristo dice:
“Así será al fin del siglo (del mundo): saldrán los ángeles y apartarán a los malos de entre los justos. Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
“Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Si, Señor.” (Mat. 13. 49-51).
Pero parece que los discípulos no entendieron bien, o entendieron algo equivocadamente, confundieron la nueva interpretación con la antigua, porque Cristo les dijo luego:
“Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mat 13.52).
Esto se refiere al estudio intelectual de las enseñanzas evangélicas, a tentativas de interpretaciones racionales, en las que los elementos de las ideas esotéricas se encuentran mezclados con la estéril dialéctica escolástica, lo nuevo con lo viejo.
Las siguientes parábolas y enseñanzas contienen un desarrollo de la misma idea de selección y prueba; sólo el hombre que cree dentro de si mismo el Reino de los Cielos con todas sus normas y leyes puede entrar al Reino de los Cielos de Cristo.
“Por lo cual, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Mas a éste, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y a su mujer e hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.
“Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor, movido a misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda. Y saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía den denarios, y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces el consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso; sino fue, y le echó en la cárcel hasta que le pagase la deuda. Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon a su señor todo lo que había pasado.
“Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: ¿No te convenía también a tí tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de tí?
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.” (Mat. 18. 23-34).
Sigue después la historia del mancebo rico, de las dificultades y las pruebas, de los obstáculos que presenta la vida, de los atractivos de la vida, del poder de la vida sobre los hombres, especialmente sobre aquellos que tienen, muchas posesiones.
“Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?
“Dícele Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dale a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven, sígueme.
“Y oyendo el mancebo esta palabra, se fue triste, porque tenia muchas posesiones.
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos.
“Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Mat. 19. 20-24).
“Rico” tiene también, desde luego, muchos significados diferentes. En primer lugar, contiene la idea de “apego”, algunas veces la idea de conocimientos vastos, de mente poderosa, de gran talento, posición, fama. Todos los que tienen estos atributos, son “ricos” que cierran la entrada al Reino de los Cielos. El que está apegado a una religión de iglesias es también “rico”. Sólo al “hombre rico” que se haga “pobre de espíritu” se abrirán las puertas del Reino de los Cielos.
Los pasajes del Evangelio de San Mateo que siguen tratan de las diferentes actitudes hacia las ideas esotéricas.
Algunas gentes logran comprenderlas, pero pronto las abandonan; otras se resisten al principio, pero después las toman seriamente. Estos son dos tipos de hombres. Un tipo de hombre es el que dice que va y no va, y el otro es el que dice que no va y va. Y en ocasiones, gentes que fracasan en la vida, o que ocupan una posición muy baja en la vida, aun gentes criminales desde el punto de vista de la moral común, “los publícanos y las rameras”, son mejores bajo el punto de vista del Reino de los Cielos que los virtuosos hombres seguros de si mismos.“
Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
“Y respondiendo él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido fue. Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él dijo: Yo, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dicen ellos: El primero. Diceles Jesús: De cierto os digo, que los publícanos y las rameras os van delante al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publícanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo ésto, no os arrepentisteis después para creerle”. (Mat. 21. 28-32).
Luego sigue la parábola de los agricultores y su explicación, en la que se perciben grandes ideas de orden cósmico, que posiblemente se refieren a la sucesión de ciclos, es decir, a la substitución de un experimento infructuoso por otro experimento nuevo. Esta parábola puede referirse a la humanidad entera y a la relación entre el círculo interno y el círculo externo de la humanidad.
“Oíd otra parábola: Fue un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos.
“Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.
“Mas los labradores, tomando a los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió de nuevo a otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad. Y tomado, le echaron fuera de la viña y le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Dícenle: A los malos destruirá miserablemente, y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos.” (Mat. 21. 33-41).
Después sigue la misma idea de la selección y la de las diferentes actitudes de los hombres hacia la idea del Reino de los Cielos.
“El reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo; Y envió a sus siervos para que llamasen a los llamados a las bodas; mas no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está. prevenido: venid a las bodas.
Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; Y otros, tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron. Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas y puso fuego a su ciudad.” (Mat. 22. 2-7).
Luego sigue la parábola de los que están preparados y los que no están preparados para el esoterismo.
“Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.
“Id pues a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos hallareis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.

“Entonces el rey dijo a los que servían: Atadlo de pies y de manos, tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.” (Mat. 22. 8-14)
Después sigue una de las parábolas más conocidas, la de los talentos:
“Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes. Y a éste le dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos.
Y el que había recibido cinco talentos se fue, y granjeó con ellos, e hizo otros cinco talentos.
Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.
Mas el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos e hizo cuentas con ellos.
Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.
Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.
Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
“Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; Y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo. Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabias que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;
“Por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura. Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque a cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aún, aún lo que tiene le será quitado.
“Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mat. 25. 14-30).

Esta parábola contiene todas las ideas relacionadas con la parábola del sembrador, y además la idea del cambio de ciclos y de la destrucción del material nocivo.

jueves, 20 de marzo de 2008

Simbología Mística de Pascua

La Vida es una escuela, y a través del aprendizaje de sus muchas lecciones, la humanidad
está evolucionando lentamente desde una Chispa Divina hasta la Divinidad. Si hubiéramos
aprendido las lecciones como nos fueron dadas, no hubiera habido necesidad del gran
sacrificio que fue hecho y es hecho anualmente por el Espíritu de Cristo, la Encarnación del
Amor. A través del egoísmo, la desobediencia a la ley de las prácticas malas, nosotros
habíamos cristalizado no solamente nuestros cuerpos, sino también la Tierra en que
vivimos, a tal grado que como medios de la evolución habían llegado a se completamente
inútiles. Cuando nada podía salvarnos de los resultados de nuestros propios errores, el
Compasivo Cristo se ofreció a Si Mismo, y Su gran poder de Amor para romper las
cristalizadas condiciones de los cuerpos humanos y de la Tierra, y El no abandonará la
Tierra en la Pascua, hasta que haya dado de Si Mismo hasta lo sumo. Durante tres años El
enseñó a la humanidad por la palabra, por el precepto y por el ejemplo.
Cuando fue crucificado en el Gólgota , Su gran Sacrificio por la humanidad recién había
comenzado. Cada año, desde entonces, para el 21 de setiembre cuando el Sol pasa por el
signo zodiacal de Virgo al signo de Libra, el Espíritu de Cristo, al retornar a la Tierra, toca
nuestra atmósfera, El inicia esta jornada descendente alrededor del 21 de junio, en el
Solsticio de verano, cuando el Sol entra en Cáncer, llega al centro de nuestra Tierra en la
medianoche del 24 de diciembre. Allí permanece por tres días y luego comienza a salir.
Esta salida se completa en la época de Pascua.
Desde la Pascua hasta el Solsticio de verano,
El pasa a través de los mundos superiores, y llega al Mundo del Espíritu Divino, el Trono
del Padre, el 21 de junio. Durante julio y agosto, mientras el Sol está en Cáncer y Leo, El
está reconstruyendo Su Espíritu de Vida, vehículo que traerá de nuevo al mundo y con el
cual rejuvenecerá la Tierra y los Reinos vivientes que están evolucionado dentro y sobre
ella. De la Navidad hasta la Pascua, El da de Si Mismo sin límite o medida imbuyendo la
Vida no solo en las durmientes semillas sino en todo lo que está alrededor, sobre y dentro
de la Tierra.
Sin esta anual infusión de Vida y Energía Divinas, todas las cosas vivientes sobre nuestra
Tierra pronto perecerían, y todo progreso ordenado se frustraría por lo que respecta
nuestros presentes lineamientos de desarrollo, Esta actividad germinal de la Vida del Padre,
traída a nosotros por el Cristo y liberada completamente en la época de la Pascua, es la que
inicia un crecimiento renovado y una actividad aumentada en la planta, el animal y el
hombre en esta particular estación del año.
El Cristo no abandona la Tierra para la Pascua hasta que se haya dado de Si al máximo. Es
entonces que la infusión de su Vida juntamente con los casi verticales rayos del Sol, hace
que crezcan las semillas, que florezcan los árboles y los pájaros dirigidos por sus Espíritus
Grupos, que apareen y construyan sus nidos. La humanidad es fortalecida e imbuida con la
necesaria energía y coraje para enfrentar, sacar provecho y crecer por los embates con los
diversos y perplejos problemas de la vida.


EL CRISTO COSMICO
A los iluminados la Pascua trae una profunda comprensión del hecho que todos los seres de
la humanidad son peregrinos sobre la Tierra, que el verdadero Hogar del espíritu está en el
Reino de los Cielos y que para alcanzar ese Reino todos deberíamos esforzamos en
aprender las lecciones en la “escuela de la vida”, tan pronto como sea posible para que
puedan buscar el amanecer de un día que los libere para siempre de las ligaduras de la
Tierra. Entonces, al igual que el Cristo Liberado, ellos llegarán a la comprensión de esa
gloriosa inmortalidad que es la recompensa del Espíritu perfecto.
Para los iluminados, la Pascua simboliza el amanecer de un grato día, cuando toda la
humanidad y también el Cristo sean liberados permanentemente del agobiador
confinamiento de la materialidad y ascenderán a los Reinos Celestiales para ser Pilares de
Fuerza en la Casa del Padre, de la cual nunca saldrán jamás.

Tomado del Prólogo a"La Interpretación Mística de Pascua" de Max Heindel

lunes, 17 de marzo de 2008

Reflexión sobre de las siete palabras.

Y a la hora novena Jesús clamó con gran voz, diciendo:"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"Y mientras se repartían las ropas de Jesús, echando suertes él dijo:"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"Y dirigiéndose al buen ladrón, Jesús le dijo:"De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso"Y vio Jesús a su madre, que estaba junto al discípulo amado y le dijo:"Mujer, he ahí a tu hijo" Y dirigiéndose al discípulo, le dijo:"He ahí tu madre"Y sabiendo Jesús que ya estaba todo consumado, dijo, para que la escritura se cumpliese:"Tengo sed"Y por último, cuando Jesús hubo tomado el vinagre, le dijo:"Padre en tus manos encomiendo mi espíritu; todo se ha consumado"
Las siete palabras son el Misterio de la semana Santa: Un motivo para reflexionar en las Siete Voces de los Elohim que auxilian al Padre, Señor y Creador del Reino.
Estas palabras provienen de la lectura de los Evangelios que nos sintetizan los siete grandes momentos de reflexión en el interior de cada uno de nos:
1. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.
2. En verdad te digo: Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso.
3.¡Mujer he ahí a tu hijo! Hijo, he ahí a tu madre¡
4.Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?
5. Tengo sed¡
6.Todo está consumado.
7. Padre, en tus manos entrego mi espíritu¡

1.-La primera palabra es Perdón, el cual merecemos debido a la inconciencia de vivir encadenados por la ignorancia. Porque el que está prisionero del EGO O MÍ MISMO, nada sabe ni de sí mismo ni de lo demás.
2.-La segunda palabra es Bienaventuranza: Unicamente el Bienaventurado que encarna esas beatitudes ante los pies del Padre como su verdadero hijo, merece entrar en el Paraiso.
3.-La Madre Divina encabeza a la tercera palabra: Iniciación. La DIVINA MADRE puede Iniciarnos y entregarnos las bienaventuranzas de vivir autorrealizados plenamente.
4.-El Padre Divino, nos deja en Soledad. El Padre nos prueba ante todo la fidelidad y el amor . La cuarta palabra es PRUEBA, la ciencia del Probistmo.
5.-La quinta palabra está simbolizada por la Sed. En tanto el Ser humano no tenga en sí la Sabiduría será un hombre sediento de conocer la verdad y la luz. Sabiduría es la quinta palabra.
6.-La Sexta palabra es la Gran Obra. Al consumar la Gran Obra en el trabajo alquimico, la vía seca que da sed hace difícil la llegada del Iniciado hacia la piedra filosofal.
7.-La séptima palabra es LIBERTAD. El Ser se fusiona con el INICIADO y forman una sola fuerza. OMNIA IN DUOBUS, DUOS IN UNOS, UNOS IN NIHILO.
Cada palabra es una cátedra para la conciencia.

Por tus siete palabras despeñado
corre, río de amor, hasta mi hondura
la voz que, descendiendo de la altura,
viene a regar mi huerto deshojado.

Sólo siete palabras. Un alado
y celestial revuelo sin presura:
siete castas palomas. Abandonado
no me dejes, Señor, y, con tu acento,
hazme callar el impaciente grito
pendiente de un silencio y un sudario.

Las siete para mí. Las siete, viento
que me lleve contigo al Infinito.

Las siete, en mi perfecto diccionario.

Rafael Fernández Pombo
Colaboración: Dra. Elena Bonilla

domingo, 16 de marzo de 2008

Introducción al Simbolismo de la Semana Santa


La Semana Santa se celebra durante el Primer Plenilunio de Primavera.De acuerdo a la Mecánica Celeste esto es así por completo: La entrada de la Primavera esta definida por la fecha del 21 de Marzo (Equinoccio de Primavera, en el día en que la noche es igual al período diurno), y de acuerdo a la misma mecánica, al cabo del año, se cuentan casi 13 lunaciones, que no se podrán repetir por estar dividido el año en 12 meses. Así que, siguiendo el Calendario Lunar, observamos que la luna llena de Marzo puede darse poco antes del 21, entonces la Semana Santa será a mediados o finales de abril; si cayese a primeros de Marzo, será el siguiente plenilunio, es decir a primeros de Abril o incluso a finales del mismo Marzo, como ocurrirá en 1997.

Pensemos ahora en el por qué cuando se acordó todo esto en el Concilio de Nicea (325 d. J.), aparentemente, se convierte una cuestión puramente astro-nómica, es decir relacionada con el viaje estelar de la tierra dentro de su órbita, en una cuestión religiosa, fijándose el Domingo de Pascua como el Domingo siguiente después de la primera Luna Llena de Primavera.

A este respecto, ya hemos dicho en pasados artículos relacionados con este tema y el de la Navidad, que gracias a que el Cristianismo floreciente revestía los Principios Religiosos Vivientes del Paganismo decadente, justamente para que estos principios no se perdiesen, las fiestas que se celebraban desde la antigüedad en conmemoración, de los acontecimientos solares y celestes o terrestres, y a la vez también del Drama Crístico, del Niño Sol, representado en los mismos movimientos estelares, continuaron siendo festejados en la Nueva Religión, no tan sólo, como a veces se piensa, como simple estrategia para ganar adeptos, sino para que a través de la tradición se conservase la Sabiduría Oculta. Ni en el presente, ni en el pasado, han sido estas fechas escogidas al azar, o hechos casuales y aislados, antes por el contrario, son la más profunda estructuración y relación entre el hombre y el Cosmos, por lo que ellas, como la de la Natividad, los Reyes, y la misma Semana Santa, etc., vienen a constituirse como un acontecimiento Cósmico, Solar y Humano a la vez.

Por otra parte, aunque la “era cristiana” (nuestro calendario) no se propuso hasta el año 532, cuando Dionisio Exiguos estableció el nacimiento de Jesús de Nazareth el 25 de Diciembre del año 753 de los Romanos (para algunos 750), este hecho no es casual. Primero porque Jesús el Gran Kabir, no nació en Diciembre sino en Marzo (era Pisciano, tal como puede deducirlo cualquier estudiante de astrología hermética) y porque como ya anotamos, las fiestas paganas relacionadas con el Solsticio de Invierno y el nacimiento del Niño Sol, ce celebraban por esas fechas con grandes hogueras en la cumbres de las montañas.

De igual manera, la Semana Santa coincide con las fiestas celebradas desde la antigüedad en honor de los Cuatro Elementos (Tierra, Agua, Aire y Fuego) y de la Fertilidad que se realizaban en el Equinoccio de Primavera (21 de Marzo). Es en esta Cruz Equinoccial donde la Fuerza Solar del astro que nos ilumina debe crucificarse, para que madure la fruta, para que fructifique el grano. Es en esta Cruz de los Elementos donde la Fuerza del Logos Solar (el Cristo Intimo en nosotros) debe crucificarse, para que madure la simiente y fructifique el Hijo del Hombre, y reconquiste su antigua Estirpe Solar, celebrando así su Semana Santa Interior.


La Última Cena es una ceremonia mágica de inmenso poder. Algo muy similar a la arcaica ceremonia de la Hermandad de la Sangre. La tradición de esta hermandad dice que si dos o más personas mezclan su sangre entre una copa y luego beben de ella, quedan hermanados eternamente por la sangre. Los vehículos astrales de estas personas se asocian entonces íntimamente para toda la eternidad. Los apóstoles trajeron cada uno entre su copa, gotas de su propia sangre, y vaciaron estas gotas entre el cáliz del Cristo Jesús. En ese cáliz el Adorable había echado también su sangre real. Así, entre el Santo Grial, se mezcló la sangre del Cristo Jesús con la sangre de sus discípulos.


Cuenta la tradición, que Jesús también les dio a comer a sus discípulos, partículas infinitesimales de su propia carne. “Y tomando el pan, habiendo dado gracias, lo partió, y les dio diciendo: “Este es Mi Cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de Mí”. “Así mismo también el vaso, después que hubo cenado diciendo: Este pacto es el nuevo pacto en mi Sangre, que por vosotros se derrama”. Así se firmó el pacto. Todo pacto se firma con sangre. El Astral del Cristo Jesús quedó asociado, unido a sus discípulos y a toda la humanidad, por el pacto de sangre.


La Semana Santa es la más santa de todas las semanas, porque es la Semana en la que tiene uno que vivir el Drama Cósmico, y cada día de esos equivale a largos períodos de trabajo. Pero, al fin y al cabo, la Gran Obra se resume siempre simbólicamente, en el "Libro de Job", a ocho días. Los ocho años de Job son el summum, el extracto de sí, pero en conjunto la Gran Obra se resume en Ocho Días, en Ocho Años totalmente, junto con la Resurrección y todo, es decir, la Semana Santa puede durar muchos años.

Referencias:

Figuras:
1.-La Entrada de Cristo en Jerusalen es la representación de la triunfante entrada del Cristo Ïntimo en la Jerusalén del Corazón montando el asno (simbolismo de la mente bajo el dominio del Ser)
2.-Pilato simbólicamente representa la Mente que traiciona y entrega al Cristo Intimo. Se lava las manos con razonamientos y justificaciones de todo tipo, y entrega a Dios al poder de los egos (el populacho) que prefiere a Bar Abbas (el pecado) diciendo "Ecce Homo"